Confianza

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Había anochecido hacía poco más de dos horas, y todo seguía igual. La tensión se acumulaba en ellos, mientras esperaban algún movimiento por parte de los mercenarios. El aire soplaba, frío, anunciando la tormenta. Obi y los demás permanecían estáticos, listos para el ataque. Comenzaban a estar impacientes, y eso hacía que cada vez les costara más mantenerse ocultos.

-Deberíamos ir ya.- Murmuró Josumi.

-Aún no. Nuestra misión es encontrar al asesino, y si salimos ahora, todo se irá al traste.- Sentenció Isamu.

-Pero...

Un relámpago iluminó el cielo.

-¡Zen!

El grito de Mitsuhide zanjó la discusión. Todos tensaron sus cuerpos, listos para entrar en acción, cuando Zen, Kiki y Mitsuhide entraron en el claro. Estaban rodeados, y los superaban en número.

-¡Esperad!- Ordenó Isamu, paralizándolos.- Hay que esperar a que aparezca.

-Era una trampa.- Obi vio cómo Mitsuhide apretaba la mandíbula. Le estaba costando mucho no ir en su ayuda.

-Esto no pinta nada bien.

-Para nada... Nos estaban esperando.

La lluvia comenzó a caer, inundando el suelo y empapándoles.

-Sería más fácil para todos que os rindierais.- Kai tomó la palabra.

-¿Y qué pasará después? ¿Nos invitaréis a un té?- Isamu sonrió.

-Tiene agallas.- Le dijo a Obi, que mantenía la vista fija en su objetivo, y que dibujó una sonrisa de orgullo.

-Me caes bien, chico. Tienes agallas... Juventud, divino tesoro... Lástima que tendremos que matarte. No es nada personal.

Obi tensó los músculos de la mandíbula, y fue a saltar hacia delante, cuando el firme agarre de Isamu se lo impidió. Obi lo miró, mezcla entre confuso y enfadado.

-¿Y por qué no me lo parece?

-Aguanta.- Dijo Isamu apretando aún más el agarre.- Ya casi tenemos a ese hijo de puta, no la cagues al final.

-Tengo que ir a ayudarlos.

-No, tienes que esperar a que aparezca. Nosotros nos encargamos de ellos. ¡Confía!

Obi vio cómo sus compañeros le miraban, con una gran sonrisa.

-Vamos, no seas así. Para demostrarte que no es nada personal, mataré también a tus amigos. ¿Qué te parece?

El ataque comenzó.

-¡No dejaremos que les ocurra nada!

Con ese último grito, Isamu y los demás se lanzaron al campo de batalla. Obi apretó los dientes, y tras unos segundos de duda, decidió confiar en ellos.

-No la caguéis.- Dijo con los puños apretados.

El combate estaba igualado pese a la diferencia numérica. Se notaba que era la guardia personal de Izana, pero lo que realmente había sido decisivo, fue su ataque sorpresa. Todos los presentes parecían desconcertados, pero Zen, Kiki y Mitsuhide no desaprovecharon la oportunidad que les habían dado. Todos combatían ferozmente, moviéndose con dificultad y cubriéndose entre ellos.

-¡Príncipe Zen!- Isamu se colocó junto a él, tratando de repeler los ataques que se sucedían.

-¿Me conoces?- Demasiado bien gracias a Obi. Pensó.

La marca- Akagami no ShirayukihimeHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora