-Tomad.-Shirayuki repartió un ungüento entre todos.- Lo preparé anoche, frotaos bien las manos con eso y luego poneros los guantes, hará que las manos no se enfríen tan deprisa. También podéis poneros un poco en la cara, ayudará con el viento.
Todos siguieron sus indicaciones y montaron en los caballos, listos para partir. La ventisca que se formó durante la noche en la cumbre había bajado. El viento era fuerte y frío, y venía acompañado de agua nieve, que lo único que hacía era disminuir aún más rápido su temperatura corporal, pero debían seguir. Esa misma mañana se enteraron de que venía un frente que amenazaba con cerrar el puerto de montaña, y si se quedaban allí aislados no sabían cuándo podrían continuar su camino.
Los caballos avanzaban con dificultad, y sus jinetes no estaban mejor. Tiritaban, y el viento tampoco ayudaba para orientarse o incluso hablar. Shirayuki se notaba agarrotada, lo único que evitaba que tuviera hipotermia era el contacto con Obi, aunque le sabía mal absorber el poco calor que producía su cuerpo. Por no hablar que el espacio que sus manos dejaban entre el abrigo y su camiseta era una pérdida de calor constante.
-Obi.- Gritó para oírse por encima del viento.
-¿Qué ocurre señorita? ¿Se encuentra bien?-Preguntó preocupado.
-Creo que deberíamos parar, necesitáis entrar en calor.
-¿Y qué hay de usted señorita? ¿Puede aguantar?
-Sí, me paras el viento y además das calor, pero aun así estoy congelada. Debéis estar al límite.
Obi lo pensó por un momento. Lo cierto es que hacía demasiado frío, y el agua nieve solo lo empeoraba todo. Shirayuki tenía razón, era peligroso seguir ascendiendo de aquella manera. Tardarían más, pero debían hacer paradas para recuperar el calor o sería peligroso.
Con una patada, espoleó a su caballo, que se puso a la par de Zen.
-Maestro- gritó por encima del ruido- debemos parar y entrar en calor.
-Lo sé, pero no sé dónde hacerlo.- Zen se veía desesperado, llevaba mucho rato pensando en ello, pero la ventisca hacía imposible ver nada a su alrededor, y salirse del camino podía ser peligroso.
-Déjemelo a mí maestro.
Antes de que Zen pudiera decir nada, Obi llevó a Shirayuki con Mitsuhide, y le dio las riendas de su caballo a Kiki.
-Esperadme aquí, si en media hora no he vuelto, seguid adelante y buscad un sitio donde cobijaros. Os encontraré.-Y una vez más, desapareció antes de que ninguno de los presentes pudiera decir algo en contra de su idea.
Los minutos pasaban angustiosamente lentos, tanto por el clima como por su preocupación. Había que estar loco para salirse del camino, y más aún sin un caballo.
-Está tardando mucho.- Gimió Shirayuki mientras le castañeteaban los dientes.- ¿Cuánto tiempo lleva ahí fuera?
-Veinticinco minutos.- Murmuró Kiki también temblando.
-Esto ha sido una mala idea desde el principio.- Musitó Zen.- Tenemos que ir a buscarlo, no pienso dejarle aquí con este tiempo.
-¿Qué hacemos?- Preguntó Mitsuhide.
-¡Maestro!- Obi se apareció de la nada tras ellos. Era evidente que estaba congelado, pero no dijo nada.- He encontrado un sitio, seguidme.
Ya en la cueva, se apresuraron a encender un fuego.
-Siento haber tardado tanto, pero tenía que marcar el camino.- Dijo tiritando mientras se frotaba las manos intentando que entraran en calor.
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La marca- Akagami no Shirayukihime
FanfictionTras una serie de asesinatos en el norte de Clarines, Shirayuki se verá obligada a regresar de Lyrias parando su entrenamiento. Será entonces cuando los cinco emprendan un viaje para investigarlos, y lo que parecía una simple misión, se convertirá e...
