Obi avanzaba por el bosque en silencio. Si bien normalmente era más despreocupado a la hora de moverse, esta vez no quería dejar ningún rastro que le pudiera llevar a ellos, obligándolo a ser muy cauteloso. Aun así, se movía con agilidad entre los árboles, aprovechando cada rama y sin desperdiciar ningún movimiento, de manera que se desplazaba de forma fluida. De repente, un ruido le hizo detenerse en una de las ramas, ocultándose tras las hojas perenes llenas de nieve, preparado para atacar en cualquier momento. Un ciervo salió de detrás de unos árboles apartando con su hocico la nieve en busca de hierbas tiernas que pudiera comer. Obi suspiró relajando ligeramente su musculatura agarrotada por la tensión. Miró a su alrededor nuevamente, y de repente, descubrió algo de nieve fuera de lugar, junto a uno de los árboles. Sólo un ojo experto habría podido adivinar que esa nieve acababa de caer desde uno de los árboles, y que tal cantidad tan mínima sólo podía ser acción de alguien que no quiere ser encontrado. Si no hubiera sido porque esa nieve procedía de su propio paso, se habría alarmado y puesto a la defensiva, esperando por un ataque en cualquier dirección, pero en esta ocasión lo único que provocó fue que un pensamiento fugaz pasara por su cabeza. Un pensamiento aterrador. Un pensamiento que debió habérsele ocurrido mucho antes. Un pensamiento que podía significar haber cometido ese error que no se podía permitir.
Rápidamente dio la vuelta, moviéndose entre las ramas todo lo rápido que sus músculos le permitían. Esta vez no le preocupaba dejar un rastro, pues el asesino estaba en el pueblo.
Los pulmones le ardían, igual que sus brazos y piernas. El sonido sordo de su respiración sólo era tapado por el bombeo incesante y acelerado de su corazón. Había cometido un gran error, y debía llegar a ellos antes que él. Tras unos minutos que se le hicieron eternos, por fin pudo ver la línea de los tejados del pueblo, y junto con ellos, el sonido de la lucha llegó a sus oídos.
Un grito sordo seguido del ruido que un cuerpo produce al desplomarse alertó a todos los presentes, que no dudaron en desenvainar las espadas y formarse alrededor de Zen. Sin embargo, el hombre encapuchado fue más rápido, y logró derribar a tres antes de que pudieran defenderse. Los restantes le miraban atentamente, tratando de predecir su siguiente ataque. Era rápido, muy rápido, y su cuerpo a cuerpo estaba lejos del sentido común. Los únicos que conocían algo similar eran Zen, Mitsuhide y Kiki, y no estaban seguros de que Obi pudiera ganar contra él. De repente, el hombre se lanzó contra ellos a gran velocidad, desarmando y eliminando enemigos con gran facilidad. Los únicos que resistieron sus envites fueron el capitán de la Guardia, Owen, Kiki, Mitsuhide y Zen, quienes ya comenzaban a jadear.
Esta vez no le dejaron atacar primero, y de forma sincronizada se lanzaron contra él. Sus movimientos felinos le permitían salir fácilmente de situaciones que en condiciones normales habrían resultado en su derrota, y pese a no estar armado, era capaz de llegar hasta ellos esquivando sus espadas y propinándoles golpes demoledores en lugares muy concretos que les hacía perder la respiración o que su vista se nublara. Pero eso no era lo peor. Lo peor era que se estaba burlando de ellos. Podría haberlos matado si hubiera querido, pero se estaba recreando.
-Zen...- Murmuró Mitsuhide en guardia, sin dejar de mirar al hombre.
-Lo sé, debemos aguantar hasta que llegue...
-¿Kiki?
- Aún puedo aguantar, pero el capitán no puede moverse, y el tal Owen está muy grave. Está perdiendo mucha sangre, si no le atienden ya, morirá.
Mitsuhide hizo una mueca. Kiki sangraba por el labio, y tras el último golpe en las costillas le costaba respirar y mantenerse en pie.
El hombre se lanzó una vez más hacia ellos, pero esta vez, algo cambió. Sus ojos ahora pedían sangre. De la nada, sacó un puñal de tamaño considerable, pero fácil de blandir con una mano, encontrándose con la espada de Mitsuhide que logró parar el envite. Zen corrió en su ayuda, igual que Kiki, pero el hombre consiguió esquivar con facilidad sus espadas, lanzándose esta vez contra Kiki.
Cuando intentó esquivarlo, sus costillas no pudieron más, provocando un fuerte dolor agudo que la dejó sin aire e inmóvil, a merced del hombre, que logró asestarle un golpe con el mango del puñal en la nuca, haciendo que cayera inerte al suelo.
Mitsuhide no dudó, y se lanzó contra él, blandiendo su espada con ira, seguido de Zen. Ambos lanzaban golpes sin pausa y a un ritmo frenético, pero nunca eran capaces de herirle, como mucho lograban tocarle de vez en cuando. Finalmente, tras una acometida por parte de Mitsuhide, y debido al cansancio, dejó un hueco sin cubrir, que el hombre no dudó en aprovechar, hundiendo su puñal en el abdomen de Mitsuhide, y provocando que este cayera sobre sus rodillas. Estaba extenuado, su cuerpo no le respondía, y no podía dejar solo a Zen. Boqueando en busca de aire, dirigió su mirada a Kiki, que seguía en el suelo, y finalmente, su cuerpo no pudo más e hizo que cayera en el suelo a apenas dos metros de su espada.
El hombre se lanzó nuevamente a por Mitsuhide, dispuesto a rematarle, pero la espada de Zen le cortó el paso, haciéndolo retroceder. Mitsuhide aprovechó ese momento para tratar de llegar a su espada.
Zen, por su parte, inició una nueva ola de ataques contra el hombre encapuchado, pero la espada cada vez pesaba más, y sus movimientos se hacían lentos. El hombre aprovechó esto para intentar clavarle el puñal, pero Zen fue más rápido y sólo recibió un corte en el brazo. Sin embargo, aprovechó para asestarle un golpe en la boca del estómago, que hizo que Zen perdiera todo el aire de sus pulmones, doblándose sobre sí mismo, y recibiendo un rodillazo en la cara que le hizo caer hacia atrás lejos de su espada. Estaba completamente indefenso ante él.
Mitsuhide, viendo la escena, trataba de llegar hasta su espada, pero su cuerpo se lo impedía. La impotencia hacía que su rostro se volviera fiero. De repente, vio cómo el hombre cargaba contra Zen, dispuesto a acabar con él.
-¡Zen!- Gritó con todo lo que le quedaba en un vano intento por salvarlo.
De repente, un cuchillo surcó el aire, clavándose en el brazo del hombre, y haciéndolo retroceder rápidamente en guardia.
-Obi...- Pudo susurrar Mitsuhide aliviado de que hubiera llegado.- Llegas tarde...- Dijo contento de que estuviera allí y listo para recibir alguna respuesta ingeniosa o alguna broma por su estado, pero a cambio, sólo pudo ver los ojos de una bestia.
Aquella fue la primera vez que Mitsuhide consideró a Obi el hombre más peligroso de todos.
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La marca- Akagami no Shirayukihime
FanfictionTras una serie de asesinatos en el norte de Clarines, Shirayuki se verá obligada a regresar de Lyrias parando su entrenamiento. Será entonces cuando los cinco emprendan un viaje para investigarlos, y lo que parecía una simple misión, se convertirá e...
