-Necesitaba ese baño...- Suspiró Shirayuki aliviada de camino al comedor.
-Sí... creo que es la primera vez que noto mi cuerpo caliente desde que salimos del castillo.- Corroboró Kiki mientras empujaba la puerta del comedor.
Todos se giraron para mirarlas en silencio. Shirayuki no pudo evitar sentirse intimidada. Notaba como sus vistas se fijaban en ellas, escrutándolas, y no pudo evitar dar un paso hacia Kiki, quedando ligeramente tras ella. Kiki, por su parte, dio un vistazo lento y minucioso a la sala, y con gesto decidido empezó a avanzar lentamente con Shirayuki pegada a su espalda, encaminándose a una de las mesas del fondo.
-Con la que tenemos encima y ahora nos toca aguantar a dos mujeres...
Shirayuki se encogió en su asiento. No sabía quién lo había dicho, pero supo reconocer el tono de repugnancia, y no podía evitar sentirse muy pequeñita. Sin moverse demasiado, miró de reojo a Kiki, quien aguantaba estoicamente con su porte imponente. Su fortaleza mental era algo que Shirayuki siempre había admirado. Ser mujer no era fácil, y menos aún ser mujer en la Guardia Real, aunque nunca se había quejado ni había hablado sobre el tema.
-Yo tendría más cuidado con tus palabras.- Una voz conocida se coló en sus oídos, haciendo que reaccionara en el acto, encontrándolo rápidamente ente la muchedumbre, que seguía en silencio.- Una de ellas es la segunda ayudante del Segundo Príncipe de Clarines, y puedo asegurarte que enfadarla no es una buena idea... Y en cuanto a la otra, podría ser quien te salve la vida, así que procuraría no hacerla enfadar tampoco.
-¿Y tú quién cojones eres?- Se giró el hombre bruscamente con ira.
De repente, se encontró con unos ojos de gato que lo observaban directamente. No sabía de dónde había salido, y eso no le gustaba. Era un perro viejo, y sabía controlar perfectamente las entradas y salidas, pero él se le había escapado. Además, no podía evitar sentirse amenazado. Su instinto le decía que aquel hombre era peligroso, y no pudo evitar tensar su cuerpo listo para atacar en cualquier momento.
La tensión invadió el comedor en apenas unos segundos, provocando que muchos de los hombres se levantaran ligeramente de sus asientos, mirando fijamente a Obi. Shirayuki miraba expectante, con el corazón en un puño, y sólo desvió su mirada cuando Kiki empuñó su espada por debajo de la mesa, provocando que su respiración se acelerara y sus ojos se abrieran mezcla de miedo y sorpresa. La voz de Obi volvió a llamar su atención.
-¿Yo? No soy nadie.- Sonrió. Pero esta vez no era como siempre. Era una sonrisa desafiante, que provocó que el soldado se levantara y empuñara su espada.
-Ten cuidado muchacho, aquí las bromas de extraños se toleran poco.- Siseó furioso y apretando aún más la empuñadura de su espada.- Te he preguntado quién eres.
-El que te pateará el culo si vuelves a faltarles al respeto.
Su voz era ronca, amenazante, y sus ojos no auguraban nada bueno. Un escalofrío recorrió la espalda del soldado, que pudo notar como una gota de sudor se deslizaba por su cuello. Aquel tipo era peligroso.
-¡Owen! ¡Basta ya!- La voz del capitán recorrió el comedor, haciendo que todos dieran un respingo.
-¡Capitán!- El soldado reaccionó automáticamente a su voz, poniéndose firme, pero aún sin bajar la espada.
-Te he dicho que basta ya. Baja tu arma.- Siseó molesto.
-Este tipo no es de fiar...
-Este hombre ha venido expresamente desde Clarines para ayudarnos a rastrear al asesino, así que baja tu arma. Es una orden.- La última frase sonó imponente y enfadada, haciendo que Owen bajara su espada a regañadientes mientras miraba fijamente a Obi.
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La marca- Akagami no Shirayukihime
FanfictionTras una serie de asesinatos en el norte de Clarines, Shirayuki se verá obligada a regresar de Lyrias parando su entrenamiento. Será entonces cuando los cinco emprendan un viaje para investigarlos, y lo que parecía una simple misión, se convertirá e...
