Insomnio

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Shirayuki se movía en círculos por la habitación, enfadada consigo misma. Odiaba discutir con Zen, y más aún no hablarlo después, pero debido a los interrogatorios sólo podía esperar. Por otro lado, no dejaba de darle vueltas a todo lo que había pasado. Se había sentido impotente y muy pequeñita en el comedor, y era cierto que Obi no había actuado de la mejor de las maneras, pero sentía que haberlo regañado delante de aquel orangután lo único que había conseguido era quitarle la razón y permitir que aquel soldado se saliera con la suya. De repente, se dejó caer en una de las sillas, suspirando ofuscada mientras cruzaba los brazos.

-No debería fruncir el ceño, señorita, le saldrán arrugas.- Bromeó Obi desde la ventana haciendo que Shirayuki diera un respingo y lo mirara sobresaltada.

-¡Obi! ¿Qué haces aquí arriba? Te vas a matar.- Dijo con sorpresa al verlo en el alfeizar de la ventana sonriendo mientras se dirigía a él a toda prisa y le cogía de la manga para meterlo dentro.- Entra, o al final te acabarás cayendo.

-Señorita...- Escuchó la calmada voz de Obi, haciendo que dejara de mirar su manga y levantara la vista, encontrándose con sus ojos.

-¿Qué?- Preguntó algo avergonzada por tenerle tan cerca.

-¿Se da cuenta de que me está pidiendo que entre a su habitación?- Preguntó socarrón con una gran sonrisa. Shirayuki cayó en ese momento en la cuenta, y notó cómo su cara se volvía como su pelo, y ardía de la vergüenza, haciéndola retroceder ocultando su rostro mientras Obi reía sin parar.- No se preocupe, no me pasará nada.

-Estamos en un tercer piso- Respondió tratando de recobrar la compostura.- Y el alfeizar es muy estrecho.- Se defendió.

-Razón de más para que me escuche atentamente y me pueda bajar de aquí.- Sonrió ante la confusa mirada de Shirayuki.- ¿Qué le ocurre?

-Nada.- Respondió molesta girando sobre sus talones y dándole la espalda.

-¿Nada?

-Nada.

-Mmmmm... No es usual verla de mal humor durante tanto tiempo...Y más aún por una tontería.- Dijo arrastrando las palabras. Sabía que era la mejor forma de hacerla hablar.

-¿Cómo puedes decir que era una tontería?- Se giró otra vez con el ceño fruncido y los brazos cruzados.- Yo...

-Señorita,- le cortó Obi- el Maestro hizo lo que debía. Sabe de sobra la situación que hay aquí, fui yo el que se comportó como no debía.

-Pero...- Obi levantó la mano, interrumpiéndola nuevamente.

-Sé que no fue una situación agradable para usted ni para la señorita Kiki, pero si a mí me enfureció imagine cómo debían estar el Maestro y Mitsuhide...- Shirayuki abrió los ojos de golpe, y Obi sonrió. Había dado en el clavo. Se había sentido desprotegida.- Además, si no hubiera hecho eso, la situación habría sido muy mala. Así que no se preocupe por mí, y vaya a ver al Maestro. Conociéndolo estará buscándola.

-Aun así... no me gustó que te riñera delante de él.

-Hizo bien, y lo sabe. Así que vaya de una vez a hablar con él. Llevo media hora intentando investigar un poco por la zona pero sus constantes paseos y resoplidos no me dejan concentrarme.- Rio divertido.

Si bien al principio le había resultado gracioso, el no poder centrarse en su trabajo resultaba exasperante, hasta el punto de tener que ingeniárselas para llegar hasta un tercer piso donde los árboles no llegaban y haber estado a punto de caer varias veces. Pero eso ella no lo sabría. Además, odiaba verla así, y pese a todo, odiaba que el Príncipe y ella discutieran. Les quería más de lo que pensó que jamás podría querer a alguien.

La marca- Akagami no ShirayukihimeHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora