Ya habían pasado dos días desde el incidente de la probeta, y el ritmo de vida del castillo había ido aumentando. Por los pasillos se respiraba estrés, todo eran carreras y transporte de documentos de un lado para otro, y eso contagiaba al resto de personal del castillo, que sin quererlo realizaban sus actividades de forma frenética. Todo esto también era atribuible al departamento de herboristas, quienes además de seguir aún con el trabajo de catalogación y de reubicación, ahora también tenían que lidiar con un aumento de enfermos, ya que esas condiciones de trabajo habían provocado un aumento de lesiones y de enfermedades.
-Y con esto ya estará.- Dijo Shirayuki secándose la frente con la mano mientras acababa de inspeccionar el vendaje.- El esguince no era grave, pero ten cuidado los próximos días.- Sonrió al guardia.
-Muchas gracias Shirayuki-san.- Respondió con una sonrisa y un leve sonrojo.- Que tenga un buen día.
-Igualmente.
Shirayuki se dispuso a ordenar y recoger todo lo que había sacado para hacer el vendaje, cuando un grito surcó el cielo, entrando por la ventana.
-¡Obi!
Sin pensárselo dos veces, agarró el sobrante de vendas, y salió corriendo en dirección a los jardines, de donde procedía aquel grito. La voz era de Ryuu, y el hecho de que hubiera gritado así el nombre de Obi sólo podía significar un accidente.
-Por fin he terminado de clasificar estas hierbas...- Suspiró Ryuu incorporándose. Llevaba horas sentado en el suelo en la misma posición, y sus rodillas y espalda se quejaban.
-Te ha llevado mucho tiempo, pequeño Ryuu.- Obi se encontraba tumbado al lado, con los ojos cerrados disfrutando de los últimos días del otoño.
-Había mucho que hacer.- Se limitó a responder Ryuu.- Además, he aprovechado para secar las nuevas que hemos recogido y a clasificarlas a medida que las he catalogado... Me duele todo.- Añadió mientras se estiraba.
-En ese caso, ahora llega mi turno.- Respondió Obi incorporándose de un salto.- Yo llevaré el cesto con las hierbas y el material, tú sólo dime dónde lo pongo.- Sonrió mientras hacía mención de cogerlo todo.
-No hace falta.- Le interrumpió Ryuu adelantándose y empezando a cargar cosas.
-Pesa mucho, y es incómodo de llevar.- Discutió Obi.
-Ya no soy tan pequeño como antes, ahora tengo más fuerza.- Respondió con un deje de orgullo que hizo sonreír a Obi, mientras se lo cargaba todo a la espalda.
-Así que el pequeño Ryuu ya no necesita mi ayuda... Crecen tan deprisa...-Bromeó con un toque de dramatismo que hizo sonrojarse al herborista.- En ese caso, te lo dejo a ti, pero te acompañaré. Sea como sea necesito moverme un poco. En marcha.- Sonrió, a la vez que Ryuu, mientras hacia un ademán con la mano para que pasara primero.
Ryuu inició el paso, pero de repente, se tambaleó, perdiendo el equilibrio, y cayendo hacia atrás. Obi, en un rápido movimiento, lo agarró de la camiseta y tiró de él hacia delante, evitando que se precipitara por la colina que quedaba a su espalda. Sin embargo, debido al peso y volumen de lo que cargaba Ryuu, y al hecho de que también quiso salvar el cesto de hierbas que tanto empeño había puesto en catalogar, se vio sobrepasado, de manera que la única opción que encontró para evitar el desastre, fue la de usar su propio cuerpo como contrapeso, logrando su objetivo de ponerlo a salvo. Desgraciadamente, el impulso fue demasiado, provocando que cayera rodando por la cuesta y terminara en una de las acequias que se utilizaban para regar los jardines.
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La marca- Akagami no Shirayukihime
FanfictionTras una serie de asesinatos en el norte de Clarines, Shirayuki se verá obligada a regresar de Lyrias parando su entrenamiento. Será entonces cuando los cinco emprendan un viaje para investigarlos, y lo que parecía una simple misión, se convertirá e...
