Flor

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Obi despertó con un sobresalto. Recordaba haber soñado algo, pero no sabía de qué se trataba. Confuso y molesto, se pasó las manos por la cara, frotándose con ellas en un intento de despertar, mientras sus ojos se acostumbraban a la luz que entraba en la habitación. Con un resoplido de frustración, apartó las sábanas, saliendo de la cama de un salto. Necesitaba moverse, tomar aire fresco y así olvidar la sensación de desasosiego que le había dejado aquel sueño que ni siquiera era capaz de recordar.

Una vez vestido, salió de la habitación y recorrió las distintas salas del ala este en busca de alguno de sus compañeros. Ignoraba qué hora era, pero el no ver a nadie por allí, le hizo sospechar que había amanecido hacía horas. Por un momento barajó el coger algo para desayunar, pero aquella sensación le apremiaba a ir en busca de sus amigos, así que con un último suspiro, enfilo el corredor que llevaba al despacho de Zen.


-Empiezo a ver borrosas las palabras.- Se quejó Zen frotándose los ojos con los dedos mientras trataba de enfocar el documento que sostenía con la otra mano.

-Llevas muchas horas sin parar, es normal.- Mitsuhide colocaba los libros en la estantería. Le estaba dando la espalda a Zen, pero no necesitaba girarse para saber lo cansado que estaba. Aquella mañana se levantaron con las primeras luces del alba, en un intento de avanzar el trabajo acumulado durante su estancia en Chros, pero después del incidente del pueblo, los reportes se habían multiplicado.

-Quizá deberías descansar un poco, pronto dejarás de ser productivo.- Kiki cerró un libro y lo posó encima de una de las mesas del despacho, para después acercarse a Zen con los brazos cruzados.- Acabarás enfermando si sigues así.

-Siento que es mi deber.- Contestó Zen con una sonrisa triste.- O al menos todo lo que puedo hacer para ayudar. Si mi hermano no me hubiera sacado de allí...

-No sirve de nada darle vueltas a eso. No era un lugar seguro, y tu protección debe ser una de nuestras prioridades, te guste o no.- Zanjó Mitsuhide frunciendo el ceño y volviéndose para mirarle.

-Y por eso odio ser príncipe.- Contestó con un tono amargo.

-No diga eso Maestro, este reino estaría perdido sin usted.

-¡Obi!- Se sorprendió Mitsuhide. Sólo había quitado la vista de la ventana un segundo, y ahora ya estaba aquella figura que tan bien conocía encaramada a ella, sin siquiera producir una ligera brisa de aire.- Realmente eres como un gato.- Dijo con el ceño aún fruncido mientras se acercaba a la mesa de Zen junto a Kiki.

-Por fin te despiertas, pensé que te quedarías allí para siempre.

-Si va a enviar a alguien para que me despierte de mi sueño profundo, preferiría que enviase a la señorita Kiki.- Contestó pícaro mientras se sentaba en la barandilla de mármol.

-Claro, no hay problema.- Respondió la susodicha mientras miraba atentamente el filo de su espada con una sonrisa siniestra en la cara.

-Creo que no será necesario.- Respondió Obi con un escalofrío recorriendo su espalda.- Cambiando de tema... ¿qué hora es?

-La hora de comer pasó hace una media hora.

-¡¿Qué?! ¿Cómo habéis podido dejarme dormir tanto?- Se alarmó Obi girándose a mirar la posición del sol en un intento de desmentirlo, pero viéndose frustrado al darse cuenta de que no era ninguna broma.

-Aún estás herido, y has estado mal durmiendo desde hace días, lo necesitabas.

-Pero...- Intentó protestar sintiéndose culpable por la cantidad de papeles que había encima de la mesa de Zen.

La marca- Akagami no ShirayukihimeHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora