Mitsuhide encontró la trampilla, no sin cierta dificultad. Si de día era difícil verla, la noche hacía esa tarea muy complicada. Cogió aire, en un intento de bajar sus pulsaciones, y lo soltó poco a poco, pendiente de cualquier sonido que pudiera producirse abajo. Con gesto decidido, agarró el tirador oxidados de la trampilla, y tiró hacia arriba, procurando hacer el menor ruido posible. Tras asegurarse de que nada se movía abajo, comenzó a descender por las escaleras, cerrando tras él. La oscuridad era total, y se lamentó de no tener consigo la piedra brillante que Obi le había prestado aquella vez. Cuando llegó abajo, encendió la lámpara de aceite que había cogido cuando salieron del pasadizo, apenas unas horas antes, y tras respirar una vez más, se dirigió hacia la sala principal con gesto decidido.
La cámara tenía la mayor parte de las lámparas de aceite encendidas, pero había signos claros de que había habido movimiento allí. Algunas yacían en el suelo, en mitad de un charco de aceite. Otras habían ido consumiendo el combustible, quedando una llama tenue y oscilante. Rápidamente, apagó la suya, guardándola en la pequeña mochila que había llevado con él, y se escondió tras una roca.
-Ahora entiendo por qué Obi siempre iba de negro.-Murmuró para sí, tratando de camuflarse bien en la sombra que daba la roca, maldiciéndose por no tener ropa de ese color.
Inspeccionó la sala saltando de escondite en escondite, moviéndose con sigilo e intentando no alterar el suelo. Las paredes y el techo, pese a ser evidente que había sido creado por la mano del hombre, eran toscos. Había signos evidentes de derrumbes en algunas de las galerías, por lo que no pudo evitar pensar que todo aquello había sido construido por gente que no sabía sobre minería. A medida que avanzaba, se iba encontrando con armas, sacos de provisiones y herramientas para cavar, como si hubiera habido una huida precipitada del lugar. El silencio lo envolvía todo. De repente, notó una presencia en la sala. Instintivamente, desenfundó la espada, colocándose en posición de ataque, mientras recorría la zona con la mirada. Tras unos segundos que se le hicieron eternos, dejó de notarla, relajando la postura.
Su respiración estaba alterada por la adrenalina que corría por sus venas. Aquella sensación había sido extremadamente intimidante. Se había notado observado, y por un momento no había podido evitar pensar que su vida estaba en peligro. Echó un último vistazo a la zona, y continuó por la galería principal.
No tardó en llegar a la sala en la que les habían atacado. Los cuerpos seguían tendidos en el suelo, y había más de los que al principio pensó que eran, agradeciendo mentalmente que no hubieran salido heridos de gravedad. De repente, notó una corriente de aire que venía de una de las galerías anexas. Era pequeña y sinuosa, lo suficientemente ancha como para que entraran tres personas rectas, pero no tan alta como para que se pudiera saltar sin darte contra el techo. Estaba completamente a oscuras, aunque había lámparas de aceite en las paredes. Mitsuhide se vio obligado a encender su lámpara de aceite, y avanzó tapando con la palma de la mano la proyección de luz, intentando que alumbrara lo menos posible. Finalmente, llegó a un gran boquete, que comunicaba con una cueva natural de proporciones inimaginables. El aire salía por la brecha, avanzando por la galería hasta la sala. Entonces, tropezó con algo blando y miró alertado al suelo. A sus pies, tres hombres armados yacían muertos. El aire que salía de la caverna hacía que la llama fuera irregular, y le impedía ver bien, pero estaba seguro.
-Supongo que por eso se apagaron todas las luces.- Dijo en voz baja para sí.- Ellos debieron morir por el derrumbe... o quizá había una bolsa de gas y murieron asfixiados... Claro que entonces yo ya habría volado por los aires.- Añadió con un escalofrío, mirando la llama de su lámpara.- Será mejor que salga de aquí...Creo que en esta cueva hemos gastado toda la suerte que nos quedaba en nuestra vida.- Dijo suspirando.- Si ese gas hubiese sido grisú habríamos volado todos por los aires.
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La marca- Akagami no Shirayukihime
Fiksi PenggemarTras una serie de asesinatos en el norte de Clarines, Shirayuki se verá obligada a regresar de Lyrias parando su entrenamiento. Será entonces cuando los cinco emprendan un viaje para investigarlos, y lo que parecía una simple misión, se convertirá e...
