-¿No puedes dormir?- Susurró Zen.
-Me siento culpable por el brazo de Obi y por haberos preocupado tanto.
-Obi está acostumbrado a estas cosas, piensa que prácticamente vive en los árboles. Y por lo otro no te preocupes, simplemente querías ayudar.
-Sí, pero parece que al final siempre consigo lo contrario...
Zen se incorporó un poco, acercándose a Shirayuki y levantando su barbilla dulcemente.
-Eres lo más importante para mí, y siempre me preocuparé por ti, pero ten esto claro... jamás te he considerado ni te consideraré alguien débil Shirayuki.
Shirayuki notó como se ruborizaba, y no pudo evitar acercar sus labios a Zen lentamente. El príncipe hizo lo mismo, perdido en sus ojos verdes, cerrando la distancia que había entre ellos y depositando un dulce beso en sus labios.
-Auch.
-¿Estás bien?- Preguntó separándose rápidamente y mirándola confuso.
-Lo siento...- tartamudeó avergonzada.- Tengo los labios cortados por el frío y...
Zen no pudo evitar sonreír con ternura.
-En ese caso, me encargaré de besarte cuando hayan curado.- Añadió con una sonrisa.- Buenas noches, Shirayuki.
-Buenas noches, Zen.- Se despidió feliz.
-La ventisca ha parado, todo el mundo arriba.
-Apenas ha salido el sol...-Se quejó Obi tapándose más con la manta.
-Justo por eso, es el momento perfecto para salir. Ayer ya nos retrasamos demasiado, debemos aprovechar las horas de sol.- Dijo Mitsuhide tirando de la manta de Obi y destapándolo por completo, haciendo que se encogiera del frío.
Los demás se fueron incorporando poco a poco, frotándose los ojos y bostezando con sueño. Dormir en el frío y duro suelo de una cueva en la que el viento se escuchaba aumentado no era precisamente predisponente a un sueño reparador, aunque Obi parecía llevarlo mejor que nadie.
-Buenos días, Shirayuki.- Sonrió Zen mirándola con dulzura. Verla despertar a su lado le hacía sentir el hombre más afortunado del mundo, y hacía que la calidez invadiera su cuerpo.
-Buenos días, Zen.- sonrió aún algo dormida.- Buenos días Mitsuhide, Kiki, Obi.- Añadió sentándose envuelta en la manta.
-Buenos días, Shirayuki.- Contestaron al unísono Kiki y Mitsuhide.
-¿Obi?- Preguntó de manera siniestra Mitsuhide.- ¿No te habrás vuelto a dormir, verdad?
Obi abrió los ojos de repente, temeroso de lo que podría llegarle a hacer si se volvía a dormir. Conociéndole, era capaz de lanzarlo a la nieve, y ahora que notaba su cuerpo caliente, era lo que menos le apetecía.
-Ya voy, ya voy.- Se incorporó rápidamente estirándose.- Buenos días, señorita.- Añadió girándose para mirarla.
De repente, su corazón dio un vuelco, y no pudo evitar mirarla fijamente. Su cabello caía desordenado a ambos lados de la cara, trazando líneas aleatorias que perfilaban su cara. Sus ojos, todavía somnolientos, brillaban intensamente, y su sonrisa era como un rayo de sol, iluminando todo a su paso. Jamás había visto una imagen tan hermosa.
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La marca- Akagami no Shirayukihime
Fiksi PenggemarTras una serie de asesinatos en el norte de Clarines, Shirayuki se verá obligada a regresar de Lyrias parando su entrenamiento. Será entonces cuando los cinco emprendan un viaje para investigarlos, y lo que parecía una simple misión, se convertirá e...
