Trampilla

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-Ha sido una suerte que tu hermano estuviera en el sur.

-Sí. Si no, no habríamos podido hacer esto. Ahora mismo tendríamos a todo el ejército buscándonos.

Los cuatro iban a trote ligero. Habían salido hacía unas horas de la capital, y querían recorrer todo el camino posible antes de que oscureciera.

-¿Cómo vas Shirayuki?- Preguntó Kiki mirándola de reojo.

-Bien, cada vez llevo mejor el estar mucho rato montando a caballo.

-Si te cansas o necesitas cambiar un poco puedes subirte conmigo.- Dijo Mitsuhide poniéndose a la par.

-Tenemos prisa, los caballos estarán más descansado si no tienen que cargar con una persona extra. –Sonrió notando cómo el aire le daba en la cara.- ¿Deberíamos parar?

-Es una buena idea, los caballos necesitan beber agua, y aquel arroyo parece un buen sitio para sentarnos a comer algo.

Shirayuki espoleó a su caballo, galopando hasta el lugar.

-¿Te acuerdas de cuando no era capaz de subirse a uno?- Preguntó Mitsuhide a Zen con cierta nostalgia pero orgulloso.

-Obi le enseñó a montar cuando estaban en Lyrias.

-¿De verdad?- Arqueó una ceja.- No recuerdo haberla visto nunca.

-Sí, pero nunca lo había puesto en práctica hasta que murió Obi.- El rostro de Zen se ensombreció por un segundo.

-Zen.- Le llamó Mitsuhide.- Todos nos hemos aferrado a recuerdos suyos. No puedes culparla por no querer olvidar algo que le enseñó.

-Lo sé. Es sólo que duele un poco no poder hacer nada por ella.- Dijo poniendo su caballo al galope y reuniéndose con Shirayuki.


La noche cayó antes de lo que les habría gustado. Los días eran mucho más largos, y eso les permitía cubrir mayores distancias, pero llevaban mucho tiempo esperando una simple posibilidad, y el tenerla tan cerca, les hacía impacientarse.

-Hace bueno fuera.- Dijo Zen mientras se sentaba con Shirayuki en las escaleras del pequeño porche del hostal en el que habían decidido alojarse.

-Pronto será verano.- Sonrió haciéndole hueco y apoyando su cabeza en su hombro.

-Sí, aunque el aire viene húmedo... Espero que no nos pille una tromba de agua.

-¿Como la de aquella vez?- preguntó Shirayuki riendo mientras recordaba la primera vez que pasó la noche en un hostal con ellos.

-No me la recuerdes.- Murmuró Zen.- Recuerdo escurrir la ropa una y otra vez sin conseguir nada... Me quedé congelado.- Fingió un escalofrío.

Shirayuki reía recordando la escena.

-Parecíamos todos pollos mojados.

-¿Pollos?- Rio Zen imaginando la escena.

-Sí, pollos. El pelo te goteaba y se te pegaba en la frente... Tu cara era un poema.

-Odio mojarme.- Se defendió con una sonrisa.

-Creo que por eso Kiki y Mitsuhide decidieron hacer noche allí.

-Es posible.- Sonrió con nostalgia.

La marca- Akagami no ShirayukihimeHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora