Promesas

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Habían pasado cuatro días en los cuales las guardias se habían doblado, y Zen, por orden del Rey Izana vía mensajero, no tenía permitido abandonar el interior del fuerte hasta que no llegaran los refuerzos desde Clarines para escoltarlo de vuelta al castillo, provocando que su mal humor aumentara considerablemente. Además, el hecho de llevar 3 días sin saber nada de Obi, salvo que patrullaba por el bosque no calmaban su ánimo.

-Ese idiota...- Murmuraba cabreado caminando por la enfermería donde Shirayuki preparaba medicinas para dejárselas antes de volver.

-¿Aún no se sabe nada de él?- Preguntó triste. Un chasquido de lengua fue su respuesta.

-Aparecerá.- Dijo convencido tras unos segundos de silencio.- Ellos siempre lo encuentran.


En cuanto pudo moverse un poco, desapareció en el bosque. Desde el encuentro con aquel hombre estaba raro. Sabían que seguía bien porque de vez en cuando, mientras todos dormían, dejaba alguna nota escueta consistente en un informe de situación. Habían intentado emboscarlo varias veces, pero siempre sin éxito, y Mitsuhide y Kiki, llevaban días saliendo al bosque para localizarlo.

Obi se movía entre los árboles, inspeccionando todo. Sabía que estarían enfadados con él, pero lo cierto era que no podían llegar a imaginarse cuán peligroso era en realidad aquel individuo, y si él podía moverse, era seguro que el hombre también. De repente, algo llamó su atención. Un árbol marcado. Rápidamente reconoció aquella marca. Kiki. Desde que salió al bosque cada día se encontraba con distintos árboles marcados, y todos llevaban de vuelta a la fortaleza. Pero no podía. Debía protegerlos. Debía proteger a la señorita.

De repente, la voz de Kiki y Mitsuhide, llegó a sus oídos, ocultándose entre los árboles.

-¿También vas a marcar este árbol?

-Es lo único que puedo hacer ahora mismo...

-No creo que esté perdido.- Bromeó Mitsuhide con gesto triste.

-Pues yo creo que ahora está más perdido que nunca...-Murmuró dejando a Mitsuhide con la cara dubitativa.

-Tiene que haber algo más que podamos hacer...-Mitsuhide estaba desesperado, necesitaba encontrarlo, ser su apoyo... Todos le necesitaban, y todos querían estar ahí para él. Tras unos segundos de silencio, una idea cruzó su mente.- ¡Obi!- Gritó con todo el aire de sus pulmones, haciendo que Kiki se sobresaltara.

Obi no pudo evitar abrir los ojos, mientras los recuerdos se agolpaban en su cabeza.


-¿Entonces tendremos que buscarte en todos y cada uno de los rincones del castillo?- Preguntó Mitsuhide con cara de fastidio.

-Es una opción.- Respondió Obi llevando ambas manos detrás de su cabeza sin dejar de sonreír.

- ¿Y cuál es la segunda?

-Simplemente podríais llamarme.

-¿Y qué nos asegura que aparecerás?- Preguntó Kiki risueña y con los brazos cruzados.

-Por vosotros siempre apareceré.- Dijo mientras giraba sobre sus talones con las manos aún tras su cabeza y se encaminaba hacia el interior del castillo, dejando a Kiki y Mitsuhide confusos y felices.


Aquellos recuerdos parecían muy lejanos ahora. Se dio la vuelta, dispuesto a irse, cuando de nuevo la voz de Mitsuhide resonó por el bosque.

-¡Nos dijiste que por nosotros siempre aparecerías!- Gritó con todas sus fuerzas, dándose por vencido al no recibir respuesta.- Supongo que había que intentarlo...- Sonrió rendido, mientras la mano de Kiki se depositaba gentilmente en su hombro, dispuestos a volver.

-No pensé que recordarías eso, si lo hubiera sabido no te lo habría dicho...-La voz de Obi sonó a sus espaldas, haciendo que ambos se giraran y lo miraran fijamente.

Ninguno se atrevía a hablar o a moverse, tenían miedo de que volviera a desaparecer.

-Me alegro de verte.- Sonrió Mitsuhide con calidez. Era realmente feliz en aquel momento.

-Como podéis comprobar, estoy bien, así que podéis decírselo al Maestro... pero no voy a volver. Al menos no hasta que lo encuentre.

-¿Y qué hay de Shirayuki?- La pregunta lo pilló desprevenido.- ¿No vas a protegerla?

-¿Por qué te crees que estoy aquí?- Preguntó perdiendo un poco la compostura, pero ocultándolo bajo una de sus sonrisas.

-La única forma de protegerla es estando con ella...- No come, no duerme... Ni Zen, ni nosotros...-Dijo a la desesperada.

Obi aguzó la vista. Lo cierto era que no tenían buen aspecto.

-Aun así, yo...

-El pequeño Ryuu nos hizo prometer que te cuidaríamos.- Sentenció Kiki llamando la atención de Obi, quien perplejo, se la quedó mirando.

-No quería que volvieras a tener una cicatriz así nunca más... Ya hemos fallado en eso, por favor, no nos hagas fallar más...- La voz de Mitsuhide era sincera, y se notaba un gran dolor en ella, que hizo que a Obi se le revolviera todo por dentro.

-Vuelve con nosotros Obi, te necesitamos...-Dijo Kiki alargando la mano.

El mundo de Obi colapsó en ese momento. Todos los recuerdos y sentimientos que se había encargado de reprimir para no volver llegaron de repente, haciendo que sus defensas colapsaran. Siempre había sabido que quería estar con ellos, pero ahora sabía que los necesitaba en su vida.


El comedor se quedó en silencio cuando los tres entraron por la puerta. Todos observaban a Obi, que se había vuelto una leyenda sin saberlo.

Rápidamente, Shirayuki y Zen se levantaron y corrieron hacia él, saliendo al pasillo donde les esperaban y cerrando la puerta tras ellos. Obi estaba listo para su castigo y para otra bofetada, pero en su lugar recibió un abrazo por parte de los dos.

-Gracias por volver Obi...-Susurró Shirayuki tratando de que su voz saliera por encima de su llanto.- Y gracias por traerlo de vuelta...-Añadió haciendo que todos sonrieran después de lo que había parecido una eternidad, y haciendo que Obi sintiera cómo Shirayuki se quedaba con el único trozo que aún no había robado de su corazón.

La marca- Akagami no ShirayukihimeHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora