EXTRA.

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~~NATHANIEL~~

Alexander recibió el mensaje de Carlos y no tardó en escribirme. Horas después, entramos a un bar en las afueras de la ciudad. Alexander me hablaba de un montón de cosas, yo miraba alrededor.

Nos sentamos en una mesa que da vista a la parte en la que las personas bailan.

—Y por eso no regreso a esa ciudad —concluye la historia.

Un camarero nos trae dos bebidas y me evita el tener que contestarle de paso.

—¿Alguna te gusta? —me pregunta.

—No.

—A mí sí, la pelinegra de allá —señala a una chica que está con su novio seguramente.

—Debe tener escasos dieciocho —supongo.

—Mejor.

—Este bar es horrible —noto—. Huele asqueroso.

Es pequeño y está lleno de jóvenes. La barra ofrece apenas tres bebidas distintas, la música es mala y el aire está cargado de sudor y alcohol barato. 

—Dale una oportunidad —se ríe—. Aprovechando que íbamos a salir a divertirnos, te traje a un lugar donde tu droga circula con libertad —inclina su vaso antes de beber.

—Pues me largo —me pongo de pie y me imita siguiéndome afuera, donde respiro aire de calidad.

—La mayoría son drogadictos —comenta mientras caminamos hacia mi auto—, pero se veían bastante normales, ¿no?

—Cambia de tema si no quieres que te deje aquí.

—Relájate, y ve a la dirección que te voy a dar ahora.

Conduzco sin preguntar. Media hora después, estamos frente a un edificio alto y sin gracia. Entramos por una puerta oscura y subimos a un departamento que no tarda en revelarse como algo mucho peor que el bar anterior.

El lugar está mal iluminado. Chicas semidesnudas, con collares de cuero y cadenas, se mueven de un lado a otro sirviendo copas. Los hombres ocupan mesas semi cerradas sin intención alguna de privacidad aunque están cogiendo. 

—No quiero saber, solo me iré a mi casa —le doy una palmada devolviéndome y dos guardias que me llevan unos centímetros se interponen en la puerta.

Ese bar de mala muerte olía bien comparado con este lugar que me asquea.

—No puedes salir si antes no has pagado la suma mínima en los servicios —me informa Alexander detrás de mí—, y créeme, vas a disfrutarlo cuando comience la atracción principal.

Mis manos se cierran en puños, me aguanto la ira al voltearme para no romperle la cara a él y a los que se pongan en la fila.

—¡Vamos a divertirnos! —me pone una mano en el hombre llevándome hasta una mesa cerca de un espacio amplio en la mitad del salón.

Dudo al sentarme porque no confío en la higiene de nada aquí, pero termino haciéndolo. Una chica con el cabello largo y morado se nos acerca con las tetas al aire.

—Qué suerte tengo —me guiña un ojo—, ¿Quieren pedir algo... o hacer algo? —usa un tono suave.

Alexander me mira a la espera de mi decisión. Está loco si cree que voy a follarme a alguna de estas mujeres frente a todos.

—Dame la botella más cara que tengas. —Quiero irme pronto.

—Mmm —se pellizca los pezones mirándome fijo—, enseguida —se va.

—Que linda —dice Alexander mirándole el culo seguramente.

—¿Cuánto es lo mínimo? —exijo saber.

LUMINISCENCIA (#2)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora