CAPÍTULO 6.

107 13 17
                                        

MI PROBLEMA.

~~JO~~

Llegamos a mi casa y me bajo del auto, agradeciendo antes de cerrar la puerta. Esperan a que entre antes de irse. Una vez dentro, con las luces apagadas, camino en silencio hacia mi cuarto. Me duermo unas pocas horas y al despertarme hago mi rutina de siempre.

Camino a la parada del autobús. A los pocos minutos noto que un chico me ha empezado a seguir desde hace una cuadra. A pesar de estar acostumbrada a este tipo de situaciones, sigue poniéndome nerviosa.

Llego a la parada y me siento en el banco metálico, tratando de ignorarlo. Cuando se acerca, noto su ropa sucia y una gran cicatriz que le atraviesa la mejilla. Huele mal. Me observa fijamente. No muestro reacción alguna; si demuestro que me afecta o que me aterra, tendrá el control.

Por favor que ya aparezca el autobús.

—¿Eres una prostituta? Te voy a pagar bien por una noche —dice frotándose las manos sobre los muslos. Lo ignoro—. Te he visto un par de días y vi a tu mamá, recuerdo que me acosté con ella —se ríe.

Mi estómago se revuelve, pero me mantengo ignorándolo, como si no estuviera allí. No quiero recordar eso, no pude hacer nada por mi mamá.

—Trabajas en el Gold, sales a la una y entras a la hora que acabas las clases, no me he acercado antes porque te vienen a dejar chicos a veces —explica ansioso—. Tu hermano es como tú, pero su mamá tiene el cabello negro.

Mi corazón aumenta su ritmo cardíaco y mis sentidos se agudizan advirtiéndome del peligro. Parece obsesionado.

—¿Sabes lo fácil que es entrar a una casa aquí? Hay muchas personas dispuestas a hacerlo y me llevo con ellos —me amenaza, pero lo dice como si fuera algo normal, como si fuera una simple charla—. Podemos repartirnos a los tres, ¿o por turnos? —se ríe.

Este es el primer vagabundo que logra perturbarme. Veo el autobús acercarse.

—Está bien, puedes irte, solo recuerda que regresas a la una a tu casa.

Suena como un loco.

Se pone de pie para empezar a caminar por donde vino a pasos lentos murmurando y moviendo las manos. El autobús se detiene y abre sus puertas, pero me quedo paralizada, mi cuerpo no me responde preso del miedo.

Tiene razón, mi casa es un lugar fácil para entrar. Ya nos han robado antes, pero él no va por cosas materiales...

Mi madre viene a mi mente y tomo una decisión.

El autobús cierra sus puertas y se va.

Saco mi celular hiperventilando, los dedos me tiemblan mientras me obligo a calmarme para buscar a Alex entre mis contactos. Lo llamo una y otra vez, pero no contesta e insisto por al menos diez veces sin obtener respuesta. Me pongo de pie yendo hacia mí casa mientras sigo llamándolo.

«Que conteste por favor, lo necesito ahora».

Pienso en ir al Gold pero descarto la idea casi de inmediato porque esos hombres no me van a ayudar si alguien no se los ordena.

Algunos de los vecinos me miran raro porque me ven regresar, o porque tengo el celular en la mano ignorando que estoy en una zona roja y soy un blanco fácil.

Llego a mi casa y me quedo sobre la vereda mirando a todas partes. El chico que me seguía está sentado junto a la basura en medio de un callejón entre las casas de los vecinos de enfrente, vigilando, mirándome.

Alex me contesta.

—¿Qué demonios sucede? Acabo de despertarme y me pareció tentadora la opción de apagar el celular —acepta somnoliento.

LUMINISCENCIA (#2)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora