CAPÍTULO 8.

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TRATO.

~~NATHANIEL~~

Llagan las 2 de la mañana.

Alexander abre la puerta de mi oficina trayendo a Olivia en su ropa de calle, el maquillaje aún fresco sobre su piel. Su turno no termina hasta las 3, pero le pedí a Alexander que la trajera antes.

Se detiene frente a mi escritorio, con la espalda recta y las manos entrelazadas frente a su vientre. Su rostro permanece neutral, pero sus ojos me estudian con cautela.

—Sí, señor —su tono es educado.

Detrás de ella, Alexander cierra la puerta y se apoya contra la pared, cruzándose de brazos. No se molesta en disimular que se la está comiendo con la mirada.

—Tienes la semana libre, Jo te va a cubrir y repartirán las ganancias a la mitad. La próxima vez que alguna de ustedes necesite algo, vengan personalmente.

—Sí, gracias.

—Agradécele a Jo.

—Sí, con su permiso —murmura antes de girarse y salir, cerrando la puerta con suavidad.

Alexander me mira fijamente.

—Así que por eso vino Jo... Pero se tardaron, ¿No?, ¿Qué tanto hacían? —me interroga interesado.

—¿Estás celoso de alguien que no tiene nada contigo? No seas patético —replico con frialdad.

—¿Por qué estás a la defensiva?, ¿Te interesa? —ladea la cabeza, expectante—. Recuerdo que te dije que no voy a compartir.

Suspiro pesadamente.

—Recuérdame de qué hablamos, ¿De un sándwich? —arqueo una ceja—, ¿Y ya te aceptó algo?, ¿Le interesas?

La sonrisa que muestra no solo me pone incómodo, me irrita.

—No falta mucho —afirma con seguridad—. Ambos sabemos que va a ser mía.

El muy imbécil no merece ser el primero, ni yo, pero la decisión es de ella.

—Yo solo sé que no deberías seguir saliendo con Amado, se te pega lo maníaco —añado sincero.

Su risa es baja, y me da la espalda antes de salir. La puerta se cierra con fuerza tras él, dejando un vacío cargado en la habitación.

Ese mal presentimiento con Alexander... Tengo que quitármelo de encima.

De lo contrario, lo voy a matar.

~~JO~~

Por la mañana, antes de salir a clases, Olivia me llamó para agradecerme. Su tono era cordial, pero su voz tenía una leve tensión que no pasó desapercibida. Después de colgar, salí con tiempo de sobra para llegar media hora antes a la universidad y usar una de las computadoras de la biblioteca. Uní las diapositivas en la memoria flash con rapidez, asegurándome de que todo estuviera en orden para la presentación.

Las horas pasaron con la monotonía de las clases hasta que llegó el momento crucial: la exposición. Sheila tiene que explicar las patologías y un procedimiento, yo debo hacer tres procedimientos en Gael. Nos dividimos así porque Sheila, a pesar de ser excelente, sentía una leve inseguridad debido al premio. Quiere hacerlo perfecto y cree que explico con mayor claridad. Ambas somos buenas, pero hoy no basta con serlo. Hoy competimos, y la estrategia es clave.

La sala donde presentaremos es completamente oscura, con paredes y piso negros, lo que intensifica la presencia del holograma. Los estudiantes forman un círculo a nuestro alrededor, dejando espacio suficiente para movernos con facilidad. Gael, nuestro paciente digital, está frente a nosotras, esperando.

LUMINISCENCIA (#2)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora