¿Quien sabe cual es la decisión correcta? La vida esta llena de errores y Kara tendrá que cometer algunos para encontrar nuevamente su camino. Ella deberá descubrir que es amor y que es pasión, deberá tomar una decisión o puede perder al amor...
—¿Buen carácter? ¡Ja! Imra, Lena tiene todo, menos buen carácter.
—Sabes a lo que me refiero, Samantha. —contesto Imra arrojándose al sofá, donde Samantha se mantenía entretenida en un programa que pasaba en la televisión.
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—¿Ahora te agrada?
—Nunca dije que no lo hiciera. —contesto Imra encogiendo los hombros. —que tú me estés usando para que la morena buenota reaccione con respecto a mi Kara, y por ello ahora me odie, no quiere decir que a mi me desagrada.
—¿En serio?
—Totalmente. —contestó Imra levantando la mano. —yo solo me meto bien en mi papel de perrísima.
—¿Por eso la llamaste idiota?
—¡Ja! ¿Ya te llamo? —exclamó Imra divertida.
—Bastante molesta, dice que eso eres, una idiota.
—Te juro que pensé que me agarraba a golpes en su oficina, estaba que reventaba de celos. —Samantha sonrió, conocía a Lena y sabía que tenía un temperamento fuerte. —me preparaba para gritar como loca.
—Cobarde. —dijo Samantha levantándose del sofá, tomó su copa vacía y camino hacia la cocina.
—Llamémosle, precavida. —contestó Imra tomando la copa de vino que le daba Samantha. —dime. ¿Qué sigue?
—Pues espero que con tu visita, Lena se decida hablar con Kara.
—Me va a matar. —Samantha negó con la cabeza.
—No lo hará, Lena no es...
—Kara. —interrumpió Imra. —hablo de esa rubia loca, cuando se entere que en complicidad contigo molestamos a su morena, seré mujer muerta, guapísima pero muerta.
—¡Dios mío! ¿Desde cuándo eres tan dramática? —dijo Samantha sonriendo.
—Desde que me conoces, creo. —divagó Imra.
—Nada de eso pasará, si es necesario yo hablaré con ella.
—Pues más te vale, porque tampoco quiero que doña buenota quiera desaparecerme.
—Deja de decirle buenota a Lena o entonces sí te mataran. —dijo Samantha.
—No te pongas celosa, tú también estás muy buenota. —Samantha rodó los ojos. —por algo traes loquita a Alex.
—Ella me trae loquita a mí. —contestó Samantha sonriendo.
—Sí, ya lo veo. Tú cara de idiota lo dice todo.
—Idiota. —masculló Samantha arrojándole un cojín a Imra.