LI

10.3K 580 8
                                        

Luego de esa charla todo cambió entre nosotros.

Leandro comenzó a ser más informativo conmigo.

Ambos compartimos una misma agenda electrónica para saber cuando eran sus peleas.

-Buenos días mi vida- sonreí al verlo cocinar

-Buenos días- reí

-¿Donde está Esmeralda?- mire a todos lados

-Le di el día libre- sonreí

-Que bien- me senté frente a él

-Ya mismo está el desayuno- verlo cocinar con su ropa de oficina lo hacía ver muy sexy

-No tengo prisa- fui sincera

-¿Hoy estarás bien ocupada? -

-Si, tengo muchas reuniones que había pospuesto por falta del proyecto, pero hoy entregó su mayoría así que mucho dinero entrará en unas horas a la empresa- sentí cierta emoción

-Me alegra verte disfrutar de tu trabajo- asentí dudando de tocar el punto que quería hace unos días.

-¿Qué piensas si me mudo?- mire hacia la escalera para no ver su mirada

-¿La estás pasando mal aquí? - lo mire y él estaba con confundido

-No, pero no quiero estorbar aquí- sonreí tímida

-No estorbas a nadie Leah, al contrario, tu presencia aquí alegra la casa, pero si crees que es un lugar pequeño puedo buscar otra casa- negué rápidamente

-En algún punto me mudare- susurre

-Cuando nos casemos nos mudamos juntos, ya te perdí una vez no pienso hacerlo dos veces- negó mientras se giraba para continuar cocinando.

Como no quererlo si suelta frases así.

Desayunamos hablando de diferentes temas que no fuera del trabajo.

-Hoy te llevo al trabajo- sonreí

-Esta bien- levante los platos para limpiarlo

-Eres hermosa- beso mi mejilla para subir a su habitación

Sentí mis mejillas arder por un simple beso.

Era como si fuéramos dos adolescentes enamorados.

Limpie todo lo que él había dejado sucio que realmente era nuestros platos.

Deje la cocina limpia para buscar mi cartera.

-Ya estoy lista- avise mirando que tuviera lo necesario

-Vamos amor- tomó mi mano logrando que mi corazón latiera de prisa

Él era capaz de hacerme emocionarme en segundos.

Cuando salimos de la casa él la cerró para luego abrirme la puerta de su auto.

-Me avisas la hora en que saldrás del trabajo para buscarte- asentí

Mi mirada estaba puesta en el paisaje hasta que sentí su mano sobre la mía.

¿Sería capaz de dejarme amar al fin?

Su mano me daba tanta seguridad en cierto momento, pero a la vez el temor de que me lastimen siempre estaba presente.

-Nunca te lastimare preciosa- era como si pudiera leerme la mente

-No puedo leerte la mente- abrí más mis ojos

-Solo que tu rostro dice lo que piensas- sonreí sonrojada

Maldito error, Hermoso errorDonde viven las historias. Descúbrelo ahora