XLIV

10.8K 628 9
                                        

Leandro Salvatore

Verla comer tan feliz me hacía sentir completo.

-Por dios deseaba tanto comer esto- hablo con comida en su boca

-Por favor, Leah- tape su boca con mi mano

-¿Que? - sentí sus labios contra mi boca

-Hablar así te quita toda la elegancia- rápidamente se rio

-Ya lo siento- bajo mi mano

Cuando intento soltar mi mano no la deje.

-Debo comer- señaló su segundo taco

-Te sirve la otra mano- sonreí mientras comía también con una sola mano

-Los tacos no se pueden comer con una sola mano- se quejó

-Te ayudo entonces- reí para ayudarla sin soltarle la mano

-Leandro- se rio

-Bueno ya- le solté su mano

Ella comía sin privarse de nada.

Eso es lo que me había gustado o más bien me gusta de ella.

No es la típica chica que para mantener su figura come ensalada.

No, Leah come lo que se le antoja en cualquier momento.

-Por dios estoy llena y el vestido me esta apretando- se quejo mientras intentaba soltarlo

-Ven te ayudo- reí para bajarle un poco el cremallera de atrás

-Al fin puedo respirar- se rio acomodando en el asiento

-No quiero que te me mueras nena- limpie la basura

-Iré a votar esto- señale

-Espera que me queda refresco- pidió su vaso y se lo pase

-Si fuera alcohol estarías borracha- reí tomando su vaso

-Calla-

Negué para ir hasta el zafacón

Al volver al auto ella estaba un poco más recostada del asiento

Su abdomen se había inflado un poco.

-¿Cuantos meses pequeña? - señale su abdomen

-Dos minutos y son tuyos- señaló

-¿Gemelos? - la mire sorprendida y ella asintió

-No te creo- me hice el sorprendido para iniciar a conducir

-Si que eres tonto- se rio mientras miraba por la ventana

Sonreí al verla más tranquila.

No negaré que la ilusión de un bebé mío en su barriga me haría el hombre más feliz de la vida.

Cuando llegamos a la casa la ayudé a caminar ya que su vestido estaba abierto en la espalda y se le caía.

-No entiendo cómo es que no me cierra el vestido- se quejo mientras entrabamos lentamente

-Si comiste bastante nena- reí

Habíamos intentado en el auto cerrar el vestido, pero no se podía.

Cuando estuvimos frente a su habitación nos quedamos congelado los dos.

-¿Cómo lo hacemos? - me miro preocupada

-Soltare tu vestido y te daré la espalda para que entres a tu habitación- asintió sonrojada

-A la cuenta de tres-

Maldito error, Hermoso errorDonde viven las historias. Descúbrelo ahora