XII

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Leonardo Salvatore

Todo el maldito día no supe de ella.

Cuando la llame en la mañana porque no estaba en la casa me respondió un tipejo diciéndome que se había quedado con el en su casa.

Algo en mi me hizo enojar, pero luego pensé que no somos pareja real.

-Amigo andas con una mala cara- susurro Alex en medio de la reunión

-No es mi día- me limite

- ¿Qué paso? – se sentó frente a mi

-Nada- susurre mientras firmaba un contrato

- ¿Tu esposa, pero que no es tu esposa? – levanto su ceja y solo asentí

-Creo que terminaran amándose y eso me encanta- alce mi mirada y tenia una sonrisa gigante

-Amor- cerré mis ojos exasperado

-Christine te dije que terminamos hace tiempo- acaricie mi cien

-Amor- sentí como se sentó en mis piernas

-Christine soy un hombre casado- la saque de mis piernas

-Eres mi novio y mi esposo para cuando te divorcies de la zorra esa- sentí una rabia de que se expresara así

Volvió a intentar sentarse en mis piernas, pero me moví a tiempo logrando que ella se cayera frente a mi.

No me gustaba que nadie se lastimara, pero por mi imagen no podía cometer ningún error.

-Así que la puta esta vino a fastidiar a mi marido- entro Leah cabreada

Perfecto se me juntaron ahora estas dos- cerré mis ojos por un segundo

No quería que se mataran.

-Christine vete de mi empresa- señale la puerta

-Amor- intento una vez mas sentarse en mis piernas, pero Leah fue mucho mas rápido.

-No hermosa ese puesto es mío- susurro para lograr sentarse sobre mi.

Sonreí mientras la acomodaba para que su traje no se subiera.

Alex nos miraba atento sin hacer un esfuerzo de calmar las aguas.

-Alex- lo mire para que por lo menos hiciera algo

-Ah si, Christine para tu casa que aquí ya no tienes a un imbécil que enamorar- la tomo de su codo mientras la sacaba utilizando un poco de fuerza.

-Los dejos solo tortolos, pero recuerden que sin gorro no hay cumpleaños- sonrió para cerrar la puerta de mi oficina

Me quede en silencio ya que no sabia que decir.

Leah intento ponerse de pie, pero la detuve.

- ¿A dónde vas? – la mire pasando mis manos por su cintura

-Ahí- señalo la silla delante de mi escritorio

-Ya estas aquí y muy cómoda- sonreí

-Bueno- cruzo sus piernas dejando que su traje se subiera un poco más

- ¿Porque estas acá? – sonreí

-Allison me dijo que esa perra vendría con el chisme así que decidí venir – subió sus hombros mientras mis manos se movían como si tuvieran una vida aparte

- ¿Celosa? – toque el borde de su traje

-No, peor no quiero ser cornuda- se puse de pie y la volví a sentar en mis piernas

Maldito error, Hermoso errorDonde viven las historias. Descúbrelo ahora