Acuerdos y Enlaces

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Por cada paso que avanzaba, por cada latido que su agotado corazón le regalaba, Rey presentía que estaba cada vez más cerca de su destino. No solo por la Fuerza abrumadora concentrada al otro extremo de donde estaba de pie, sino también por el olfato fino de Chewie y sus ladridos afirmativos y efusivos.

El viaje pronto concluiría y su misión estaría completa.

Una repentina emoción la envolvió, obligándola a correr por todo el claro que la separaba a ella de su destino. Pronto terminaría y regresaría a casa con sus amigos, con su Clan, con Ben.

—¡Vamos, Chewie! —el perro a su derecha aulló. El viento ondeaba sus pelajes, aligeraba sus pisadas, los hacía sentir volar con la frescura que les obsequiaba —¡ya casi llegamos, solo un poco más!

Rey ronroneó de la satisfacción. Después de todos los altibajos que habían tenido durante el trayecto, de todas las veces que caminaron en círculos, en las que tuvieron que pedir ayuda a los no tan malos solitarios, al fin habían llegado.

Leia le había dicho que Luke se ocultaba en una Tribu, una especie de mini Clan conformado únicamente por cuidadoras, como ellas mismas se hacían llamar. También dijo que no les causarían problemas para llegar con su hermano, y Rey rezaba por que estuviera en lo cierto.

—¡Quieto, amigo! —ordenó entre jadeos debido a la carrera. El can se sentó, recuperando el aliento —Hemos llegado.

Un claro enorme se extendía frente a ellos, glorioso y modesto. Las múltiples madrigueras repartidas a lo largo, el resguardo a base de palos que estas tenían, todo era hermoso y pacífico, digno de admirar.

Ni qué decir del verdor que lo rodeaba, Rey por poco y se quedaba embobada contemplándolo. Sin duda era un lugar al que a cualquiera le gustaría vivir.

—¿Hola?, ¿hay alguien allí?

Chewie la seguía sigilosamente a unos cuantos pasos detrás de ella. No podían arriesgarse a asustarlas y que los echaran, no ahora que habían llegado de tan lejos.

Rey buscó a los alrededores alguna señal de Luke. La Fuerza estaba tranquila bajo sus zarpas y contra sus erguidas orejas, por lo que suponía que por allí debía estar el poderoso curandero.

Cuando se dispuso a preguntar de nuevo en voz alta, distinguió en la lejanía una pequeña colina verdosa con vista al río que se abría paso al lado del borde de la Tribu. La figura del gato que yacía en la cima, algo robusta y bajita, la impulsó a correr en su dirección.

Se detuvo a un par de colas de distancia del él. Vio su pelaje rubio con algunas canas por la edad y sus hombros llenos de pequeños cortes que lo marcarían de por vida.

—¿Maestro Skywalker?

Al escuchar su nombre acompañado de ese título que por mucho tiempo no ejercía, Luke se giró lentamente hacia quien lo llamaba. Le sorprendió ver a una gata tan joven nombrarlo así.

—¿Quién eres tú?

Rey se paralizó ante la fijeza de sus ojos azules, esos serios y fríos como las mismas olas de un mar fuera de control. Quiso hablar, murmurar siquiera, pero Chewie se le adelantó restregándose con fuerza contra él.

—¡Chewie, viejo amigo! —incluso su ronroneo se oía duro, inexpresivo pese a la clara felicidad y nostalgia de su semblante —Mírate, ¡estás enorme! —el can respondió a feroces lametazos.

La hembra contempló en segundo plano el encuentro. Su estrecha amistad la alegró y enterneció. Al parecer todo saldría según lo planeado.

—¿Dónde está Han?

Star Paws: A New WarriorHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora