El ataque, y el héroe tras él

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En la Maternidad, la pequeña Paige veía a Rey entrar y salir con varias hierbas colgando en su boca. Al principio, le pareció gracioso como la aprendiza de curandero se tambaleaba con el peso que cargaba, pero luego cambió el semblante a uno más serio cuando detectó en sus ojos verdosos angustia y preocupación. Su madre, al notarla tensa, le lamió las orejas tiernamente, y repitió el mismo proceso con el dormido BB-8 también pegado a su vientre.

—¡Rey, Rey! —llamó en voz baja, evitando así que las demás reinas se despertaran. Era muy temprano aún para que ellas salieran con sus cachorros a jugar o, como habían hecho esos últimos días, a siquiera traer una presa fresca para comer —¡Por aquí!

La joven la escuchó y entrecerró los ojos con dulzura en lo que se acercaba a ella a darle un corto lametazo en la mejilla y volver agarrar las plantas para entregárselas a una reina despierta a su lado. Esta estaba embarazada, quizás a nada del alumbramiento. Paige ronroneó ante la idea de tener más amigos con quien jugar, pero enmudeció cuando vio que la hembra en dulce espera no lucía muy segura con eso.

Tenía miedo. Todos lo tenían en realidad. Y siempre se preguntaba, ¿por qué?

—¿Dónde está Rose? —Rey se paralizó, todavía sin girarse a mirarla —¿Ella está bien?

La aprendiza quería decirle que sí, que estaba mejorando y pronto estaría bien para visitarla y salir las tres juntas a cazar, pero lo cierto era que la guerrera aún no abría siquiera los ojos. A las justas comía, casi nunca dormía sin tener escalofríos. Rose no estaba bien. Y Rey no tenía idea de cómo decírselo a Paige sin lastimarla.

Suspiró, buscando las palabras que podrían sonar mejor para contar la noticia. Afortunadamente, la madre de la pequeña la ayudó en eso y le pidió a su hija que no preguntaba más sobre el asunto porque la aprendiza estaba ocupada y todavía tenía a muchos más que revisar.

Rey le agradeció y se despidió de Paige, prometiéndole que, cuando las cosas se calmaran, ellas juntas volverían a salir y recorrer el bosque.

Sin embargo, pese al fervor con que lo deseaba, Rey dudaba mucho que la calma llegara algún día al Clan. Sobre todo, si Poe no dejaba de pasearse nerviosamente frente a la guarida del curandero.

El Lugarteniente no sabía que su actitud solo alteraba a los demás, quienes ya habían empezado a cuchichear respecto al por qué lucía tan inquieto y si eso era algo por lo que preocuparse más.

Cuando se le acercó, soltando el puñado de hierbas que sostenía delante suyo, él dejó de moverse y la ayudó a llevar la medicina al interior. Una vez regresaron afuera, el joven la miró seriamente asustado.

—¿Han mostrado mejoría Rose y Kaydel durante mi ausencia?

Se encargaba de apoco de las tareas de Leia desde que enfermó, y, aunque ella ya estaba recuperada del todo, se le había prohibido seguir sin antes tomar un merecido reposo. Para aumentar su desdicha, Rey negó lentamente.

—Kaydel ha despertado, pero se niega a comer —recordó a la guerrera rubia devorar hambrienta un campañol, para luego solo escupirlo y asquearse por su sabor. La tos verde la había debilitado hasta tal punto que cualquier presa le sabía a carroña —. A Rose, por el contrario, la medicina improvisada no le ha surtido mucho el efecto.

—Ya veo, ya veo —le levantó de nuevo, formando un círculo con sus pasos —. ¡Maldición! ¿Sabes por qué la Fuerza nos hace esto?

—Me encantaría saber, Poe, no sabes cuánto me encantaría poder responderte.

La aprendiza lagrimeó y su amigo se pegó a su lado para consolarla un poco con su calor. Ella agradecía el gesto; sin embargo, era consciente que ese no era el calor que necesitaba en ese momento.

Star Paws: A New WarriorHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora