La Asamblea

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La noche de Luna Llena había caído al fin en el bosque y el Clan Oscuro no tenía idea de dónde podría estar su Lugarteniente. Snoke preguntaba por él tantas veces, que ya daba miedo que, con la fuerza que apretaba las garras contra la tierra, terminara quebrando el suelo y abriéndolo en dos.

—Por última vez, Phas, ¡no sé dónde está Ren!

No es que no confiara en Hux ni en sus palabras cien por ciento seguras, pero Phasma no podía evitar relacionar la desaparición de Kylo con lo que ambos tanto escondían para sí mismos. Si no planeaban contarle, entonces ninguno tenía derecho a quejarse de sus preguntas invasivas, ya que, si ellos no pensaban decirle nada, ella misma los descubriría.

Hux, por otro lado, no entendía por qué su amiga se mostraba tan desconfiada. Se suponía que ellos eran amigos, el trío dinámico y vencedor. ¿Por qué dudaría de él ahora?

Aunque, en parte, él también estaba enojado por Ren y su fuga. Claro que le preocupaba, sí, pero, por su culpa, se tardarían en llegar a la Asamblea a la que tanto deseaba asistir.

Rose seguramente estaría allí y quería aprovechar esa noche, aunque fuera solo para hablarle de trivialidades guerreras. Quería oír su voz, saber si estaba bien, si pensaba aún en él y en la noche que compartieron juntos.

¡Por la Fuerza, sí que la extrañaba!

Para alivio de Phasma y Hux, las pisadas de Kylo resonaron en el claro concurrido, pero silencioso. Jadeaba por el esfuerzo, como si hubiera literalmente corrido hasta allí. Además de que sus ojos ámbar lucían más brillantes que de costumbre, más llenos de vida, de una emoción que nadie menos el guerrero pelirrojo supo reconocer.

Amor.

—¿Qué horas son estás de llegar, Lugarteniente Ren? —exigió Pryde, un canoso y flacucho gato gris. Kylo se sacudió bruscamente frente a él, ignorando su seria mirada fastidiada.

—Eso a usted no le importa, viejo entrometido.

Pese a su pelaje erizado levemente, el Lugarteniente parecía relajado. Pryde le siseó.

—Ten más respeto a tus mayores, cachorro —azotó su espantosa cola, esa sin casi nada de pelo en la punta y parte del largo —. Un verdadero Lugarteniente debe tratar a todos por igual.

—A todos los que se lo merezcan querrá decir —replicó, aún calmado —. Y, lastimosamente, usted no entra en ellos.

Kylo ya no quería seguir discutiendo. Sabía que, si no se contenía, acabaría callándolo con el filo de sus potentes garras. Pryde no era quién para meterse en su vida, él ni nadie tenía por qué enterarse de sus secretos, sobre todo del de su romance muy ajeno al Clan.

Había llegado tarde, sí, y entendía que eso no era algo bueno en su imagen de Lugarteniente. Sin embargo, no pudo regresar antes, al haberse quedado con Rey consolándola hasta que el sueño la reclamara y tranquilizara. Le dolió dejarla sola, pero la Fuerza tampoco se apiadó de él cuando lo desapareció de su lado sin siquiera darle la oportunidad de despedirse.

Volviendo a la realidad, el guerrero veterano fruncía el hocico en disgusto por sus cortantes palabras. No se veía contento, sino desafiante y decidido a hacer lo que fuera por dejarlo mal visto. O eso vio en su débil mente al adentrarse en ella sin su consentimiento.

—Pryde… —un zarpazo en su mejilla lo calló, dejando su mirada ambarina apuntando a otro lado.

Lo había atacado e igual que con todos sus enemigos, Kylo no se quedaría con las patas cruzadas. Le gruñó antes de saltar sobre él e inmovilizarlo en el suelo. Cuando estaba a nada de morderle el cuello y ahogarlo como castigo de su atrevimiento, la voz de Snoke desde la boca de su guarida lo detuvo.

Star Paws: A New WarriorHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora