Sed de Sangre: L contra Tepes, el Barón Baasz
y el Ancestro Sagrado, año 3212
El destino a veces propicia batallas inesperadas mas llenas de ardor, y la Cazadora de Vampiros más famosa de todos ellos, grande y majestuosa, se dispuso a confrontar a sus perversos parientes. L era más fuerte que Tepes, por lo que superaba con facilidad sus poderes, y por esto lo derrotaría sin que le supusiera mucho esfuerzo.
L se mimetizó con la oscuridad, lo que impidió que Tepes la sintiera en un principio. Ese poder era conocido como "manipulación de la oscuridad". Además de este ataque, también se impulsó a utilizar la Luz de Creación, un tipo de ataque que se servía de la luz solar más pura con la finalidad de bloquear y romper toda clase de hechizos y defensas, incluso los más oscuros y potentes.
El siguiente poder que usó L fue el "Milagro de la Luz Rojo Sangre", un poder monumental que es descrito como una luz roja como la sangre que destella de los ojos de L.
Puede destruir por completo el estadio de regeneración avanzada al que hayan llegado la mayoría de los Nobles.
Podría consistir en una forma evolucionada del poder primitivo Luz de Creación; lo más probable era que L lo hubiera conseguido evolucionando o lo poseyó todo el tiempo y nunca tuvo ganas de usarlo simplemente.
La fuerza sobrehumana de L la ayudó a esquivar los ataques furibundos de Tepes y a propiciar que pudiera escudarse gracias a que Manos también se ocupaba de parar sus fintas, dadas con rabia y odio incrementados al doscientos por ciento, y de esta manera cuando Tepes la propulsó más o menos a la velocidad de la luz estaba en un estado de masa casi infinita.
Por otra parte, la velocidad sobrehumana de L la auxilió, impulsándola a superar la increíble velocidad que mostrara Tepes, lo cual ya es mucho decir. Su extrema durabilidad se estaba poniendo a prueba por su medio hermano, quien la estrelló en las paredes del espacio infinitesimal. L no decayó, y se enfrentó al propio Barón Baasz, que era pálido y de ademanes lánguidos y parsimoniosos, de rasgos blancos y ojos oscuros como los suyos y los de Tepes, también conocido por su fiero sobrenombre "Rey Rojo". Ellos se aprestaron a asesinarla con destreza y sin albergar una sola mota de piedad en ellos.
—Ahora vas a perecer —le dijeron, y se rieron socarrones—. Te vas a enterar del daño que podemos hacerte.
—Estate tranquila, colega, yo te echaré una mano, nunca mejor dicho —se rio el simbionte, y les gruñó a los dhampires, que se quedaron alelados—. Os vais a arrepentir de haberme convertido en vuestro enemigo.
L los desbarató, desequilibrándolos, y ellos se volvieron cenizas y polvo. L pisó los restos de los dhampires que hubieron sido hermanastros suyos.
L llegó a donde estaba la fortaleza del Ancestro Sagrado, que era ni más ni menos que un inmenso castillo negro y polvoriento. Entró en una estancia no iluminada por ninguna lámpara, en la que había puesta en el suelo una gran alfombra roja, y el Ancestro Sagrado, el malvado dios oscuro que le había dado origen a ella y a miles de otras criaturas, se configuró fluctuante, inmerso en la satisfacción más plena.
—Al fin has llegado, mi hija. Mi único y gran éxito. L. La Cazadora de Vampiros más famosa de la Frontera —dijo el dios adueñado de suma solemnidad, y extendió sus brazos de gigante—. Ven y confróntame.
—He venido por las respuestas que he estado buscando toda la vida —respondió L alzando su espada hacia él.
— ¿Quieres saber por qué razón te creé? La respuesta es muy simple. En verdad, tú eres el único de mis experimentos que ha sobrepasado mis expectativas. Tú has durado más que ningún otro. Y por eso, hija mía, tú serás quien acabe con la decadencia de mi raza, la suprema Nobleza, sobre este planeta llamado Tierra. Eso es todo.
L se enfrentó a él. El Antepasado Sagrado bien podía ser descrito como algo enorme que se alzaba ante ella, más profundo que la oscuridad. Claramente era un gigante. L podía distinguir botas del tamaño de una casa, tobillos firmes y pantorrillas musculosas. Las rodilleras y los muslos que deberían haber estado por encima de esto eran uno con la negritud, recortándose en las nieblas turbulentas del mundo, ecos de un ser millones de años más antiguo que cualquier otro. Con una risa que sacudía montañas y el mismo océano inmenso, el coloso lucía una chaqueta del color de la negrura. Su pecho sobresalía como un enorme risco, y L hizo otro salto fuera de él. Una poderosa mandíbula apareció a la vista. Los labios eran como lápidas toscamente labradas. Por encima de una repulsiva nariz aguileña, estrechas rendijas de ojos se manifestaban a ambos lados. Los irises oscuros y las pupilas tenían un brillo cristalino, reflejando a la hermosa joven que había venido al ataque. Su altitud era de aproximadamente diez mil metros. La noche también se extendió en todas direcciones encima de él, opacando todo lo demás. El cabello del gigante se onduló como ondas, rizándose como la espuma sobre la superficie de las olas. Semejaba un ser compacto, de oscuridad infinitamente apretujada en su espacio, pero también un ente volátil y disperso, capaz de escurrirse como el agua y colarse por una rendija de la pared que hubiera agrietado la humedad. El coloso se rio malignamente de su hija.
L finalmente consiguió herirlo. El Ancestro Sagrado se tambaleó sobre su monumental figura pétrea, pestañeando con sus pesados párpados, sin poder creerse lo que le había sucedido. ¡¡L, su propia hija, había sido la única criatura en miles de años de su longeva existencia que lo había dañado! L se separó de él, deslustrando su orgullo. Y lo dejó desencajado, preguntándose si al final se quedaría solo y olvidado. Él no deseaba que su labor terminara. Realmente no quería, porque su función principal era vigilar que se cumpliera y respetara el orden natural. Cayó la noche y L se marchó al rechazar a su progenitor, dejando una ominosa oscuridad reluctante, confundida; sin embargo, ella estaba orgullosa de ser quien y como era.
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Cazadora de Vampiros L
Science Fiction3,799 D. C. La Tierra ha sido sometida por los seres de las tinieblas, la gran raza de vampiros llamada la Nobleza, y allá donde vayas, sólo hay desolación y terror a partes iguales. La escasa humanidad que queda se refugia hacinada en chabolas, y e...
