Capítulo trece.

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Meredith y yo conducimos rumbo al centro comercial para pasar el resto de la tarde juntas. Ella no es una chica molesta, tal vez demasiado cariñosa y expresiva, pero me agrada porque es auténtica.

Efectivamente no volví a ver a Calum en toda la mañana, incluso al salir del estacionamiento de la escuela observé que su auto no estaba ahí, así que supongo que salió algunas clases antes, no sé a dónde.

Estacionamos en el centro comercial y Meredith automáticamente me arrastra hacia una gran tienda de maquillaje.

—¿Qué es lo que más te gusta comprar? –me pregunta sonriente mientras caminamos hacia el área de maquillaje para ojos.

—¿Comida? –respondo un tanto tímida. No soy mucho de comprar maquillaje.

—¡Eso no entra en esta categoría! –dice riendo—. ¿Acaso no compras maquillaje?

—Sí lo compro, pero no mucho, si compro algo una vez al año ya es demasiado.

—¡Oh por Dios! No puedo creerlo Kiara. Hace un par de días estaba a punto de preguntarte dónde habías comprado un labial rojo que usabas porque me había parecido muy lindo, pero supongo que ya no lo recuerdas.

—Mi mamá odia ese labial –respondo con una sonrisa—, pero tienes razón, ya no lo recuerdo.

Elijo un par de cuartetos de sombras, uno con colores cálidos y uno con colores fríos. También tomo unos cuantos delineadores negros porque a pesar de no maquillarme mucho sí me gusta enmarcar mis ojos.

Caminamos después hacia los labiales y ahí encuentro algunos tonos preciosos que no puedo resistir en comprar. Meredith me mira sonriente.

—Supongo que por eso compras solo una vez al año Kiara, llevas un montón de labiales.

—No son muchos, son solo nueve –digo y no puedo evitar reír.

Pagamos en la tienda y caminamos en dirección al área de ropa.

Compramos algunos pantalones, blusas, chamarras, suéteres y bolsas. Meredith entra a una tienda de zapatos y compra tres pares distintos. Yo no elijo nada de ahí porque los zapatos no son mi cosa favorita y además ya no quiero gastar tanto dinero.

La economía en mi casa no está mal, mamá tiene un buen sueldo que nos permite darnos algunos lujos de vez en cuando y papá nos da una parte de lo que gana por mes, así que no nos va mal, sin embargo no soy del tipo que derrocha dinero aquí y allá.

Después de las compras, vamos a comer a uno de los locales que se encuentran ahí en el centro comercial. Cuando terminamos de comer, simplemente paseamos alrededor del lugar.

—Tenía mucho que no me divertía tanto comprando –dice Meredith—. Y mira que yo sí soy mucho de salir a comprar, ver y probarme cosas me vuelve completamente loca.

—Pues yo no soy mucho de salir y comprar, pero igual me divertí mucho contigo, me caes muy bien. Además, creo que hice unas compras muy productivas el día de hoy.

—¡Las hiciste! Ese último par de blusas que compraste son… -Meredith se detiene de pronto y mira fijamente hacia una tienda.

Mis ojos siguen la dirección de su mirada y me topo con una tienda de vestidos. Meredith toma mi mano y literalmente me arrastra hacia la entrada del lugar.

—¿Vestidos?

—¡Sí, me encantan!

La tienda está llena de vestidos de todos los tipos. Vestidos de verano, de fiesta, de coctel, incluso vestidos de novia.

Insensible »»Calum Hood.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora