Capítulo quince.

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Estaciono mi coche frente a mi casa y Calum deja su auto detrás del mío. Ambos bajamos y yo abro la puerta para que podamos pasar dentro.

—Voy a mi habitación, no tardo –le digo a Calum y él asiente—. Ponte cómodo.

Subo corriendo las escaleras rumbo a mi cuarto y ya estando ahí tomo unos libros que necesito para trabajar. Cuando estoy por salir noto que los vestidos que compré el otro día con Meredith están extendidos sobre mi cama y me sorprendo. Ese día estaba segura que usaría para el baile el azul, pero el vestido negro me gustó tanto que terminé comprándolo también para usarlo en alguna otra ocasión. Supongo que mi mamá debió de haberlos visto y los dejó ahí.

Vuelvo a bajar hacia la sala con Calum y lo veo sostener una nota de  papel en las manos.

—¿Qué es eso? –pregunto y él se gira hacia mi sorprendido.

—Oh, no es nada, creo que es una nota de tu mamá –responde mientras extiende hacia mí el pedazo de papel—. Me gustaría poder ver alguno de esos vestidos –dice y me guiña un ojo.

Leo la nota de mi mamá y entiendo el comentario de Calum.

“Veo que hiciste unas compras últimamente, me sorprende, pero son muy buenas compras. Me tomé la libertad de verlas, espero que no te moleste. Esos dos vestidos que compraste son preciosos, espero que pueda verte usando uno de ellos pronto. Te veo en la noche”.

—Eres un chismoso –le digo colocando la nota de mamá en un mueble.

—Oye, no soy chismoso, estaba extendida sobre la mesita y era imposible no verla –me dice y se encoge de hombros. Idiota.

—Lo que sea –le digo y ruedo los ojos.

—Entonces, ¿te divertiste comprando con Meredith? –me pregunta con indiferencia mientras saca la laptop de su mochila.

—Pasamos una tarde divertida, sí.

—¿No eres mucho de compras?

Lo miro con la cabeza ligeramente ladeada, ¿cómo sabe que no soy mucho de compras? Calum comprende mi mirada y ríe.

—Pregunto por lo que decía la nota de tu mamá, si le sorprendió que hayas salido a comprar es porque no lo haces muy seguido, ¿o me equivoco?

—No, no lo haces. Por lo regular compro una vez al año y con eso me es suficiente.

—¿En serio? –dice y me mira con sorpresa. Yo lo regreso la mirada. ¿Qué es tan sorprendente?

—¿En serio qué?

—Bueno, es que pareces una chica vanidosa, siempre estás arreglada y eso.

No puedo evitar reír por su comentario. ¿Me considera vanidosa? ¿Eso es bueno o malo? Al menos nota que me arreglo, creo que esos son puntos a mi favor.

—Soy mujer y me gusta verme en el espejo, Calum –digo obvia—, pero no estoy 24/7 mirándome ni pensando cómo me vestiré o maquillaré al día siguiente.

—Pues aciertas con tus elecciones exprés.

—¿A qué te refieres? –le digo confundida.

—¿Recuerdas el labial que usabas el primer día de clases? –me pregunta mientras me mira fijamente.

—¿Qué hay con ello?

—No sé si lo hayas elegido en el momento, pero te iba genial, hacía que tus labios lucieran besables.

Para cuando Calum termina de decir eso su mirada ya no está en mis ojos, sino en mis labios y yo sé que estoy completamente sonrojada. No sé por qué él está diciendo esas cosas y no es como que me molesten, me gusta que él diga eso aunque sea un poco raro que lo haga, pero no me gusta lo que siento en el estómago cuando me mira de esa manera.

Insensible »»Calum Hood.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora