Park Chaeyoung, ansiosa por saber sobre el sexo, acude a su mejor amiga Jennie para que le enseñe.
Al pasar el tiempo las cosas comienzan a salirse de control entre ellas, en sus mentes y sus corazones, logranfo confundirlas.
Pero... ¿qué pasaría...
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Jennie y Chaeyoung entraron al apartamento de la mayor sin dejar de besarse de forma desesperada y necesitada. Solo era cuestión de que la puerta se cerrase para que Jennie comenzara a quitarle la ropa que la menor llevaba puesta, sin dejar de besarse.
Con pasos torpes, lograron llegar hasta la cama de la mayor y ambas cayeron ahí, Chaeyoung sobre el cuerpo de Jennie.
Tuvieron que separarse unos segundos debido a la falta de oxígeno en sus pulmones. Chaeyoung miraba a Jennie como si está última fuera una diosa. Y es que eso parecía con sus mejillas sonrojadas, el cabello revuelto y los labios hinchados y brillantes debido a los besos que habían estado compartiendo desde que salieron del taxi.
Solo había bastado que pusieran un pie en el edificio para que Jennie se lanzará a besar a Chaeyoung en cada lugar por el que habían pasado. Sinceramente no le importaba si alguien la veía besando de aquella manera a la menor, resolvería todo aquello mañana, hoy solo quería olvidarse de todo entre los brazos de Chaeyoung.
Y allí se encontraban, sobre la cama de Jennie, besándose con pasión, lujuria, amor, furia, celos y todos los sentimientos que ambas habían tenido a lo largo de esas dos semanas sin hablarse.
Una grandiosa idea cruzó por la mente de Jennie, haciéndola reír entre dientes y que Chaeyoung la mirara confundida.
-¿Por qué te ríes? - preguntó confundida la menor. Jennie se tomó unos segundos para apreciarla con los labios hinchados, el cabello revuelto, las mejillas sonrojadas y con un poco de sudor cubriendo su frente.
-Nada, nada. - respondió Jennie, echando su cabeza hacia un lado para darle más espacio y libertad a Chaeyoung para que besara, mordiera y chupara su cuello a su antojo. Dejando escapar uno u otro quejido al sentir que la menor la mordia con fuerza en algunos lugares.
-Eres rara. - susurró Chaeyoung, chupando aquél punto sensible en el cuello de la mayor a la vez en la que sus manos comenzaban a buscar el broche del brasier de Jennie.
La mayor abrió la boca para dejar escapar un leve gemido y un poco ofendida.
Colocó sus manos en los hombros de la menor, y tomando impulso, logró cambiar las posiciones, quedando ella sobre el cuerpo de Chaeyoung.
Una sonrisa pícara cruzó su rostro cuando vio la mueca sorprendida que la menor había puesto y que trataba de ocultar.
-Yo no soy rara. - susurró, sobre los labios de Chaeyoung, dando inicio a un juego que sabía que acababa con la paciencia de la menor muy rápido. - Tú eres rara. - tomó el labio inferior de Chaeyoung entre sus dientes, mordiéndolo suavemente. - Mucho. - lo soltó.
-Sí, claro. - se quejó la menor cuando Jennie mordió su barbilla con algo de fuerza. - ¿Podemos dejarnos de juegos y llegar a la parte que verdaderamente nos importa? - preguntó, colocando sus manos en las caderas de Jennie, haciendo que se moviera, creando un vaiven en el que el centro de la mayor se frotara contra su pierna derecha.