Park Chaeyoung, ansiosa por saber sobre el sexo, acude a su mejor amiga Jennie para que le enseñe.
Al pasar el tiempo las cosas comienzan a salirse de control entre ellas, en sus mentes y sus corazones, logranfo confundirlas.
Pero... ¿qué pasaría...
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Chaeyoung mordió con fuerza su labio inferior, frunciendo el ceño y dedicando toda su concentración a aquél juego. Jennie estaba a su lado, animándola a conseguir aquel peluche de pandicornio grande.
La mayor saltó emocionada cuando vio que la "garra" había agarrado con éxito el peluche y miró con una sonrisa a la menor que tenía apresada la lengua entre los dientes, moviendo con cuidado sus manos sobre los botones, intentando no hacer ningún movimiento brusco que pudiera hacer caer el peluche antes de llegar a la abertura por dónde lo sacarían.
-¡No! - gritó con frustración cuando el objeto cayó por quinta vez antes llegar a la abertura.
Jennie sonrió enternecida cuando vio el esfuerzo y concentración que Chaeyoung estaba utilizando para cumplirle su capricho de tener ese panda, ¿o unicornio?. En fin, el peluche.
Ya eran al menos las 05:00 PM. Habían estado todo el día dando vueltas por la ciudad. Al salir de la cafetería, Chaeyoung le había preguntado a Jennie si quería ir a algún parque a dar un paseo, la mayor aceptó y habían terminado jugando en los columpios de allí por al menos media mañana; de allí, habían ido al cine y luego por algo de comer. Al final, habían terminado en un parque de atracciones.
-Vamos, Chae. - habló la mayor al ver que la otra chica metía las manos en su bolsillo de su pantalón para sacar otra moneda. - Podemos subirnos a otros juegos.
-Espera, un intento más. - insistió la menor, volviendo a meter la moneda por la ranura y le daba vida a la maquina.
Cuando había vuelto de haber ido comprar un par de algodones de azúcar para ella y para Jennie, había visto a la mayor mirar con anhelo el peluche que era una mezcla bastante extraña de un panda y un unicornio. Y durante todas las veces que caminaban frente a la maquina, Jennie se detenía a mirar el peluche. Así que, sin decirselo, Chaeyoung insistió en jugar en una de esas máquinas, eligiendo justamente la que contenía aquellos peluches.
-Te acabarás el dinero. - reprendió la mayor, riendo por el empeño de la menor en conseguir aquel peluche.
-Ñe. - susurró, prestándole toda la atención al juego.
Y cuando, por sexta vez, volvió a agarrar el objeto, le rezó a quién sabe a cuál dios para poder conseguir aquél peluche que tanto quería Jennie.
Cuando el pandicornio cayó por la abertura, gritó y dio un salto, abrazándo a Jennie con una sonrisa. La mayor reía por la emoción de la menor, se veía completamente adorable con esa sonrisa de oreja a oreja en dónde se reflejaba el orgullo por haber conseguido lo que había intentando tantas veces sin rendirse.
Chaeyoung sacó al animal de peluche y lo abrazó, aún no se lo daría a Jennie, esperaría hasta llevarla a su casa.
-¿Quieres subirte en la rueda de la fortuna? - preguntó Jennie, señalando a la gran atracción. - Será divertido. - sonrió con la lengua entre los dientes, frunciendo su nariz.