Escuché muchas veces a mis primas decir que cuando te enteras de que estas embarazada la barriga crece, y que cierto es. Justo ahora me encuentro solo en ropa interior frente al espejo de cuerpo completo de la habitación. Y, para ser totalmente sincera es la primera vez que me veo de esta forma, solo en ropa interior; no odio mi cuerpo, jamás lo haré, pero nunca me he sentido cómoda, me veo y observo que todo está fuera de lugar; es como si este no fuera mi cuerpo y todo gracias a los malditos estereotipos que nos ha impuesto la sociedad. En fin, la cosa es que hoy por primera vez no me da vergüenza verme de esta manera.
Giro varias veces, de izquierda a derecha viendo mi abultado vientre, el cual hasta los momentos se ve como si estuviese gorda pero más ovalado. Sonrío al imaginar a mi pequeño cuando esté en mis brazos, cuando pueda tomar su diminuta mano.
Los brazos de Hugo me envuelven desde atrás hasta que tocan mi abultado vientre. Alzo la vista y nuestros ojos se encuentran a través del espejo, el cual, nos devuelve el reflejo de nosotros dos abrazados. Él inhala hondo sobre mi cuello rozando muy sutilmente mi piel; que en estos momentos está de gallina. Muevo un poco el cuello para darle total acceso y Hugo no desperdicia la oportunidad porque clava los dientes y succiona con fuerza mientras una de sus manos baja hasta el elástico de mi ropa interior.
— No dejes de mirar le espejo — ordena para seguir con su juego.
Mi vista, tal y como lo pide él, no abandona el espejo por muchas que sean las ganas de cerrar los ojos, hago todo lo que está en mi por obedecer pero cuando su gran mano toma uno de mis pechos mientras sus dedos juegan dentro de mí provocando que una corriente eléctrica me haga cerrar los ojos de placer.
— Te dije que no cerraras tus ojos— los movimientos de sus manos paran abruptamente
Abro los ojos de golpe, giro la cara para mirarlo a los ojos y él aprovecha la oportunidad para besar mis labios que lo reciben gustoso aumentando mi libido aún más, de repente y con algo de fuerza coloca nuevamente mi rostro frente al espejo sin emitir palabra. Nuestros ojos llenos de deseo vuelven a encontrarse en el espejo y uno de sus dedos sube por mi brazo hasta alcanzar la tira de mi brasier, la cual baja despacio, para después ir tras la otra, hasta que mis senos solo están sostenidos por la copa. Ese mismo dedo se esconde tras mi espalda y de un momento a otro estoy sin brasier, con mis pechos al aire libre.
Mis bragas no se quedan detrás, ya que con un solo movimiento las rompe dejando que lo que queda de ellas caigan a mis pies. Siento como me inclina un poco y coloca su mano en mi hombro; me apoyo con las manos en el espejo colocando solo las palmas y lo siento desvestirse pero no hace nada, solo se queda detrás de mí y me mira embelesado.
Le suplico con la mirada que avance, que no me deje así, cuando endurece la mirada y se adentra de un solo empellón
— Ahhh — grito gustosa
Hugo entra y sale de mí sin despegar sus ojos del espejo. Hago lo posible por no cerrar los míos. Es indescriptible el morbo de vernos hacer el amor frente al espejo, es excitante y hasta cierto punto obsceno. Dejo caer la cabeza cuando su agarre aumenta la presión. Gimo como loca ahuyentando las ganas de que el orgasmo se aproxime, pero Hugo, dificulta la tarea, ya que sus dedos vuelven a mi punto sensible y su toque ágil termina de deshacerme provocando que llegue pronto al nirvana. Después de unas cuantas estocadas más, Hugo se une a mí.
Trato de acompasar mi respiración sintiendo mis piernas temblar. Eso fue intenso, como él, que tiene su cabeza apoyada en mi espalda.
— Eres la mujer de mi vida— dice respirando con dificulta — vístete que vamos a casa de mi madre.
Y ahí se va todo el romanticismo. Alzo la mirada encontrándome con que Hugo ya se ha alejado. Con rabia muerdo el interior de mi mejilla y camino hasta el baño para asearme y arreglarme.
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Zahina ©
ChickLitDicen que a las mujeres ni con el pétalo de una rosa, él la lastimaba con sus espinas...
