Si no colaboras
SER NO IDENTIFICADO
Pulsó una serie de botones y al instante sonó un pitido.
La puerta del acero más grueso se deslizó, dando paso a una gran estancia. Una habitación vacía en la que solo se hallaba una silla y, en esa silla, se encontraba sentado un chico de dieciséis años, con las manos en la cabeza estirándose del pelo. Un pelo que ardía, un cabello cuyas puntas terminaban en fuego y soltaban chispas. Unos ojos cerrados que escondían unos iris rabiosos, poblados de ira, de llamas rojas y amarillas. Unos ojos que también albergaban soledad y tristeza. Unos ojos que pronto dejarían salir las lágrimas, agua en armonía con el fuego triste de sus iris.
El chico escuchó la puerta abrirse, pero no se dio la vuelta, se quedó inmóvil, con los codos apoyados en las rodillas y la espalda arqueada. Temblando.
La otra persona que había abierto la puerta entró. Cerró tras de sí. No le tenía miedo al fuego. Pero el problema era que el fuego tampoco le tenía miedo a él, a Caín.
Los rasgos tailandeses de la contaminación quedaron iluminados por la única luz que había en el medio del techo. Se dibujó una sonrisa retorcida en su rostro.
- Tienes otro trabajo que llevar a cabo, Fuego. Levántate- ordenó Caín, con las esposas preparadas.
Repentinamente, Felipe dejó de temblar, y giró su rostro para observar con una mirada vacía de emociones y que brillaba en la oscuridad a la contaminación. Caín se esforzó por no estremecerse. El fuego se levantó y, en pie, miró a Caín. Esbozó una sonrisa torva, con los ojos abiertos de par en par.
- ¿De verdad crees que voy a seguir ayudándoos? – preguntó Felipe, cambiando a una expresión seria.
Caín entrecerró los ojos.
- Oh, claro que lo harás- respondió la contaminación, inmóvil y con los brazos cruzados.
- O no. ¿Quién sabe? ¿Sabes lo que me vendrían bien? Unas vacaciones. Dejad a ese pobre muchacho pelirrojo, no sabe ni atarse los cordones de los zapatos. ¿En serio le tenéis miedo? – Felipe soltó una carcajada limpia y cargada de burla-. Lo de la mariposa estuvo divertido, pero ya está bien.
- No te dejes llevar por lo que es divertido y lo que no. Mejor... ¿qué tal si miras por la seguridad de tus... amigos? – dejó caer Caín en susurros, con una leve sonrisita de satisfacción-. Ya sabes lo que pasó la última vez... porque no quisiste colaborar. ¿Quieres que te lo recuerde?
Felipe apretó los puños con fuerza y se le tensó la mandíbula.
- No te atr...- intentó decir el fuego, pero Caín se le adelantó.
- Acis está muerto. Indra no llegó. Pasó hace dos meses... ¿Quieres que hagamos lo mismo con Tobías, con Oni? ¿Con Aarón?
Felipe corrió hacia él y un impulso lo llevó a agarrar a Caín del cuello y estamparlo contra la pared sin dejarlo escapar. Su pelo ardía, al igual que sus ojos, llenos de rabia que estaba saliendo a la luz.
- ¡No le toques ni un pelo! – le gritó a la cara, con su cabello echando chispas. Caín no podía respirar. Felipe estaba dispuesto a estrangularlo con sus manos allí mismo. La parte blanca de los ojos de la contaminación se cubrió de negro y los hilillos de petróleo que caían por sus mejillas se agrandaron.
- ¡Suéltame! – bramó Caín.
- Nadie lamentará tu muerte- susurró con fiereza Felipe, cerca de la oreja de Caín.
- ¡Eh! – ladró alguien. Una chica. La misma que corrió hacia Felipe y con una fuerza brutal lo consiguió apartar de Caín y colocarle, no sin esfuerzo, las esposas en las muñecas tras la espalda.
- Tea- murmuró Caín, alisando su camiseta negra. Felipe lo observaba con profundo odio. Los ojos de la contaminación comenzaron a tomar un color más normal a medida que se iba relajando.
- Caín, si no fuera por mí, estarías muerto. ¿Por qué dejas que te humille así? – le preguntó Tea. Se pelo rubio lo tenía echado a un lado, la otra mitad de su cabello se encontraba rapado.
- Ya lo iba a matar yo si se le ocurría asesinarme- afirmó la contaminación-. Vamos, tenemos trabajo que hacer. Y Felipe colaborará, porque si no, él ya sabe qué pasará con sus seres queridos- Caín miró al fuego y se pasó un dedo por el cuello, indicando que los mataría a sangre fría y de la manera más dolorosa.
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Quien Hace Crecer Las Flores || TERMINADA
FantasyCuando él despierta, no recuerda nada. No sabe quién es, no sabe hablar, no sabe de dónde viene. Lo primero que ve es a unos gemelos de lo más peculiares que le harán entender que el mundo lo necesita. Cuando ella despierta, por el contrario, lo rec...
