Acis no sabe hacer cumplidos
INDRA
Fueron cuatro días largos, calurosos e intensos. Cada paso que dábamos era un pinchazo más de dolor en las plantas de nuestros pies. Estábamos tan cansados, yo por el calor que hacía y Acis por esa quemadura que cada vez tenía peor pinta, que ni siquiera podíamos utilizar nuestros poderes.
El sudor me recorría la espalda y la frente. ¿Cómo podía ser aquel terreno tan seco y casi sin habitantes?
Descansábamos mucho bajo la sombra de cualquier árbol que encontrábamos y, en todas esas veces, le revisaba la quemadura a Acis.
- Déjame volver a verla- le decía, dándole una botella de agua que sabía asquerosa de lo caliente que estaba. Acis se recostó sobre el tronco del árbol ante mí.
- Bébete tú lo que le queda de agua a esa botella, ¿quieres? Tienes la cara roja- me contestó, mientras yo le quitaba esa venda improvisada que había hecho con su propia chaqueta sucia. Abrí la bolsa con los medicamentos que él mismo había robado de aquella farmacia allí en Lisboa y busqué algo que indicara que curaba heridas.
- Oh, ¿Acis me está ofreciendo algo en vez de quedárselo él como buen dios griego que es? – le pregunté, con una leve sonrisa. Él puso los ojos en blanco y sonrió ampliamente-. Te estoy diciendo que te la bebas tú.
- Pero te vas a morir de un golpe de calor.
- ¡Y tú también!
Acis apretó la botella y el chorro de agua me cayó sobre la cara y me empapó entera. Abrí la boca. Él estalló en carcajadas.
- ¡Serás...! – exclamé.
- Se te ve más fresca- bromeó él. Reprimí una sonrisa y le arrebaté la botella de la mano.
- ¡Nos la podríamos haber bebido!
- Todavía queda una po...- no terminó la frase, porque le eché el agua que quedaba en la cara. Esa vez, no pude aguantarme y me reí a carcajadas.
- ¡Qué cara de susto has puesto! – exclamé. Él sonrió.
- Ja, ja, ahora cómo voy a lucir mi belleza si tengo una mezcla de sudor y agua en la piel que me hará oler a tor... ¡AU! – se quejó con elegancia, cuando le eché betadine sobre la quemadura-. ¡Avisa, por todos los dioses! – exclamó con una mueca de dolor.
- ¡Perdón, perdón! – me llevé una mano a la boca-. Podrías haber cogido vendas también.
- Es que acababa de salir de un ataúd- se excusó. Vino un viento cálido que nos refrescó la piel, cosa que no habría pasado si no nos hubiéramos echado agua encima. Los dos cerramos los ojos.
- Es que no quiero volver a ponerte la chaqueta sucia, se va a infectar.
No dejé que respondiese, me rasgué el mono que llevaba, rodeando mi cintura, quedando una cinta deshilachada.
- Esto servirá, ¿no? – pregunté.
- Yo... Supongo que sí- contestó él. Le tapé la quemadura con la cinta, cuidadosamente.
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Quien Hace Crecer Las Flores || TERMINADA
FantasíaCuando él despierta, no recuerda nada. No sabe quién es, no sabe hablar, no sabe de dónde viene. Lo primero que ve es a unos gemelos de lo más peculiares que le harán entender que el mundo lo necesita. Cuando ella despierta, por el contrario, lo rec...
