Daphne
Al día siguiente por la mañana, nos despertamos muy pronto para viajar a Boston. Decidimos que mejor iríamos en coche que en avión porque así no tendríamos que alquilar un coche allí, además, tampoco teníamos mucha prisa. Pero decidimos salir pronto de Nueva York para llegar cuanto antes.
Ayer llegamos bastante tarde, más o menos sobre las tres de la mañana. No me puedo creer lo que hicimos ayer. Quien me diría que acabaría en una habitación con ellos dos...
Ahora mismo eran las ocho y media de la mañana, habíamos quedado con Zed a las nueve. Él irá con su propio coche y nosotros dos iremos en el de Aquiles. Aquiles se estaba duchando mientras yo acababa de preparar la maleta. Habíamos decidido en que compartiremos la maleta, total, solo nos quedaremos allí una noche, por lo tanto solo necesitábamos llevarnos una muda de recambio.
Cuando cerré la maleta, decidí ir al baño para peinarme y arreglarme un poco. Yo ya me había duchado. Abrí la puerta y entré. Aquiles aún estaba en la ducha y, joder...me quedé embobada viéndolo a través de la mampara. Ver como caía el agua por sus músculos, como echaba la cabeza para atrás, como su pelo mojado estaba también hacia atrás... sexi.
Aquiles giró su cabeza y me pilló. Sonrió de la manera más sexi que he visto y yo sonreí de vuelta. Cerré la puerta tras de mí y empecé a buscar en los cajones, mientras él seguía duchándose. Decidí recogerme el pelo en una coleta para poder estar más cómoda, ya que íbamos a estar en un coche encerrados durante tres horas y media.
No tardó mucho en acabar de ducharse, porque en cuanto se paró el agua, rodeó su cintura con una toalla blanca y salió de la ducha, parándose detrás de mí. ¿Por qué este hombre era tan atractivo y tentador? Parecía que no podía pensar en otra cosa que no fuese estar cerca de él, escuchando gemir en mi oído, él dentro de mí... Aquiles era como un imán y yo me sentía más que atraída por él.
—Estás preciosa —me susurró en el oído mientras su mirada se conectaba con la mía a través del espejo.
—Gracias —sonreí tímidamente.
Me dio un beso en el hombro antes de salir del baño para cambiarse. Acabé de arreglarme, me puse perfume y un poco de corrector para las ojeras. Cuando salí, Aquiles estaba en boxers pensando qué ponerse. Sonreí. Tenía al novio más atractivo del mundo. Estaba orgullosa.
—Voy a preparar algo de desayuno —le comenté y él asintió.
Bajé por las escaleras hasta la cocina y fui a la nevera. La verdad es que no teníamos mucho tiempo para desayunar, así que ya pararíamos en algún sitio para tomar un café, pero por ahora, un poco de fruta.
Cogí diferentes piezas de fruta y las empecé a cortar encima de la tabla. Hoy venían a redecorar la casa y ambos estábamos llenos de ganas por ver el resultado final. Cogí dos boles para ir poniendo las piezas de fruta troceadas. Estaba pensando en todo lo que este fin de semana podía suponer. Veríamos a Luke y a Rebeca juntos. No sabía cómo me sentaría eso, esperaba que de ninguna manera porque, aunque Luke hizo lo que hizo, siempre estuvo conmigo desde que tenía uso de razón.
Unas manos me rodearon la cintura y me sobresalté, pero no me importó porque sabía quién era. Su colonia se había colado por mis fosas nasales y, sigo pensando que huele maravillosamente. Su cara se hundió en mi cuello y empezó a besarlo, desconcentrándome de mi tarea, pero no me importaba porque me encantaba que hiciera estas cosas. Sonreí y giré un poco la cara para verlo.
Me dio un beso y seguí cortando la fruta, aun con sus labios besándome el cuello y sus manos rodeando mi cintura.
—Podemos parar a por un café si te apetece, porque ahora no me da tiempo —le comenté en cuanto acabé de cortar la fruta.
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HAZLO CONMIGO
RomanceDaphne Fox vive en Nueva York después de haber perdido a su familia en un accidente muy trágico que le dejo consecuencias. Ella sintió que estaba sola hasta que lo conoció. Aquiles Price, un hombre frío e imponente, de hielo, entrará en su mundo pa...
