Daphne
Llevábamos ya cuatro días viviendo juntos, y nos estaba yendo genial. Pensaba que ya habríamos discutido por alguna tontería, pero la verdad es que no había pasado nada de eso.
De hecho, había sido todo lo contrario. Cada vez que llegábamos al apartamento, Aquiles se lanzaba y acabábamos haciendo. Lo mismo pasaba por las noches y por las mañanas de nuevo.
Era jueves. Aquiles nos había preparado el desayuno, ya que, oficialmente él es el cocinero de la pareja. Siempre sigue una dieta muy estricta porque, aunque no lo parezca, mi Aquiles es bastante hipocondriaco y se asusta a la más mínima, por eso siempre mantiene un hábito muy saludable. Con Aquiles quedamos que los martes y jueves íbamos a la OFSP para entrenar e investigar.
No me arrepentía nada de haber tomado esta decisión, de habernos mudado juntos. De hecho, pensaba que era una de las mejores. Yo todavía era joven, igual que Aquiles, pero no queríamos perder tiempo, y menos cuando lo podíamos pasar juntos.
Aunque nos gustara mucho pasar tiempo juntos, ambos entendimos que para que esto funcionara, teníamos que tener nuestro propio espacio. Por eso, hablamos con Layla y le dijimos que reformara otras dos habitaciones más. Por un lado, el despacho de Aquiles, ya que quería acomodarlo. Después, una de las habitaciones era para mí, que la utilizaría también como despacho y donde tendría una librería gigante.
Así, sabíamos que ese era nuestro espacio y no nos agobiaríamos. Ambos pensábamos que de esta manera no nos cansaríamos ni nos agobiaríamos, tendríamos libertad y después tendríamos más ganas de estar juntos.
Por esa razón, ayer llamamos a Layla y le comentamos nuestra nueva idea y le pareció genial. A las tres horas, ya nos había pasado posibles ideas para la decoración de ambas habitaciones. También acordamos la fecha para llevar a cabo la reforma. Se haría el fin de semana que nos íbamos a Boston. No había mucho que hacer, era más decoración que otra cosa.
Aquiles estaba mirando unos correos electrónicos en su teléfono mientras desayunamos, mientras yo lo observaba a él. Ya iba vestido en su traje y estaba demasiado atractivo. Yo también iba vestida con un traje muy bonito blanco.
Mi chico era exageradamente guapo y caliente. Estaba tomándose el café, con el reloj en la muñeca, su mirada fija en el teléfono con el ceño ligeramente fruncido y en traje. Demasiada tentación.
—Amor— me llamó, levantando la mirada de su móvil.
Cuando me vio mirándolo, descaradamente, ni siquiera traté de esconderme, simplemente le sonreí y vi como me sonrió de vuelta. Me encantaban los hoyuelos que se formaban en su rostro. Le hacían ver más cálido, más relajado y feliz.
—¿Qué? —le pregunté cuando vi que no contestaba.
—Eres preciosa— dijo de repente.
Desde que nos pasabamos el día juntos, Aquiles se pasaba el rato diciéndome lo preciosa, sexi, inteligente, guapa, atractiva, perfecta, guerrera, única...que era. Y me encantaba. No podía evitar sonreír y acercarme a besarlo. Era irresistible e imposible dejar pasar. Cuando Aquiles estaba feliz, yo también lo estaba.
No pude evitar ponerme de pie y colocarme entre sus piernas. Rodeé su cuello y me acerqué a él. Rocé nuestras narices antes de darle un beso que nos hizo sonreír a ambos. Cuando me separé, lo miré a esos increíbles ojos grises y me perdí en ellos, como siempre que los miraba.
—¿Querías decirme algo? —le pregunté, inocentemente.
—No me acuerdo— reconoció.
Me reí. Aparte de estar caliente todos los segundos del día, también me hacía reír.
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HAZLO CONMIGO
RomanceDaphne Fox vive en Nueva York después de haber perdido a su familia en un accidente muy trágico que le dejo consecuencias. Ella sintió que estaba sola hasta que lo conoció. Aquiles Price, un hombre frío e imponente, de hielo, entrará en su mundo pa...
