- Capítulo diecisiete -

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Lex negó con la cabeza.

—No, no pasa nada. Aunque me pica la curiosidad, ¿por qué viniste? —Me encogí de hombros mientras comenzaba a mirar la habitación, buscando una respuesta que darle.

—Porque no me sentía cómoda yendo a ningún otro lugar. —Terminé diciendo, que era la verdad. Lex sonrió, y de repente cambió su expresión. Levantó la mano señalándome la ropa.

—Puedo prestarte algo —dijo acercándose a su placar, antes de que pudiera decir algo, ya había sacado un pantalón deportivo como el que tenía puesto yo pero de hombre y color negro, y una remera de mangas cortas negra con un estampado de Pink Floyd cubriendo el centro. Me entregó ambas prendas, al tomarlas y agradecerle, me fijé que en no tenía otra puerta en la pieza más que la que salía al pasillo, así que supuse que el baño estaría fuera.

—No me cambiaré frente tuyo, date la vuelta —dije sonriendo. Lex rió y se dio la vuelta, mirando hacia la puerta.

Me quité la remera, que estaba destrozada, y me fijé que tenía el estómago rojizo, y unos pequeños arañazos que cubrían casi toda la superficie. Me toqué, pero no me ardía, solamente tenía un poco de sangre. 

—¿No tienes algún papelito? —pregunté.

—¿Para escribir? —Dudé un instante. Finalmente suspiré.

—Date la vuelta —pedí.

—¿Ya te cambiaste? —preguntó inseguro, haciéndome sonreír.

—Vamos, Lex. ¿Nunca viste a una chica en ropa interior? —Lex negó con la cabeza, y pude imaginármelo sonriendo. Tardó unos segundos en darse vuelta, y cuando lo hizo, sus ojos fueron directamente a mi estómago, me miró sorprendido.

—Traeré algo de alcohol y un paño —dijo antes de salir de la habitación volando.

Aproveché ese momento para cambiarme el pantalón, y me quedé observando la habitación. Estaba completamente ordenada, no parecía el cuarto de un chico de dieciséis años, lo único que estaba desarreglado era la cama, que claramente era porque se había levantado a recibirme.

Volvió un rato después con un paño, lo tomé y le agradecí. Ya estaba mojado y comencé a pasármelo por el estómago, que comenzó a arder y a limpiarse. La mayoría de lo rojizo no lo tenía, así que supuse que era sangre.

Cuando terminé, solamente quedaron pequeñas líneas.

—¿Alguien te lastimó? —preguntó Lex mientras le devolvía el paño y éste lo dejaba sobre el escritorio. 

— No. — Negué con la cabeza mientras me ponía la remera que me había prestado.

No sabía que tan grande era su cuerpo hasta que pude verme con la ropa puesta, ambas prendas me quedaban uno o dos talles más grandes. 

Lex sonrió al verme.

—Para la próxima tendré ropa de tu tamaño. —Su comentario hizo que mis mejillas se encendieran, y supe que se dio cuenta de mi reacción cuando sonrió más ampliamente.

Miré la cama y la señalé.

—¿Puedo? —Él asintió y me observó mientras me acercaba y me metía debajo de las sábanas. Lex no se había movido ni un centímetro, sólo me miraba desde donde estaba. —¿No vienes? —pregunté. Dudó un instante, supuse que no estaba seguro si era lo correcto, pero finalmente sonrió y se acostó.

Quedamos frente a frente, y no hicimos más que mirarnos. Nunca lo había tenido tan cerca de mí y debía admitir que no se sentía nada mal. 

Moví mi mano hasta encontrar la suya y enredé mis dedos en los suyos. Por primera vez en toda la noche, me sentí cómoda. 

Lex suspiró.

—¿Algún día me contarás qué es lo que sucede? —susurró.

—Algún día —contesté en el mismo tono que él.

El silencio creció entre nosotros, y ninguno hizo más que mirarse. No se sentía incómodo como la mayoría creería, se sentía algo… Normal. Algo que el corazón sabía que estaba correcto.

Lex se acercó más a mí, por un momento creí que iba a besarme pero no fue así. Solamente se quedó quieto, sin hacer ni decir nada.

Lo miré unos segundos, y dudé también. Hasta que finalmente me acerqué, y fui yo quien lo besó. Él pasó su mano por detrás de mi cuello y enredó sus dedos en mi cabello, yo hice lo mismo con mi mano y lo despeiné aún más.

—¿No irás a tu casa? —preguntó Lex, sobre mis labios, y negué con la cabeza. — ¿Tus padres no se preocuparán?— No había pensado en eso, porque sabía que ellos creían que estaba en mi habitación, durmiendo. Si hubieran escuchado que me había ido en el medio de la noche, me habrían ido a buscar. Pero no fue así.

También tenía en claro que no me quedaría toda la noche en la habitación de Lex, me iría antes de que amanezca y su familia y la mía despertaran.

—No —susurré sonriendo, y volví a besarlo.

En ese momento, me olvidé de todo. De mis padres, de mi pelea con Alison y Sam, y de mi discusión con Jensen. Olvidé la desconfianza que había sentido cuando estuve junto a él, también el miedo y la incertidumbre. El enojo y el sentimiento de no pertenecer a ningún lado.

Y sentí que, después de mucho tiempo, algo comenzaba a salir bien.

Abrí los ojos, y lo primero que vi fue el reloj que marcaban las 5:08AM, estaba acostaba sobre mi brazo derecho, y el brazo de Lex me recorría la cintura, podía sentir su respiración sobre mi cuello. Resistí unos segundos de levantarme, quería quedarme ahí hasta que en verdad tuviera que irme, quería quedarme ahí porque sentía paz. Pero la realidad era que debía ir a mi casa antes de que alguien despertara, viera mi cama vacía y llamara a la policía. 

Con cuidado moví el brazo de Lex, y cuando estuve libre, me levanté. Lo miré, y tenía uno de los brazos bajo la almohada y el otro, con el que me abrazaba, estaba estirado sobre la cama. Tenía la boca abierta y sus ojos se movían bajos los párpados, en señal de que estaba soñando. Se veía tan tranquilo que me pareció un pecado despertarlo, pero igualmente quería que en cuanto se despertara se comunicara conmigo. Así que miré a mí alrededor hasta que encontré sobre el escritorio las carpetas del colegio y la cartuchera.

Tomé una lapicera y una hoja de una de las carpetas, escribí en ella mi número de celular, la doblé y la dejé parada al lado del reloj, para que fuera  lo primero que viera. Vi que a un costado de la cama, en el piso, estaba la ropa que había usado el día anterior. Lo tomé.

Le eché un vistazo más a Lex y no pude evitar sonreír al recordar el beso.

Me dirigí a la puerta, traté de hacer el mínimo ruido hasta que pasé del otro lado, la cerré y bajé por las escaleras hasta llegar a la puerta principal, y salir a la calle.

Aún el cielo estaba oscuro. Hice mi camino rápido a mi casa, abrí la puerta sin problemas, y cuando estuve del otro lado, la cerré con llave. Miré a mí alrededor para asegurarme de que no había nadie, cuando el silencio me confirmó mi sospecha, subí las escaleras en punta de pie, tratando de no hacer ruido. Llegué a mi habitación, que tenía la puerta entornada, entré y la cerré detrás de mí.

Me tiré en la cama y agarré mi celular, que guardaba en el cajón, una parte de mí deseaba que Lex se hubiera despertado y ya me hubiera mandado un mensaje, pero sabía que no era posible. Aunque me sorprendí al ver que tenía ocho mensajes nuevos, los abrí confundida. Eran de Jensen.

En algunos pedía que me lo llamara, que lo perdonara, y otros preguntaban dónde estaba, por qué no me encontraba en mi casa. Fruncí el ceño, ¿cómo sabía que había ido directo a mi casa? ¿Había estado aquí? Aquello me enojó aún más. No bastaba con que me hubiera ocultado un secreto que podría haberme ayudado durante todo este tiempo, sino que también había aparecido en mi casa para vaya a saber qué, si para hablar o para ver si estaba ahí. No importa cuál fuera la excusa, nada lo justificaba.

Apagué el celular y lo guardé de mala gana en el cajón, hace unos minutos estaba más feliz que nunca y no quería dejar que Jensen arruinara esa felicidad. Así que decidí ir a dormir.

Aunque su rostro me persiguió hasta que me quedé profundamente dormida, preguntándome si en verdad podía o no confiar en él.

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