Dudé unos segundos antes de avanzar hacia Lex, y contemplé seriamente la idea de salir corriendo hacia la dirección contraria para alejarme de él. Me armé de valor y caminé hacia mi casa, lentamente, para darle tiempo a que se pusiera de pie y caminara hacia mí. Justo como lo calculé, ambos estábamos frente a la puerta de mi casa. Me pregunté qué hacía tan temprano allí, ya que apenas y el sol estaba en el cielo. Antes de que alguien dijera nada, me dediqué a contemplarlo: llevaba unos pantalones de gimnasia azules y una remera de mangas largas gris. ¿No tenía frío? Además, tenía el cabello despeinado y aún se notaba que estaba cansado.
—¿Quieres pasar? —pregunté algo incómoda. Él asintió y ambos pasamos a la casa.
Sin decir nada comencé a subir las escaleras hasta llegar a mi habitación. Me di la vuelta para ver cómo Lex cerraba la puerta y se apoyaba en esta.
—¿Es de él? —cuestionó, señalando con la cabeza el buzo, instintivamente bajé la mirada, era obvio. Seguramente nos había visto, y había sacado sus propias conclusiones, además me queda dos talles más grandes de lo normal. Volví a mirar a Lex, pero no contesté. No tenía por qué.
Al darse cuenta que no iba a contestar, suspiró y desvió la mirada un momento antes de volver a concentrarse en mí.
—Lo siento —dijo, sorprendiéndome. No esperaba eso de él, aunque tampoco se me ocurría alguna otra razón por la que presentarse en mi casa—. Lamento no haber estado antes. —Se refería a cuando discutimos.
—Yo también —susurré. Lex se acercó unos pasos hacia mí.
—Yo... Quiero estar contigo, Gabby. —Soltó de repente, dejándome helada—. Pero no puedo estar con alguien que no conozco. —Abrí la boca para hablar pero me interrumpió apoyando un dedo sobre mis labios—. Puedes guardarte el casette grabado que tienes en la cabeza para ti. ¿De qué podrías estar protegiéndome? No tengo ocho años, Gabby. Puedo manejar las cosas. —Tenía razón. Detestaba admitirlo, pero tenía razón. Y, ¿qué más daba si le contaba? Estaba en peligro por el simple hecho de estar a mi lado, al menos si sabía la verdad sabía de qué cuidarse.
Odiaba que trataran de protegerme, y yo estaba haciendo lo mismo con él. Estaba segura de qué era lo que sentía.
Quitó suavemente su dedo de mis labios y rozó mi barbilla, antes de alejarlo por completo.
Miré al piso y cerré los ojos. Me concentré en ambas manos, las cerré y pensé en las garras que tenía cuando me transformaba. Era algo que nunca había intentado antes, pero debía hacerlo por Lex, y por mí.
Abrí los ojos y con un movimiento rápido, abrí las manos y de ambas salieron garras largas y marrones. Quedé sorprendida y emocionada a la vez. Miré a Lex, quien tenía los ojos abiertos como naranjas y la boca casi toca el suelo. Dio un paso hacia atrás pero no dijo nada, solamente seguía mirando las garras.
—Tú querías saber... —dije, y con mucho esfuerzo desvió la mirada de las garras hacia mis ojos.
—¿Qué... qué es eso? —preguntó, totalmente asustado. Con otro movimiento rápido bajé las manos, y las garras se desvanecieron—. Oh... Por... Dios... —susurró dando un paso hacia atrás.
—¿Quieres que te lo explique? —cuestioné, pero él no respondió—. Sigo siendo yo, Lex. Y te voy a contar todo, sin dejar nada aparte. ¿Es lo que quieres? —insistí, y, dejándome atónita, Lex asintió.
Invité a Lex a sentarse en mi cama, y cuando ambos nos sentamos, él más lejos de lo que esperaba, me sentí más segura para comenzar mi relato.
—Todo empezó hace ya, cuatro meses. Me gustaba ir de fiestas, salir de noche, y todo lo que les gusta a algunos adolescentes. Un día, me invitaron a una fiesta en el bosque, algo que era ilegal, y fue eso lo que más llamó mi atención. Les pedí permiso a mis padres, les dije que habría una fiesta en la casa de una amiga. Les mentí. Pero me dijeron que no, y ahora que lo pienso tal vez sabían que algo andaba mal.
» Igualmente, no les hice caso. Aquella noche salí igual cuando todos estaban durmiendo, y cuando estaba caminando por el bosque, sola, oí unos pasos. Recuerdo que todo estaba tan oscuro y yo tan asustada que no supe qué hacer, y en vez de correr, me quedé paralizada. Nunca me había sucedido algo así, y no suelen pasar cosas extrañas por aquí. Al principio pensé que era alguno de mis amigos haciéndome una broma, pero me di cuenta que estaba equivocada cuando oí a los pasos más rápidos y más cerca, y en cuanto empecé a correr, ya era demasiado tarde. Algo me había tomado por el tobillo, y lo último que recuerdo fue una gran punzada en el estómago.
» Jensen me encontró. Él dice que llegué a la fiesta, pero yo no lo recuerdo, tal vez estaba cerca.
» Me dejó en mi casa, es decir, literalmente me dejó en la puerta. Y lo próximo que recuerdo es haber despertado en el sofá. Miré mi remera que estaba manchada con sangre, pero no había herida alguna. Mis padres habían estado a punto de llevarme a un hospital hasta que vieron que se cerraba sola. Al principio pensamos que la herida no era tan grande como habíamos pensado, y que nada extraño sucedía. Pero todo cambió cuando la primera luna llena me escapé de mi casa fuera de control, y aunque no maté a nadie, no recuerdo haber hecho nada, solo desperté en el bosque y cuando volví a mi casa sabíamos que algo no andaba bien. Entonces fue cuando decidí mirarme la cicatriz de la herida que había sufrido, eran puntos, como si me hubieran mordido.
» Nos costó mucho tiempo asimilarlo, pero tampoco queríamos que anduviera suelta por allí. Así que, cuando encontramos una casa en el bosque decidimos poner unas cadenas y pasar la noche de luna llena ahí.
» Así es como nos dimos cuenta que era mitad lobo.
Miré a Lex detenidamente, antes de seguir abarrotándolo con la historia que seguía después de esa noche hasta el día de hoy. Parecía estar asimilándolo todo, tenía la mirada perdida en la colcha de la cama, y sus dedos jugaban con su labio inferior. ¿En serio teníamos que hacer eso ahora? ¿Por qué no nos besábamos y dejábamos todo esto para otro día?
—¿Quieres que siga? —pregunté, apartando mis pensamientos. Él asintió. Y entonces seguí hablando, le conté la versión de Jensen de aquella noche, le conté sobre que es un hombre lobo y que soy parte de su manada, también hablé sobre la manada que me había provocado esto y que ahora trataban de asesinarme. Le dije sobre cómo Sam y Alison lo descubrieron, de lo que en verdad había pasado en el baile y el día del torneo, cómo supe que todos estaban en peligro y mis sospechas sobre que alguien parte de aquella manada debía trabajar en la escuela, y le hablé sobre cómo logré controlarme la noche anterior —. Perdón por no haberte contado todo esto antes. — Susurré acercándome a él, no se alejó, en su lugar me miró.
—Lo entiendo. —Esperé unos segundos para ver qué más iba a decir—. Es mucho para procesar. —Asentí—. ¿Hannah lo sabe? —Negué con la cabeza y él volvió a asentir—. Lamento haberte presionado y lamento no darte una reacción instantánea...
—Debías saberlo, y sé que no debo esperar nada de ti en este momento, es mucho —dije bajando la mirada. Aunque lo dije en respuesta a lo que él había dicho, también lo aplicaba en otros aspectos que esperaba que entendiera.
Me sorprendí al ver su mano sobre la mía. Lo observé cómo se acostaba de costado, apoyando su cabeza en una de sus manos y con la otra tenía mi mano y la acariciaba con su pulgar. Una pequeña sonrisita apareció en su rostro, achinando sus grandes ojos marrones. No pude evitar sino sonreírle de vuelta, y supe, aún sin palabras, que todo estaba bien entre nosotros.
Luché internamente entre besarlo o no. Finalmente, lo tomé del rostro y lo besé, como si hacía años que estábamos separados, y no solo un par de días.
Lex se acostó sobre su espalda, provocando que pasara una de mis piernas a su otro lado, dejándolo a él en el medio. Sus manos recorrieron mi cintura de arriba abajo, suavemente. Y mis manos se enredaron en sus cabellos, despeinándolos aún más.
Había pasado sus manos por debajo del buzo de Jensen y mi remera, cuando me di cuenta de que sólo era cuestión de tiempo antes que Hannah o mis padres se despertaran, me dejé caer a un lado y Lex me miró confundido, aún con los labios estirados para besarme. Reí.
—Deberías irte. Estoy segura de que alguien se levantará pronto —dije. Lex asintió.
—Está bien, ¿hablamos luego? —preguntó sonriendo de lado. Asentí y me dio un beso corto en los labios antes de que ambos nos levantáramos y lo acompañara hasta la puerta principal.
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Moonlight
Manusia SerigalaGabby es una adolescente común y corriente. Hasta que una noche es mordida y convertida en mitad lobo; ella piensa que tiene todo bajo control pero cuando comienza a sentir que la siguen y su cuerpo lucha para convertirse en lobo cada vez que se enf...