Capítulo 27

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Bien dicen que no todo es perfecto, en lo bueno siempre hay algo malo y en lo malo siempre hay algo bueno. Estuve bien con Izan pero Isaac casi lo arruina, y la fiesta estuvo increíble pero la mamá de Aaron la terminó. Eso sí, lo bailado nadie nos lo quita.

Es domingo y aunque mamá me avisó de última hora estoy vistiéndome con un vestido que me trajo para una boda de no sé quién.

— Te queda espectacular el color violeta– me dice cuando bajo.

— ¿Puedo invitar a Izan?

— Estoy deseando conocerlo – dice emocionada –, dile que lo pasaremos viendo en cuarenta minutos.

Que fácil es todo con Abigail, me consiente en todo y me encanta.

Llamo a Izan, y aunque me costó convencerlo lo tengo en esmoquin justo a mi lado caminando a la iglesia. Se ve tan sexi con su camisa blanca y americana, no lleva corbata pero esta perfecto como esta.

Después de la misa viene la fiesta donde todos van a felicitar a los novios, vamos justo detrás de mi mamá y Braulio porque no conozco de nada a los recién casados.

— Mi hija Ángela y su novio– nos presentan y es tan raro escuchar de alguien que no sean mis amigos la palabra "novi@".

Felicitamos a los amigos de Abigail y volvemos a nuestra mesa.

— ¿Qué te pasa?– me pregunta Izan solo para que yo escuche.

Inconscientemente mi humor cambió, pero es que no me había puesto a pensar en que creo que somos novios. Y me da miedo que esto sea para mi algo más que solo quererlo, me da miedo estar enamorada y que eso me haga vulnerable. Siento que si le digo lo que siento, si digo que hago más que quererlo no habrá vuelta atrás.

Joder, ¿Esto es difícil, o yo soy difícil?

Todo esto es nuevo para mi, nunca he sentido esto por nadie y menos he estado en una relación.

— ¿Tú te casarías? – intento evadir mi crisis existencial interior.

— Si, es el sueño de mi madre.

— Yo no...– hago una mala cara que lo hace reír– Es como... no lo sé pero no lo haría. Después te divorcias y vienen los problemas.

— Eres muy pesimista en el amor, debes abrir más la mente y dejarte llevar.

— ¿Quieres champán?– cambio de tema.

Vemos bailar el primer baile de los recién casados, después con los padres, pasan por las mesas tomándose las fotografías y por último las palabras de agradecimiento y el brindis. Nos sirven la comida y me quedo muda al ver la pequeña cantidad y alimentos que nunca he probado.

— ¿Qué son estas bolitas negras?– pregunto antes de meter el cubierto al plato.

— Ensaladilla rusa de marisco, remolacha y caviar– me dice Braulio –. Pruébalo, está existo.

No me agrada ni el olor y menos cuando lo pruebo, Izan no deja de reírse por mi actitud pero si no me gusta, no me gusta.

Bailamos un rato y ya es la hora de tirar el ramo y Izan no deja de insistir en que vaya, pero no quiero.

— No te enfades...– le doy un pico.

— Imagínate que lo agarras, sería una señal para nosotros– lo dice medio serio y medio en broma.

Niego y lo abrazo viendo como se pelean por él.
Ya son como las tres de la mañana y al fin nos vamos, ya es tarde y por eso le pido a Braulio que deje a Izan quedarse conmigo.

Por primera vezDonde viven las historias. Descúbrelo ahora