Capítulo 28

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— ¡Acosadora de mierda!

Grito llena de ira a la rubia que acaba de tomarme una foto, pero eso no es lo peor. Izan está tras suyo, viendome con rabia como si fuera mi culpa que la gente esté mal de la cabeza. Me acerco a el, pero Andrea me lo prohibe y el ni se inmuta en ayudarme.

— Sigues siendo una puta...– dice la rubia con todo el odio que me tiene.

— Izan – ignoro a la otra–, el me besó...y yo no podía quitarme porque...

— Porque te gusta estar con todos–vuelve a hablar la intrusa.

— ¡Callate un rato Andrea!

— Ángela, sera mejor que nos vayamos...

— ¡Quítate! – le quito las manos de mi cintura a Isaac cuando se me acerca.

Que mierda todo, ahora Izan cree otra cosa por culpa de estos dos arrastrados. El no dice ni una sola palabra, solo me mira con rabia, y en menos de un segundo ya está sobre el rubio dandole puñetazos sin parar. Andrea intenta pararlo, en cambio yo solo dejo que se desquite, y le de su merecido. Yo no quería que me bese, en si, me beso a la fuerza.

— ¡Eres una mierda!– se acerca a mi y tengo que retroceder – Iba todo bien maldita sea, ¡Todo! – se pasa las manos por la cara, y yo solo quiero que se calle y me escuche– ¡Pero se fue todo al demonio por tu puta calentura!

— Yo no lo besé – tengo unas ganas inmensas de llorar, viendolo a el así–, es todo un mal entendido...

El solo camina de un lado a otro, preso de la ira y yo no se como desahogarme. No pienso a la hora de darle una cachetada a Andrea por andar de metida, quiero volver a darle otra cuando Izan me la quita de la vista.

— ¡No me jodas! ¡¿Ahora la vas a defender?!– grito exasperada– Isaac explicale lo que paso– le pido al que se encuentra en el suelo con la boca llena de sangre, igual que la nariz.

— Me viniste a buscar – no lo puedo creer–, y nos besamos.

— ¡Mierda, no mientas!

Intento poner mis manos sobre las mejillas de Izan para que me vea, pero se aparta.

— Hablemos en privado– le pido ya con lagrimas en mis mejillas.

— No tiene nada que habar contigo– intenta llevarselo la maldita rubia.

— ¡Izan, habla joder! –le grito viendo que no se inmuta, sigue borracho– Sabes que yo no tengo razones para hacerlo...

— ¡Te vi con mis ojos! – se devuelve a mi– El con sus manos sobre ti, ¡contra ese puto arbol!

Niego, intento retenerlo pero se va con Andrea.

Necesito volver a casa, vuelvo a la zona de camping y llamo, pero no hay cobertura. Estoy temblando de la ira, rabia, frustración, tristeza... muchas sensaciones en un solo cuerpo y momento.

— ¡Quiero irme a casa, ya!– abro una tienda sin saber que profesor me encontraré.

— ¡¿Está borracha Collins?!– sale el señor Mauro, medio dormido.

— ¡Te dije que quiero irme de aqui! Llama a un taxi, o a mi madre, no lo sé –no dejo de respirar agitada–, ¡pero me quiero ir!

— Entra a la tienda– me envia a la zona de chicas, pero me suelto de su agarre repitiendo lo mismo; quiero irme.

Se niega, y no me queda de otra que entrar para luego volver a salir hacia el rio de nuevo. Se escucha a los alumnos que vinieron disfrutando de la fiesta, y yo podría estar así de feliz si Isaac no me hubiera jodido.

Por primera vezDonde viven las historias. Descúbrelo ahora