— ¿Vendrás pronto? – me pregunta Diego cuando le cuento que me voy mientras lo empujo en el columpio.
— No lo se, pero te prometo que vendrás con Alex a visitarme en vacaciones.
No me responde, pero espero que no se enfade conmigo y lo entienda. Cuando se cansa de jugar Alex y yo le tomamos la mano de cada lado caminando hacia una heladería.
— Pero ¿me prometes que te veré y me llamarás siempre?
— Te lo prometo – lo subo a mi espalda mientras seguimos caminando y en cuanto Alex me ve me lo quita llevándolo él, como si eso fuera a matarme.
Ya llega la hora de que se vayan y no quiero. No quiero dejar de ver a mi hermanito a escondidas, y muero de ganas de decirle de que será tío, siento que necesito compartirlo con él.
— La próxima vez que nos veamos te daré una súper sorpresa, te encantará – me arrodillo quedando a su altura abrazándolo con todas mis fuerzas –. Y dile a Izan que no se olvide de sacarte a pasear, cuando lo veas salir de la casa moléstalo y interrógalo para que te diga donde va, tú serás mi espía ¿entendido? – digo contra su pequeño cuello y él asiente.
Le doy el abrazo más sincero que he podido dar, dejando que su aroma me llegue hasta el fondo de mi ser y así no olvidarlo. Puede sonar dramático, pero siento que el tiempo que estaré lejos de mi familia (mis amigos y hermanos), será enterno como si nunca más los fuera a ver.
Me guardo las lagrimas y cuando los veo cruzar la esquina desapareciendo de mi campo de visión me abrazo a mi misma intentando contener la rabieta en la calle.
Tomo el metro y paso el día en el centro comercial, compro ropa y no puedo evitar entrar en una tienda de bebés. Es muy temprano para comprar algo, pero la emoción que me entra me gana. Me pongo a ver carritos de bebé, son caros y doy gracias a Braulio por haberme dado esa cantidad de dinero. Camino hacia las cunas, y sigo hacia la zona de ropa de bebé. Son tan diminutas y joder... aunque me aterra la idea, ya quiero tenerlo en mis brazos y ver lo que Izan y yo hicimos.
Voy a la zona donde hay un letrero que pone "primer trimestre" le sigue el segundo y acaba en el tercer trimestre, encontrando vitamínicos, cremas y mas cosas. Me entretengo viendo que tal vez necesite algo para estas asquerosas náuseas y voy tan metida en lo mío que sin querer me choco con alguien...
— Hola hermanita – la miro y luego miro a la otra chica que intento ignorar.
Intento irme, pero la mano de Andrea me retuerce el brazo devolviéndome al sitio.
— Andrea vámonos – intenta mi hermana calmar a la loca esta.
— ¿Que haces aquí?
— ¿Te importa? – pregunto también.
— Te hice una pregunta – se cruza de brazos.
— Y yo a ti.
Mierda, ganas no me faltan de soltarle la verdad. Respiro hondo, cuento hasta diez y al ver que no responde decido irme casi corriendo del lugar. Me vieron en una tienda de bebés, y ahora se ha de preguntar qué hago yo en una.
Ceno en un McDonald y finalmente vuelvo a casa de Aylen. Mi hermano ya me llevo las maletas y ahora solo falta meter las pocas cosas que compré para mi y avisarle a Miguel de que a las ocho de la mañana sale el vuelo.
Hablé con él y no dudó a la hora de aceptar mi propuesta y acompañarme.
Saltó como lunático por toda la recámara de Aylen cuando se lo pedí y puedo decir que incluso le cayó una gota de lagrima, el dice que es la mejor oportunidad que puede tener en la vida. Y yo me siento orgullosa de que piense así, allí crecerá y sobretodo madurará sin tener los regaños y a las vez mimos de su madre. A los dos nos hace falta un poco bastante de madurez y estoy feliz de compartir esta etapa con uno de mis mejores amigos.
ESTÁS LEYENDO
Por primera vez
RomanceSoy Ángela Collins, una chica normal que le gusta salir mucho de fiesta con sus amigos. No voy mentir, para muchos soy una inmadura que no aprende, pero la vedad es que me da igual lo que digan de mi. Nunca he creído en el amor, menos me he enamora...
