Capítulo 33

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— ¿Vendrás pronto? – me pregunta Diego cuando le cuento que me voy mientras lo empujo en el columpio.

— No lo se, pero te prometo que vendrás con Alex a visitarme en vacaciones.

No me responde, pero espero que no se enfade conmigo y lo entienda. Cuando se cansa de jugar Alex y yo le tomamos la mano de cada lado caminando hacia una heladería.

— Pero ¿me prometes que te veré y me llamarás siempre? 

— Te lo prometo – lo subo a mi espalda mientras seguimos caminando y en cuanto Alex me ve me lo quita llevándolo él, como si eso fuera a matarme.

Ya llega la hora de que se vayan y no quiero. No quiero dejar de ver a mi hermanito a escondidas, y muero de ganas de decirle de que será tío, siento que necesito compartirlo con él.

— La próxima vez que nos veamos te daré una súper sorpresa, te encantará – me arrodillo quedando a su altura abrazándolo con todas mis fuerzas –. Y dile a Izan que no se olvide de sacarte a pasear, cuando lo veas salir de la casa moléstalo y interrógalo para que te diga donde va, tú serás mi espía ¿entendido? – digo contra su pequeño cuello y él asiente.

Le doy el abrazo más sincero que he podido dar, dejando que su aroma me llegue hasta el fondo de mi ser y así no olvidarlo. Puede sonar dramático, pero siento que el tiempo que estaré lejos de mi familia (mis amigos y hermanos), será enterno como si nunca más los fuera a ver.

Me guardo las lagrimas y cuando los veo cruzar la esquina desapareciendo de mi campo de visión me abrazo a mi misma intentando contener la rabieta en la calle.

Tomo el metro y paso el día en el centro comercial, compro ropa y no puedo evitar entrar en una tienda de bebés. Es muy temprano para comprar algo, pero la emoción que me entra me gana. Me pongo a ver carritos de bebé, son caros y doy gracias a Braulio por haberme dado esa cantidad de dinero. Camino hacia las cunas, y sigo hacia la zona de ropa de bebé. Son tan diminutas y joder... aunque me aterra la idea, ya quiero tenerlo en mis brazos y ver lo que Izan y yo hicimos.

Voy a la zona donde hay un letrero que pone "primer trimestre" le sigue el segundo y acaba en el tercer trimestre, encontrando vitamínicos, cremas y mas cosas. Me entretengo viendo que tal vez necesite algo  para estas asquerosas náuseas y voy tan metida en lo mío que sin querer me choco con alguien...

— Hola hermanita – la miro y luego miro a la otra chica que intento ignorar.

Intento irme, pero la mano de Andrea me retuerce el brazo devolviéndome al sitio.

— Andrea vámonos – intenta mi hermana calmar a la loca esta.

— ¿Que haces aquí?

— ¿Te importa? – pregunto también.

— Te hice una pregunta – se cruza de brazos.

— Y yo a ti.

Mierda, ganas no me faltan de soltarle la verdad. Respiro hondo, cuento hasta diez y al ver que no responde decido irme casi corriendo del lugar. Me vieron en una tienda de bebés, y ahora se ha de preguntar qué hago yo en una.

Ceno en un McDonald y finalmente vuelvo a casa de Aylen. Mi hermano ya me llevo las maletas y ahora solo falta meter las pocas cosas que compré para mi y avisarle a Miguel de que a las ocho de la mañana sale el vuelo.

Hablé con él y no dudó a la hora de aceptar mi propuesta y acompañarme.

Saltó como lunático por toda la recámara de Aylen cuando se lo pedí y puedo decir que incluso le cayó una gota de lagrima, el dice que es la mejor oportunidad que puede tener en la vida. Y yo me siento orgullosa de que piense así, allí crecerá y sobretodo madurará sin tener los regaños y a las vez mimos de su madre. A los dos nos hace falta un poco bastante de madurez y estoy feliz de compartir esta etapa con uno de mis mejores amigos.

Por primera vezDonde viven las historias. Descúbrelo ahora