Capítulo 30

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Ángela

— Hazme caso y vamos al doctor – insiste Ayelen cuando le confieso que no me llegó el periodo hace dos semanas.

— Te dije que no, estoy bien y es imposible lo que tú piensas.

— Júrame que si el próximo mes tampoco te viene me lo dirás.

— No exageres y ni se te ocurra insinuarlo frente a los chicos.

Llegamos a la discoteca donde quedamos y se me hace raro no ver a Izan, no pudo venir a buscarme, pero me prometió venir. Saludo a todos y por órdenes de Aylen ni fumo ni bebo, me siento mal y no creo que sea bueno hacerlo, por eso le hago caso.

— ¡Hermanita! – me abraza Alex que va pedo como de costumbre – Pronto me tendrás en la casa, mi mamá y mi abuela joden demasiado.

— ¿Cómo está Lucia?

— Ella está perfecta, y Andrea pasa más en esa casa que nadie, ahora son hermanitas esas dos – rueda los ojos el viejo chismoso, y eso me pone de pésimo humor.

Con ella si, pero conmigo ni un "cómo estás". De repente me dan ganas de llorar por rabia o tristeza no lo sé muy bien.

— ¿Y Diego y Emily?

— Perfectos, bebe que estás muy apagada.

Finjo darle un trago y saboreo mis labios probando al menos algo de alcohol.

Al rato llega Izan, y no dudo en abrazarlo fuerte. Últimamente estamos algo alejados, no es que estemos tan unidos como antes.

— ¿Qué te pasó?– pregunto sobándole los nudillos que están heridos.

— Me pasé con el saco – le resta importancia haciéndome sentar en su regazo –, ya te sientes mejor.

— Me tomé una pastilla y se me fue todo.

Me da un cálido beso en la frente y yo solo cierro los ojos disfrutándolo. Bailamos un rato y casi a media noche decidimos irnos, queremos pasar tiempo a solas y aquí no dejan de joderme con que beba.

Para que luego digan que yo soy la mala influencia.

— Tengo hambre – lo llevo de la mano a la cocina.

— Es más de media noche Ángela... ya comes mañana.

— ¿Qué no entiendes de la frase tengo hambre? – comienzo a prepararme un sándwich de mala gana, me estresa que no me haga caso.

— Okay...no te pongas así.

— ¿Cómo me pongo? – me giro a encararlo.

— Así, bipolar o no sé, pero no puedes enfadarte conmigo solo por la comida – me acerca a él.

Le rodeo el cuello y me da igual que me diga bipolar que piense lo que quiera. Lo beso con ganas, las mismas que tengo simpre, y él me sube a la encimera metiéndose entre mis piernas intensificando el beso.

— ¿Sabes que te amo verdad?– dice agitado.

Asiento dándole la razón, no me cabe duda de que lo hace.

Y sin tantos preámbulos me quita mis shorts y panties dejándome de cintura para abajo desnuda, él hace lo mismo, saca un condón de su bolsillo y entra en mi de un solo empellón. Intento ser lo más silenciosa que puedo, pero me lo pone difícil. Gimo contra su boca que los calla y dejo que me folle en su cocina con la adrenalina de que alguien nos pille.

— No pares...– le exijo cuando estoy apunto de acabar.

No lo hace, me da más fuerte apretando mi culo y el orgasmo llega arrasándome por completo.
Nos quedamos un buen rato en la misma posición recuperando el aire y después el sale de mí para que pueda seguir con mi segunda cena.

Por primera vezDonde viven las historias. Descúbrelo ahora