"No importa lo que tengan
que sacrificar y hacer
para conseguir sus objetivos,
ser egoísta es la naturaleza
del ser humano”
23.
―Creo que me perdí de algunas cosas mientras estuve en Gloucestershire.
El duque echó una carcajada.
―Diría que sí mi querido amigo ―James miró a su derecha donde el Marqués reposaba relajado en un mueble ―Estuvimos charlando juntos cerca de los establos. Me atrevería a decir que Janne está sucumbiendo a mis encantos, después de todo, nuestros cuerpos muy cerca, hablando como dos conocidos de años y el deseo brotando de nuestros ojos, claramente para cualquier espectador sería un encuentro clandestino ―Dijo mientras analizaba a Alec.
James no era tonto, se fijó con detalle el encuentro de miradas y no le agradó, se mantuvo relajado lo más que pudo aunque por dentro estaba gritando de furia. Nunca hubo competencia entre los dos, de hecho, se consideraba como el más ágil con las mujeres desde la juventud, y seguiría siendo así.
Alec apretó los puños a su costado, trataba de controlarse, sin saber por qué, quería abalanzarse a golpes con su viejo amigo por el simple hecho de mencionar que su mujer...La impostora, estuviera dispuesta a compartir lecho con él
Jamás lo creería.Porque ella prefirió el mío―Se Dijo a sí mismo.
― ¿Crees que diga la verdad? ―La pregunta del duque lo sacó de sus pensamientos.
¿Le creía?, la respuesta para muchos era evidente. Luego de escabullirse con otra identidad bajo las narices de todos, hacía que perdiera credibilidad, entonces ¿Por qué devolvería las perlas si su plan era robarlo? No tenía sentido, no la creía tan tonta como para hacer tal acto, aún más, por las peligrosas consecuencias para los ladrones. Entonces recordó la primera vez que llegó, cómo la muchacha decía el nombre de aquella chica con los nervios perceptibles a kilómetros, y frente a ellos, aseguraba tal mentira con toda la seguridad recaudada.
―Le creo ―Determinó.
― ¿Le crees luego de descubrir su red de mentiras?
El Marqués asintió.
―De todos modos, no interesa lo que pienso, ¿Qué piensas hacer?
El duque se puso de pie, rodeó la silla hasta posicionarse frente a la gran ventana, donde desde allí, observaba a la criada a los lejos haciendo sus tareas. Miró a su izquierda en dirección al reloj que reposaba a su costado fijándose en la hora.
―Necesito que revises su dormitorio, quiero asegurarme de que no tenga otro objeto de valor. Ya pensaré en algo.
El Marqués no muy convencido asintió y, sin decir otra palabra, salió del despacho.
Sin retirarse del lado de la ventana, esta vez, James revisó su reloj de bolsillo verificando que la hora sea la correcta y, en efecto, lo era. Caminó sigilosamente hasta quedar frente al reloj grande y golpeó con su puño la dura madera dos veces.
Entonces, lo que parecía ser un reloj terminó siendo una puerta secreta que llevaba a uno de los pasadizos. Del interior salió Alfred; un criminal, violador y uno de los hombres más buscados por los guardias de Londres.
El hombre regordete se adentró al despacho con familiaridad, no era la primera ocasión que el heredero lo mandaba a llamar para realizar algún trabajo sucio.
― ¿Nadie te ha seguido? ―Preguntó mientras abría un gabinete oculto en su escritorio, sacando de allí, un conjunto desgastado que en sus tiempos fue la ultima moda para los hombres de la nobleza. El traje le había pertenecido a su difunto padre, y ahora tendría un uso fundamental para su plan.
―No señor ―Contestó el hombre mientras tomaba asiento.
―Mañana es el baile de compromiso de mi hermana, ¿Sabes el plan al pie de la letra?
Alfred asintió.
― ¿Tiene lo que me prometió?
El criminal observó como el noble sacaba una bolsa de un color vino y se lo lanzaba sin miramientos. La palpó con sus callosas manos mientras se imaginaba la gran cantidad de monedas que allí habría.
―La otra mitad y el boleto para ir a América lo tendrás cuando hayas cumplido tu trabajo ―James se acercó al hombre mal oliente demostrando quién tenía la autoridad ―Espero que me cumplas, si no, ya sabes lo que pasará.
El hombre tragó seco.
―Si señor, lo haré. Le cumpliré, no se arrepentirá.
―Si que lo harás. Ahora ve y aséate, das asco. Humberto te guiará ―Señaló a las espaldas de Alfred donde en efecto había un hombre de edad esperando las ordenes de su amo.
Una vez el heredero se quedó a solas se permitió dar otro trago en símbolo a que muy pronto la criada estaría bajo su dominio y control. Como se había dicho antes, sí para tener lo que quiere debía jugar sucio, eso no sería un problema para él, tenía a muchos hombres dispuestos a ensuciarse las manos por él.
Tenía las riquezas.
Tenía el poder.
La impostora pronto estaría retorciéndose en su lecho.
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La Viajera
Ficción históricaLa vida monótona de Janne Jhonson dará un giro inesperado luego de encontrar una misteriosa joya que llegó a su tienda por error. Sin predecirlo, viajará al año 1799 dónde deberá aprender a ser astuta para sobrevivir como una simple criada bajo el d...