27.Estaba muerto.
Mi corazón empezó a bombardear la sangre cada vez más rápido. Mis dedos palparon el cuello frío del hombre tendido en el suelo. No había pulso.
―Está muerto ―Susurré.
― ¿Q-que?
Levanté mi vista chocando con la mirada confusa de mari. No me di cuenta de que pronuncié esas palabras tan bajo como si con eso cambiara los hechos.
―Está muerto ―Repetí con más fuerza.
Al terminar aquellas palabras, el rostro de mi amiga se desfiguró en una mueca. Su respiración se aceleró. Empezo a dar vueltas con las manos en la cabeza y tambaleandose un poco.
―Ten cuidado, toma asiento.
Me levanté para acercarme a su cuerpo, esta vez, permitió que la tocara. La sostuve de sus hombros guiándola hasta la esquina de mi cama. Su cara estaba pálida y de su frente salían algunas gotas de sudor.
―Estás ardiendo ―Dije mientras que con mi mano toqué su frente y, en efecto, tenía fiebre.
―No he cambiado de opinión ―Aparta mi mano ―. Vete.
Negué.
―Mari...
―No, Janne. Esta muerto, ¿Tienes una idea de lo que nos harán cuando se enteren? No creo que seas tan ignorante como para no saberlo. Desde que llegaste aquí no sabes nada, no es momento para una de esas cosas.
―Me lo harán a mí, no a ti ―Me arrodillé frente a ella ignorando lo que dijo y, en cierto modo, era cierto. ―Y-yo, yo fui quien lo golpeó.
Esa era la única verdad. Yo lo había golpeado. La mujer frente a mí era inocente de cualquier cargo, ella era una víctima.
―Quizás este era mi destino ―Pensé recordando el pequeño relato de Mari noches atrás sobre la piedra. Será este motivo por el cual la piedra me trajo a esta época ¿Para salvar a Mari?
El destino podría llegar a ser un poco cruel, después de todo, esta mañana había pensado que ya era momento de resignarme y quedarme aquí. Dejar de lado mi otra vida en el futuro y adaptarme. Tal vez... buscar un marido y... ¿Tener hijos?
Meneé la cabeza alejando esa idea. Era un pensamiento absurdo, de hecho, nunca había pensado en tener hijos o casarme. Durante parte de mi adolescencia y llegada a la adultez solo he querido tener una pareja estable, pero nunca pensé en esa idea del matrimonio o convivir.
Si, era estúpido pensar en un tema tan trivial como aquel, bajo las precarias circunstancias . Ese era el menor de mis problemas.
―Encontraremos una solución ―Relamí mis labios ―Juntas lo haremos, pero por favor ―Tomé sus manos y la miré suplicante ―, no me pidas que te abandone.
Con duda termina aceptando.
―Pero ¿Cómo haremos? Pronto empezaran a notar que no está en la fiesta ―Dice en un hilo de voz ―H-hay que sacar el cuerpo, nos pueden ver.
No lo había pensado. El cuerpo no podía quedarse en la habitación por más tiempo. No me sentiría cómoda dormir con un cadáver debajo de mi cama.
―Puede confiar en mí, el bienestar de mis empleados es importante para mí
Esas palabras hicieron eco en mi cabeza. ― ¿Podría confiarle esto a él? ―Me pregunté. Las palabras de James esa mañana me habían sonado un poco falsas, pero cuando encontré las perlas de Eiren en mi habitación no sabía a donde más acudir, me arriesgué y hasta ahora no ha pasado nada, ni me acusó de ladrona, me dió el beneficio de la duda. Cumplió con su palabra, pero ¿Puedo confiarle que maté a un noble? Una criada que mató al prometido de su hermana, a su cuñado. Solo pensar en las repercusiones que eso atraería si se enteraban me creaba escalofríos. Tenía miedo, tenía la certerza que algo como lo que acaba de pasar no se quedaría impune.
No tenía más alternativas.
Solo arriesgarse y confiar.
―Creo que alguien nos puede ayudar ―Susurré rompiendo el silencio.
― ¿Quién? ―Pregunta con duda.
Mari buscó mis ojos, pero me escondí de su mirada. Sabía que buscaba seguridad que, aunque mi voz sonaba con ella, mi mirada podría delatarme y lo que menos quería era seguir preocupándola, demasiado ha soportado ya, no se merecía mas sufrimiento.
―Janne, te he hecho una pregunta ¿Quién nos ayudará? ―Repite al ver mi silencio, pero la ignoré. Algo extraño captó mi atención en ese momento.
Con mi dedo le pedí que callara a la vez que me coloqué de pie lentamente. Agudicé mi oído y juraría por Dios que fuera de la habitación, por un segundo, se escuchó el mismo sonido de unos pasos en la madera como aquella primera noche. Salí de la habitación a toda prisa dispuesta a encarar al causante de aquellos pasos, pero para mi sorpresa, lo unico que se apreciaba a travez del pasillo era soledad con una oscuridad absoluta. ¿Lo habría imaginado?
***
Con la yema de sus dedos, Lady Eiren tocaba la superficie de la mesa a cada minuto más rápido que el anterior. Era algo que hacía cuando las cosas a su alrededor estaban fuera de su control y eso le fastidiaba.
―Te he dicho que no es propio de una dama tocar de esa manera la mesa ―La joven bajó la mirada para encontrarse con la mano de su madre puesta sobre la suya, deteniendo el movimiento ―Ya aparecerá, te casarás con él en una semana, pronto serás la duquesa de Linsterwood Castle y no hay nadie que lo impida.
― ¿Y si no desea hacerlo? ―Se obligó a decir en voz baja.
Roslin la miró severa, sí algo la caracterizaba era que su mirada se comparaba con un iceberg. Una mirada fría carente de cariño.
―No hay cabida para dudas ahora, me costó mucho atraerlo hasta tí ―Apretó la muñeca de la joven hasta clavar sus uñas. ―No me hagas que me arrepienta de haberte conservado. ―Concluyó mientras la soltaba, dirigiendo su mano a la mejilla de su hija, acariciándola levemente fingiendo compasion ―. Siempre he querido lo mejor para ti. Cuando te cases le das la mejor luna de miel de su vida, serás una buena amante, y eso, tan solo eso, es lo que te mantendrá como dueña de todo, ¿Has entendido?
―Si, madre.
Con su sonrisa falsa, se alejó de su hija volteando a charlar con el padre de Susan Brownbear, cuya joven se mantenía con la cabeza gacha a espaldas de su padre. En algún momento la joven levantó su mirada, sus ojos se toparon con los de Eiren, sonrió amable hacia la novia, pero lo único que recibió de su parte fue una mueca de notable asco.
Siempre había sido así, desde que tenía memoria la relación con su madre era igual. Nunca recibió algún tipo de afecto, solo James. De alguna manera su refugio era ese, ser desagradable con la gente, alejarlas de ella.
Decidió no ser participe de la conversacion que mantenía su madre, su voz en ocasiones le molestaba. Se mantuvo mirando a todas las personas del salón, buscando a su hermano o a su prometido. Permaneció así hasta que dio con James. Desde la distancia notó que el favorito de los hijos de Roslin Pembroke llevaba la misma expresión que tuvo momentos antes, una de satisfacción.
La única diferencia era que, esta vez, su satisfacción se debía a lo que le susurraba un hombre de aspecto desaliñado y con un traje que pudo reconocer, como olvidarlo, era el favorito de su difunto padre.
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La Viajera
Historical FictionLa vida monótona de Janne Jhonson dará un giro inesperado luego de encontrar una misteriosa joya que llegó a su tienda por error. Sin predecirlo, viajará al año 1799 dónde deberá aprender a ser astuta para sobrevivir como una simple criada bajo el d...