30.Sus ojos azules se dirigieron a sus labios, alertandola. En su mirada se notaba el deseo animal que con cada segundo que pasaba aumentaba. Se tensó en el momento en que James, sin dejar de ejercer fuerza, llevaba sus brazos hacia atrás haciendo una especie de cadena para poder tener mas libertad y mantenerla retenida.
―Eres tan hermosa ―Dijo en un susurro ronco.
Se aguantó las ganas de vomitar cuando manoseó su pecho izquierdo con la mano que tenía libre a la vez que, sin previo aviso, era levantada como sí de una muñeca de trapo se tratase. Sus piernas quedaron a cada lado de la cintura del noble mientras se dirigía a la cama con ella en brazos y, con una delicadeza a medias, la depositó en la cama.
Mientras su cuerpo era manoseado, Janne miraba el techo tratando de pensar en otra cosa que no fuera aquel vergonzoso momento. No luchó, tampoco rechazó las caricias que le proporcionaba el hombre sobre ella. Ese era el trato que permitiría que ni Mari ni su bebé paguen por algo que ella hizo. No tuvo que luchar, solo miró un punto fijo en el techo y se concentró en recordar aquella noche de series en Netflix con Mari, su asistente.
―Habiendo tantos personajes buenísimos para elegir, ¿Elijes al padre Gabriel? ―Exclamó mientras apartaba sus ojos unos segundos de la pantalla de la televisión para ponerlos sobre su amiga, la cual se reía.
El gemido de James en su oído al entrar a su interior provocó que su mente viajara a aquella noche fría de invierno. Ella y su amiga estaban sentadas en el sofá de su sala devorando trozos de pizzas; con latas de coca cola, cosa que nunca faltaba en su refrigerador. Pensaron que sería buena idea volver a repetir los capítulos de The walking dead, que más bien era una petición de la rubia. Aquella serie era una de sus favoritas, y como sí ya fuera una especie de costumbre, Janne solía hacer la misma pregunta sobre el personaje favorito de ambas.
― ¿Qué tiene de malo que sea mi personaje favorito?
―Argg... muchas cosas ―Resopló, cosa que aumentó la diversión en los ojos de Mari ―No hace nada, es un egoísta que se quiere salvar el trasero así mismo. Además, es un soplón, fíjate que sus intenciones son que Diana eche al grupo fuera de Alexandria.
Una embestida.
―Bueno, no puedo negar que al inicio hace cosas que molesten, pero luego cambia y pasa a ser un buen aliado en el grupo ―Toma un sorbo de su bebida ―No puedes negar que pelea muy bien contra los caminantes.
Otra embestida.
Rueda los ojos.
―Estas mal, hay mejores. Por ejemplo, Negan.
―Ese es tu favorito, lo respeto, pero no comparto el gusto. Además, el padre Gabriel hace aparición muchísimo antes que él.
―No importa, a diferencia del padrecito, Negan crea un gran impacto desde el primer minuto que aparece en la serie. A ver, ¿Cuántas temporadas pasan para que Gabriel empiece a aliarse con Rick y el grupo?
Otra embestida.
―Solo cállate y continúa viendo la serie ―Mari finge fastidio rodando los ojos. Su amiga era un caso perdido.
―Sabes que tengo razón, Negan crea más impacto que Gabriel por mucho. Yo gano ―Se regodea mientras saborea una gran porción de pizza.
―Gabriel solo tuvo desconfianza al inicio porque no los conocía bien, pero no asesinó a sangre fría a nadie del grupo, a diferencia de otro que, si lo hizo, es decir, mató a dos grandes personas y uno de ellos era muy querido por los fans de la serie. No lo deja en una muy buena estima. Así que... ―Toma la última porción de pizza ―Yo gano.
Soltó una lagrima al recordarla. La extrañaba tanto. Extrañaba sus ocurrencias cuando desempacaban la mercancia. Quería pedirle ver por una cuarta vez aquella serie de zombies que apenas Mari toleraba, pero la veía por ella. Quería decirle que su personaje favorito era un tonto otra vez solo por llevarle la contraria. Anhelaba volver con cada poro de su piel.
Pero quizás jamás la volvería a ver y le dolía.
―Me tienes loco ―Susurró en su oído a la vez que la penetraba cada vez mas fuerte.
Cegado por el placer y sin salir de su interior, se levantó para tener una mejor vista de su cuerpo. Sostuvo las piernas de la mujer con firmeza alrededor de su cintura mientras continuaba acelerando el movimiento de sus caderas contra ella. La imagen que tenia frente a sus ojos superó todos aquellos sueños íntimos que tenia con ella.
Sus piernas inesperadamente eran más fuertes que la de cualquier otra mujer con la cual haya yacido. Tenían una forma única, además de suaves. Nunca imaginó que una criada tuviera unas piernas ejercitadas o, que su cintura sea tan estrecha como un reloj de arena.
Sus pechos... eran de otro nivel.
Estaba seguro que no necesitaba un corse para que estuvieran firmes, estos permanecían en su lugar en todo momento. Sus ojos permanecieron embelesados observando cómo se movían por su causa, lo que le provocó que la deseara con más intensidad.
Iba a ser difícil que la dejara ir tan pronto.
Detuvo por unos segundos su movimiento al fijarse en las lágrimas que caían de sus ojos. Se fijó con anterioridad que la criada mantenía sus ojos fijos en algún punto que no era él, hecho que no le agradó. Quería que lo hiciera y viera que la estaba haciendo suya, que era de su propiedad.
―Mírame ―Susurró con voz ronca ahogada en placer a la vez que continuaba embistiéndola.
Pero no lo hizo.
―Que me mires, te lo ordeno ―Repitió tomando con fuerza sus mejillas, sometiendola ―. Mírame, quiero que veas lo que provocas en mí.
Aceleró sus movimientos a tal punto que el choque de sus pieles se escuchaba en toda la habitación. Sabía que estaba siendo un animal por las muecas de dolor que en ocasiones dejaba entrever, pero hacerlo de esa manera lo excitaba. Verla doblegada bajo suyo como tantas veces se dijo así mismo que la tendría le generaba un deseo irracional.
Sin soltar su rostro, con la otra mano apretó uno de sus pechos con los ojos fijos en los de ella, los cuales estaban inundados de lágrimas. Continuó embistiendo con fuerza unos minutos más, hasta que empezó a sentir esa tensión que le advertía que pronto acabaría soltando su esencia. Empezó a moverse frenéticamente buscando la forma de liberarse hasta que sintió como el líquido se derramaba dentro de ella.
―Siempre me vas a pertenecer ―Sentenció saliendo de su interior.
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La Viajera
Ficção HistóricaLa vida monótona de Janne Jhonson dará un giro inesperado luego de encontrar una misteriosa joya que llegó a su tienda por error. Sin predecirlo, viajará al año 1799 dónde deberá aprender a ser astuta para sobrevivir como una simple criada bajo el d...