En Danger habían muchos misterios ocultos, tanto del gobierno como el de los asesinos. Tantos secretos que existen y que nadie se imagina, ahora dime: ¿Eres capaz de descubrir lo que ocurre?
Vamos, acércate a Danger y observa lo que se oculta pero t...
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Carlos se dio la vuelta listo para correr cuando el lobo gruñó listo para atacarlos. Sin embargo, Isabella lo detuvo para que no lo hiciera. Eso solo empeoraría las cosas y haría que el animal los persiguiera. Sería inútil porque él los atraparía. Era una escena graciosa de ver. Unos asesinos crueles que se saciaban del sufrimiento de los humanos teniendo miedo a un lobo.
Isabella, sin ningún miedo, se acercó al animal y colocó sus manos en las rodillas para inclinarse a mirarlo de cerca.
—Te va a morder —murmuró Aria.
—Es mi amigo —dijo Isabella, acariciando su pelaje. El lobo se removió disfrutando de las caricias como si se tratase de un perro.
—¿Verdad que sí, amigo? —preguntó Isabella al lobo.
—¿Qué haces por estos rumbos? —le preguntó al animal—. Estos animales te van a hacer daño si te ven.
El lobo solo la miró con curiosidad, y ella negó con la cabeza y esbozó una sonrisa para luego seguir acariciando el pelaje del lobo.
Los demás solo miraban a Isabella, que estaba entretenida jugando con el lobo. Edel se cruzó de brazos e ignoró por completo lo que estaba pasando. Le irritaba todo lo que estaba pasando. Él solo quería llegar pronto a la casa y esperar al día de mañana para poder disfrutar de la muerte de la pelinegra.
—¿Tu mascota es un lobo? —preguntó Zorán.
—Es mi amigo —contestó Isabella de forma cortante.
—Tenemos que irnos —ordenó un impaciente Edel—. Otro día juegas con tu maldito animal.
El lobo gruñó como si hubiera entendido las palabras del alemán.
—Cierra la puta boca por un momento, gruñón —dijo ella enojada por la actitud del asesino.
—Tú a mí no me callas, maldita loca —respondió Edel.
—¿Por qué? ¿Porque eres un asesino? —preguntó Isabella con desdén.
—Sí —se limitó a decir Edel.
—Pues eso no me asusta —dijo Isabella con confianza.
Edel rodó los ojos y siguió cruzado de brazos, negándose a seguir peleando con ella.
—Ve a donde perteneces —murmuró la pelinegra a su amigo, el lobo.
El lobo la miró y miró a los asesinos que estaban detrás, gruñó pero obedeció y desapareció entre la oscuridad de Danger. Isabella se levantó y le dio una pequeña sonrisa burlona a Carlos, que estaba escondido detrás de Zorán. Este miró el cielo como si estuviese entretenido mirando las estrellas.
«Y se hace llamar asesino» pensó ella antes de comenzar a caminar hacia la casa donde se quedaría.
Mientras iban de regreso a la casa, Isabella pensaba en sus planes, en cómo debía actuar ante los asesinos para que no la descubrieran. Debía mantenerse tranquila para que no hubiera sospechas.