Stefano metió la llave en el candado oxidado y giró la llave, sintiendo un clic que indicaba que era la llave correcta. La puerta vieja crujió al abrirse, y Stefano se quedó congelado al encontrarse con una imagen devastadora. Aria estaba en el suelo sucio, encadenada de los tobillos y muñecas, su boca llena de sangre y su mirada perdida, como si no hubiera nada en ella.
—Aria —logró decir el italiano, su voz temblando de emoción al verla así. Se arrodilló ante ella, metiendo la misma llave para quitarle las cadenas. Aria no decía nada y no se inmutaba, solo estaba mirando hacia la nada, con una expresión vacía y sin vida.
Cuando Stefano logró quitarle las cadenas, quiso que caminara, pero Aria solo estaba quieta, sin reaccionar. No le quedó otra opción que cargarla en brazos para poder sacarla de allí. Al hacerlo, notó que las muñecas de sus manos sangraban, las heridas antes viejas ahora otra vez abiertas. Stefano sintió una opresión en su pecho, una sensación de culpa y dolor que lo invadía. Se dio cuenta de que no había podido protegerla, y que Aria había sufrido terriblemente.
La carga de Aria en sus brazos era pesada, no solo por su peso físico, sino también por el peso de la culpa y la responsabilidad que Stefano sentía. La miró a la cara, buscando algún signo de reconocimiento o respuesta, pero Aria solo estaba allí, inerte y silenciosa. Stefano se preguntó si alguna vez volvería a ser la misma, si alguna vez podría superar el trauma que había sufrido. La incertidumbre lo llenaba de ansiedad y desesperación.
—¿Por qué no reacciona? —preguntó Amelia, observando a Aria con preocupación. Colocó su mano sobre la de ella, buscando alguna manera de hacer que reaccionara. Pero Aria seguía inmóvil, con la mirada perdida y sin responder a nada.
—La torturaron —dijo Stefano, su voz llena de dolor y rabia—. No esperes que esté bien. Está reviviendo un pasado doloroso. No entiendo quién está tan jodido para hacerle daño a Aria.
Cuando llegaron de nuevo al presbítero, sintieron una extraña sensación. Aria se movió tratando de salir del agarre de Stefano, y cuando él la bajó, ella se quedó parada pero pronto cayó de rodillas y rompió en llanto. Sus sollozos eran desgarradores, y Stefano se sintió impotente al verla sufrir así.
—Lanza la bengala, Amelia —le ordenó Stefano, pero solo veía a la pelirroja, su mirada fija en ella con una mezcla de dolor y desesperación—. ¡Hazlo!
Amelia brincó del susto y asintió con nerviosismo para luego salir corriendo a la salida. Aria seguía llorando mientras estaba de rodillas, murmurando algunas cosas incoherentes. Stefano se arrodilló junto a ella, intentando consolarla.
—Stef —lloriqueó Aria, mirando fijamente el suelo—. Diles que me portaré bien, ya no quiero que me sigan torturando.
Stefano sintió un nudo en la garganta al escuchar sus palabras. Se dio cuenta de que Aria estaba reviviendo los momentos de tortura, y que su mente estaba llena de miedo y dolor.
—Ya estás a salvo, no dejaré que te vuelvan a hacer daño —dijo Stefano, intentando calmarla.
La abrazó fuerte, tratando de transmitirle seguridad y protección. Pero Aria seguía llorando, y Stefano sabía que iba a ser un largo camino para que ella se recuperara de todo lo que había sufrido.
—Ellos me volvieron a encadenar —dijo Aria, mostrando las muñecas ensangrentadas. Parecía que había tenido un ataque y había estado tratando de soltarse. Su voz temblaba de miedo y desesperación —Dejaré que me conecten los cables, pero que no me torturen —suplicó, su mirada llena de lágrimas.
—Tranquila, Aria. Todo está bien —dijo Stefano, intentando calmarla.
—Ayúdame, Stefano —lloriqueó Aria, su cuerpo temblando—. Ya no soporto más esta tortura, ya son muchos años. Diles que me portaré bien.
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Danger
Mystery / ThrillerEn Danger habían muchos misterios ocultos, tanto del gobierno como el de los asesinos. Tantos secretos que existen y que nadie se imagina, ahora dime: ¿Eres capaz de descubrir lo que ocurre? Vamos, acércate a Danger y observa lo que se oculta pero t...
