En Danger habían muchos misterios ocultos, tanto del gobierno como el de los asesinos. Tantos secretos que existen y que nadie se imagina, ahora dime: ¿Eres capaz de descubrir lo que ocurre?
Vamos, acércate a Danger y observa lo que se oculta pero t...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
La alarma sonó por todo Danger, anunciando la llegada de un nuevo prisionero. El sonido estridente resonó en las calles oscuras y desiertas de la ciudad, donde la muerte era una constante. El gobierno solía enviar a sus peores enemigos a la ciudad, donde los asesinos los eliminaban sin piedad. Pero los asesinos no lo hacían por lealtad al gobierno, sino porque las presas que enviaban eran repugnantes, en su mayoría violadores que habían tratado de escapar de la justicia.
Isabella bostezó y se levantó de la cama, lista para enfrentarse a su próximo objetivo. Se estiró y se puso su ropa de cuero negro, que se ajustaba perfectamente a su cuerpo atlético. Se puso su gabardina y se aseguró de llevar una daga cerca y una navaja en la bota por si la necesitaba. Movió su cuello de un lado a otro, escuchando el crujido de sus vértebras, y se sintió lista para lo que se avecinaba. Su mirada se posó en el espejo, y se aseguró de que su cabello estuviera perfecto, antes de salir de la habitación.
Mientras tanto, los asesinos ya estaban listos, sentados y esperando a que Isabella bajara. Edel, el alemán, estaba sentado en una silla, con los brazos cruzados y una mirada intensa. Stefano, el italiano, caminaba de un lado a otro, mirando su reloj con impaciencia. Faltaba poco para la hora acordada, y se sentía nervioso por lo que podría pasarle a Isabella. Apenas la conocía, pero no quería ver cómo una mujer moría sin poder hacer nada para salvarla. Amelia, la invitada de Stefano, estaba sentada en un sofá, parecía estar incómoda, claramente no pertenecía a Danger.
La escena se desarrolla con un tono ligero y humorístico, mostrando la dinámica entre los personajes. La interacción entre Isabella y los asesinos es interesante, especialmente con Edel y Carlos. La forma en que Isabella se comporta con ellos, mostrando su confianza y habilidad, es notable.
—¿Y si se escapó? —preguntó Carlos, su voz llena de curiosidad.
—No me sorprendería —dijo Edel, riendo—. Esa gente no tiene ninguna oportunidad.
—Eso quisieran —dijo Isabella, bajando las escaleras con pasos lentos y seguros—. Yo no huyo de mis problemas, yo los elimino.
Stefano se apresuró a ofrecerle su mano para ayudarla a bajar, y la pelinegra sonrió y aceptó la mano del italiano. Edel rodó los ojos al ver lo caballeroso que era su amigo, pensando que la pelinegra no se merecía ningún respeto ni interés por parte de ninguno de los asesinos.
Amelia fingió no darse cuenta de la escena, pero la pelinegra pasó por su lado y le dio un pequeño empujón sin que nadie se diera cuenta.
—Me hubiera encantado conocerte más —dijo Carlos con tristeza—. Lástima que morirás.
Isabella se acercó a él y le dio un codazo en el estómago, haciendo que Carlos se doblara hacia adelante, tratando de recuperar el aliento. Zorán se rió a carcajadas, su rostro rojo de diversión, mientras que el de Carlos estaba rojo de dolor.
—¡No chingues! —dijo Carlos cuando finalmente pudo respirar—. Qué fuerte, por eso le ganaste a Edel.