Cayó de rodillas, el impacto contra el suelo fue seco, pero apenas lo sintió comparado con la violenta sacudida de su pecho. El primer espasmo trajo consigo el sabor metálico y cálido de la sangre, que brotó de su boca manchando la tierra. Antes de que pudiera colapsar por completo, un tirón brutal en el cabello la obligó a arquear la espalda, el agarre era tan firme que sintió cómo el cuero cabelludo se tensaba hasta el límite del desgarro.
Pero el dolor externo era un susurro frente al incendio que rugía en su interior. Aquel líquido que se había inyectado no era un veneno común, era una agonía líquida que recorría sus arterias como lava fundida. Podía ver sus propias venas dibujarse bajo la piel, brillando con un matiz violáceo y febril. Su vista, empañada por las lágrimas y el trauma, apenas lograba distinguir el resplandor de una antorcha y la silueta de la mujer que la dominaba.
Era ella. Isabella.
Un odio amargo, más fuerte que el químico en su sangre, inundó su mente. Pensó en los años de disciplina, en las noches en vela estudiando tácticas y en el sudor derramado para convertirse en la soldado perfecta. Todo para honrar la memoria de su padre, para ser el orgullo de un linaje que ahora terminaba allí, en el lodo. Le resultaba insoportable que el mundo fuera así de cruel: que una mujer que ella consideraba insignificante, una rata de laboratorio fuera quien le arrebatara el último aliento. Isabella no solo era su verdugo, era la sombra que había causado la muerte de su padre, la que le había robado su futuro y su dignidad.
Isabella se inclinó, el calor de la antorcha rozándole el rostro, y susurró con una voz gélida que cortó el aire:
—Te llevaré al infierno al cual tu padre me condenó primero. Te lo juro.
Esas palabras fueron el último ancla con la realidad. El dolor alcanzó un punto de ruptura y la oscuridad, densa y absoluta, la reclamó por completo.
Isabella contuvo el aliento al ver cómo el cuerpo de la rubia impactaba contra el suelo. Los tres asesinos permanecieron en silencio, intercambiando miradas cómplices antes de desviar la atención hacia la penumbra. Allí, el vacilante fuego de una antorcha comenzó a revelar una silueta conocida. De entre las sombras emergió Dmitry, escoltado por dos hombres de confianza. Su sola presencia parecía enfriar el aire a su alrededor. Sin mediar palabra, Dmitry chasqueó los dedos y señaló con indiferencia el cuerpo de Amelia. Sus acompañantes la levantaron con brusquedad, cargándola como si fuera un fardo de mercancía, sin el más mínimo rastro de compasión por su estado.
—Sé que es una traidora, pero podrían haber mostrado algo de piedad —murmuró Dmitry, mientras se ajustaba las solapas de su impecable traje con una calma irritante—. Al final, su captura era inevitable.
Edel observó cómo se llevaban a la joven con una mueca de asco profundo.
—Una rata como ella no merece piedad, solo el final que ella misma buscó —sentenció el alemán, sin apartar la vista del camino por donde desaparecía la prisionera.
Isabella dio un paso al frente, situándose al lado de Edel. Su mirada era fría, desprovista de la empatía que alguna vez pudo sentir.
—El líder de los sádicos tiene razón —añadió ella, reforzando las palabras del hombre—. No olviden quién es realmente: una soldado del gobierno. Se infiltró en Danger con el único propósito de desenterrar sus secretos. Los usó, los manipuló y se burló de su confianza. Alguien así no tiene derecho a la clemencia.
Dmitry la observó en silencio durante un instante eterno, antes de hacer un leve ademán con la mano, señalando el estrecho sendero que serpenteaba hacia las casas habitadas. Isabella tomó la delantera. Al caminar, echó la cabeza hacia atrás para perderse en el cielo nocturno, las estrellas, desparramadas como polvo de diamante sobre un lienzo de terciopelo oscuro, parecían observarla de vuelta.
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Danger
Mystery / ThrillerEn Danger habían muchos misterios ocultos, tanto del gobierno como el de los asesinos. Tantos secretos que existen y que nadie se imagina, ahora dime: ¿Eres capaz de descubrir lo que ocurre? Vamos, acércate a Danger y observa lo que se oculta pero t...
