Todos se quedaron en silencio, esperando que Amelia dijera algo sobre lo que había dicho. Isabella, en cambio, se quedó de brazos cruzados, mirándola con fascinación, Observando cómo la fachada de inocencia que había construido ella con tanto cuidado se desmoronaba en un instante, revelando aquella personalidad que llevaba oculta. Su pecho subía y bajaba de una forma tan exagerada que parecía que estaba fuera de control, sus mejillas rojas y sus ojos cristalinos por las lágrimas, no lloraba de dolor, lloraba por el coraje, la impotencia de poder hacer justicia por la muerte de su padre.
Se preguntó cómo haría para salir del lío en que ella misma se había metido. Tarde o temprano, toda la verdad se sabría. Solo hacía falta que Amelia perdiera por completo la poca cordura que tenía.
—Tu padre solo era un maldito que ahora está ardiendo en el infierno —se carcajeó Isabella sin ninguna pizca de culpa.
—Maldita —gruñó la rubia, lista para abalanzarse sobre ella para golpearla. Sin embargo, Stefano la sostuvo entre sus brazos para que no iniciara ninguna pelea.
Isabella sonrió con descaro, burlándose de la muerte del padre de Amelia. Parecía que disfrutaba de verla sufrir. La rubia lo pensaba y ahora, con esto, confirmaba que Isabella no tenía nada de humanidad, era la crueldad en persona, capaz de hacer lo peor sin ningún remordimiento.
—Eres una maldita hija de puta, una mujer que solo tiene maldad en su corazón —le dijo Amelia de manera brusca.
—Ahora mismo estás observando a la villana, la mujer que vive para acabar con todo aquel que se atraviese en su camino —dijo Isabella, caminando hacia la rubia sin apartar su vista. Stefano no soltó a Amelia porque temía que la pelinegra le hiciera daño.
—Yo me encargaré de acabar contigo —amenazó la rubia con rencor.
—Inténtalo —esbozó una sonrisa perversa.
Edel solo se quedó observando la situación, analizando a las dos mujeres. Isabella parecía tranquila y divertida por lo que ocurría, mientras que Amelia estaba fuera de sus cabales. El hombre ladeó su cabeza hacia un lado, observando un pequeño detalle que había visto en el talón de la pelinegra. Sin embargo, cuando volvió a observar, no logró ver nada y descartó la idea de lo que había visto, debía ser un error.
Stefano se aferró a la cintura de la rubia con fuerza, tratando de contenerla mientras ella se debatía en sus brazos. Sus dedos se hundieron en su piel, buscando la manera de retenerla. Sin embargo, Amelia parecía estar fuera de sí, no oía nada más que las provocaciones de la pelinegra que parecía disfrutar de molestarla.
—¡Cálmense, señoritas! —gritó Stefano, pero su voz se perdió en el aire.
Amelia se soltó de repente y se abalanzó sobre Isabella con un grito de furia. Las dos mujeres se estrellaron contra el suelo, rodando y golpeándose mutuamente. Isabella le dio un puñetazo en la mejilla a Amelia, pero ella no se rindió. Se levantó con dificultad y le lanzó un golpe que Isabella esquivó con facilidad.
Isabella aprovechó el momento de debilidad de Amelia y le dio un rodillazo en el estómago. Amelia se dobló hacia adelante, sin aliento, pero se recuperó rápidamente y le lanzó un golpe que Isabella bloqueó con el brazo. Las dos mujeres se miraron con odio, sus rostros enrojecidos por la ira.
Isabella se levantó de un salto y le dio una patada en el pecho a Amelia, que la hizo caer al suelo. Luego, se inclinó sobre ella y le dio un puñetazo en la cara. Amelia trató de defenderse, pero Isabella era demasiado fuerte. Le dio otro puñetazo y luego otro, hasta que Amelia quedó inmóvil en el suelo.
Isabella se levantó, jadeando, y se limpió el sudor de la frente. Miró a Amelia con desprecio.
—Recuerda cuál es tu lugar, sucia basura de mierda.
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Danger
AksiEn Danger habían muchos misterios ocultos, tanto del gobierno como el de los asesinos. Tantos secretos que existen y que nadie se imagina, ahora dime: ¿Eres capaz de descubrir lo que ocurre? Vamos, acércate a Danger y observa lo que se oculta pero t...
