9 |Química|

3.9K 351 57
                                        

Veo a Klaus en su estudio, sentado sobre una silla mullida leyendo la Osadía

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Veo a Klaus en su estudio, sentado sobre una silla mullida leyendo la Osadía. Viendo la aparente concentración que tiene cualquiera creería que no ha notado mi presencia, pero yo sé que se está burlando de mí, o tal vez solo está esperando a que yo sea quien dé el primer movimiento, es difícil saberlo.

Bajo la mirada al latte que compré para mi disculpa y creo que, si me voy a disculpar por haberle arrojado encima un desayuno, tal vez debí comprarle un almuerzo o algo así.

—No necesitas invitación, sabes que puedes entrar. —Habla sin levantar la mirada del libro y eso hace que mis pies despierten y yo pueda entrar. —¿Qué te trae por aquí, Soleil? —Deja el libro a un lado y me observa colocando las manos sobre su regazo, observándome con falsa inocencia.

Le tiendo el café y él levanta una ceja.

—Lamento haber sido una perra contigo ayer. —Su inocencia se convierte en una sonrisa de triunfo y toma el latte en su mano, rozando sus dedos con los míos. —Así que te traje un café para compensar.

—Ya tuve mucho de café por un tiempo. —Se queja viendo el latte justo antes de dejarlo sobre la mesa a su lado, como si este hubiera tenido la culpa de que yo se lo hubiera arrojado encima. —Pero acepto tu disculpa, gracias por eso.

—De nada, supongo. —Nos quedamos callados como si la conversación hubiera muerto, pero odio cuando eso ocurre, así que decido forzarla. —Hoy estamos solos en casa. —Recuerdo lo obvio.

Melody y Malcom secuestraron a Elijah y Rebekah, Hope curiosamente se le unió, Freya posiblemente esté planeando como yo voy a asesinar a su familia mientras duermen, así que me encuentro completamente sola con él otra vez.

—Eso es bastante obvio, Soleil. —Vuelve su mirada al libro, cruzando un tobillo sobre la rodilla opuesta y siento el deseo de colocarle mis lentes, los cuales no sirven porque son prácticamente un juguete que agrega estilo.

Él sigue indiferente a mí, pero es una indiferencia extraña, casi forzada. De hecho, sus ojos están estáticos en el libro, no los mueve como si estuviera leyendo las palabras escritas en griego, solo están atascados en la palabra αγάπη, cuya traducción literal sería "amor".

Entonces decido hacerle una pequeña broma, nada del otro mundo, solo un chiste pequeño.

Me acerco a él moviendo las caderas coquetamente, no es que ese gesto importe mucho dado que sigue enfocándose en el libro, pero si voy a hacerlo debo comenzar desde antes para creerme el cuento. Al estar frente a él coloco mis manos sobre las suyas y lo obligo a cerrar el libro, lo cual llama su atención y hace que me vea a los ojos.

Tomo mi labio inferior entre mis dientes y lo libero poco a poco, después lo relamo haciendo que él repita mi movimiento mientras sus ojos suben y bajan sin saber a dónde ver.

—¿Qué haces...? —¿A caso escuché al gran Klaus Mikaelson tartamudear? Ha de haber sido mi imaginación, pero sé que lo siento temblar cuando le quito el libro y me siento sobre su regazo. —¿Qué estás...?

Keyla {Klaus Mikaelson}Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora