46 |Sigo ganando|

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Klaus se agacha, evitando el impacto de la tetera otomana que le acabo de arrojar y desearía que, por respeto, se quedara quieto para que las cosas lo impacten a él

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Klaus se agacha, evitando el impacto de la tetera otomana que le acabo de arrojar y desearía que, por respeto, se quedara quieto para que las cosas lo impacten a él. Que me permita arrojar la ornamentación de esta casa no me basta.

—¡Te odio! —Le grito arrojándole las tazas y de nuevo fallo, al menos físicamente, porque la expresión que pone me hace saber que le di un golpe mucho más fuerte. —¡Te detesto! —Lo vuelvo a hacer y poco o nada me interesa el público que tiene esta pelea. —¡¿Cómo se te ocurrió hacerme esto, maldito pulgoso?!

—Maldito pulgoso... —Se ríe Mikael en voz baja y le arrojaría algo, pero me quedo sin cosas y no pienso desperdiciarlas. —Ese es bueno.

—¡Porque eres una sentimental! —Grita Klaus de vuelta, cubriéndose de los vidrios que estallan del florero veneciano que le acabo de lanzar. —¡Mira cómo te comportas ahora!

—¡Me escondiste a mi difunto esposo! —Le arrojo algo más. —¡Me escondiste a mi mamá! —Otra cosa le lanzo. —Y, como si fuera poco ¡Obligaste a mis hijos a esconderlo! —Con este último logro rozarlo, pero no le hago mucho daño, de hecho, apenas lo toco. —¡Mientras yo viva no vas a volver a ver a ninguno de mis hijos! —Y el que tengo en el vientre va incluido en esa lista.

—¿Por qué discuten como si fueran una pareja? —Pregunta Mikael mientras yo estoy muy ocupada persiguiendo a su hijo bastardo por toda la habitación con la esperanza de que se deje atrapar para poder arrancarle el corazón.

—Eres un tonto, Mikael. —Le responde mi mamá, cuya voz disfrutaré en cuanto el arranque de ira acabe.

Normalmente no soy tan iracunda, por lo menos no con Klaus, pero lo que hizo es horrible y me siento malditamente hormonal, así que no puedo controlarme a pesar de que todos están viendo la persecución.

—¡Te voy a matar! —Lo atrapo finalmente y él por acto reflejo se suelta, pero yo opongo resistencia y terminamos cayendo por el balcón. Claro que se asusta por lo que hizo y trata de averiguar si estoy bien, pero yo aprovecho esa situación para arrojarlo al suelo, ponerme a horcajadas sobre él y comenzar a estrangularlo. —¡Luego te voy a revivir y te voy a matar otra vez! —Le grito, cortándole la respiración sin romperle el cuello para que sufra.

Y él me lo permite porque sabe que es un desgraciado, pero eso no quita mi ira.

Alguien me sujeta del hombro y me aparta bruscamente, tanto que mi espalda choca con el suelo y lo siento resquebrajarse bajo este. Me levanto de inmediato y encuentro a Elijah, el cómplice mayor, listo para defender a su hermano.

—Mikeyla, reconozco que las indiscreciones de mi hermano fueron notorias, sin embargo...

—¡Cállate que me desesperas! —Mi ira se puede repartir perfectamente entre los dos ¿Sería una pelea justa? En teoría sí porque son dos contra dos, pero mi pareja de lucha está en mi panza y no es consciente de lo que pasa a su alrededor aún. —¡¿Cómo pudieron hacerme esto?!

Keyla {Klaus Mikaelson}Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora