Quedarme todo el día de ayer encerrada en mi habitación solo pensando en Vaden y los tontos sentimientos confusos que tengo hacia dos personas talvez no fue la mejor decisión.
Creí que mi mente se aclararía y la opción correcta llegaría como un golpe en el pecho, como me suele pasar para saber el siguiente movimiento de algún plan o la solución de cualquier acertijo, mayormente la respuesta aparece cuando despejaba la mente, pero no fue así, todo se transformó más complicado... recordar volvió todo mas complicado.
Algunos recuerdos nos marcan tanto que, aunque nos esforcemos por ignorarlos, estos se quedan impregnados en nuestra alma, en nuestra mente y corazón. Porque los recuerdos al fin y al cabo en algún momento fueron vivencias.
Algunas demasiado buenas y otras dolorosamente malas.
Mi cabeza daba vueltas y no tenía las fueras necesarias como para pensar en arreglarme decentemente. Estaba en camisón desde el día anterior y no tenía ánimos de hacer nada... absolutamente nada. Pero en este castillo siempre había alguien que rebosaba de alegría.
—¡Nerea puedo pasar! —Escuché la voz de la Gala que provenía de la entrada de mi alcoba.
Sin esperar una respuesta, entró a la habitación con una enorme sonrisa. Ella lucía tan pulcra con su vestido estampado de flores y peinado que resaltaba sus mechones castaños hoy con un ligero ondulado.
Yo por otra parte con la actitud que traía, la expresión de casada y mi cabello desastroso era su total opuesto. Eran las tres de la tarde, pero para mí aún seguía siendo las siete de la mañana.
—Nerea, hoy es un día maravilloso, anda cambia esa actitud ¿Todavía sigues en camisón?
Me acurruqué más entre las sábanas dándole la espalda a mi amiga.
—No estoy de ánimos Gala.
—Por favor levántate, necesito que me acompañes a ir con la modista por los últimos detalles de mi vestido.
—Gala —gruñí cansada su nombre.
—Por favor —suplicó con vos chillona.
No hubo respuesta de mi parte.
—Por favooor. —Alargó la última vocal mientras me sacudía con impaciencia.
Si, era verdad que no tenía ganas de hacer nada, tampoco de acompañarla a que se probara su vestido, pero pensándolo bien sería una buena forma para distraerme, dejaría de pensar en kraken y no me cruzaría con Cassian.
Mi error.
Cuando estábamos llegando a la entrada principal para subir al carruaje que nos llevaría al pueblo, un chico vestido todo de negro con una simple prenda blanca, su camisa que era lo único que contrastaba estaba frente a nosotras.
Cassian posó sus ojos ámbar en mí y una pequeña sonrisa se escapó de sus labios al ver que llevaba puesto el vestido azul que usé en la bienvenida de Gala.
—Gracias a las costumbres anticuadas de este reino no pueden estar solas en el pueblo sin acompañante, así que me ofrecí a ser yo el afortunado caballero que iría con ustedes —habló Cassian.
—Gracias hermanito —respondió Gala apretándole las mejillas.
Me di cuenta que siempre que Gala estaba demasiado feliz o agradecida con él, pellizcaba las mejillas de su hermano.
Cassian aparentaba estar más alegre ya que no se apartó de su hermana y permitió que ella termine de apretarle las mejillas, algo extraño.
Luego extendió la mano para ayudarla a subir y siguiente la extendió en mi dirección. Vi su palma, sus dedos con anillos y los recuerdos de ese frío metal recorriendo mi cuerpo apareció en mi mente. Sonreí intentando ser amable y rechacé su ayuda subiendo yo sola al carruaje.
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Robo a la Corona
FantasyNo todos son capaces de robar el mundo para conseguir lo que desean ¿Tú serías Capaz? En el mar de los doce reinos gema gobernaba una pirata buscada, temida, odiada o respetada. Todos temblaban con solo mencionar su barco, ver una sombra fugaz o un...
