Capitulo XXXVII

26 3 1
                                        

¿Vaden talvez tenía razón?

Esa pregunta se me cruzaba por la cabeza. Quizás Vaden tuvo razón al decir que me escondo tras mis máscaras, que las usaba de escudo, un tipo de protección que me separaba a mí del resto del mundo y eso, aunque estaba rodeada de personas, me hacía sentir sola.

—¿Capitana? —Jade interrumpió mis pensamientos tocando la puerta.

Con velocidad me coloqué la máscara que sostenía entre mis dedos. Me parecía irónico que estuviera poniéndomela cuando precisamente mi cabeza estaba batallando con ella.

—Ya puedes pasar, Jade —dije para que ella al fin abriera la puerta.

—Vaden muy amablemente nos avisó que nos buscaba. Me sorprende que esté tan feliz.

—Sí, pero faltan unos veinte minutos para la reunión, Jade.

—Es por eso que vine antes, quiero hablar contigo. Digo, con usted —se corrigió rápido.

Jade aún tenía los brazos detrás de la espalda en una posición firme, no bajaba la guardia y siempre se dirigía a mí como a un general, siempre. Asentí despacio para luego invitarla a sentarse frente a mi escritorio. Apoyé los codos en la mesa y la miré fijamente.

—¿De qué quieres hablar, Jade? Y por favor, somos amigas, háblame como siempre.

—Es sobre el tiempo que estuvo lejos, capitana. Fueron meses que no supimos nada sobre su paradero. Sé que trabaja y trabajamos de esta forma, pero yo y la tripulación nos preocupa que haya demorado más de lo habitual en regresar.

Entendía la preocupación. Semanas de incertidumbre sin saber alguna pista de mí, sin saber ninguna pista de su líder, eso asustaría a cualquiera y eso enojaría a cualquiera.

—No tenía intenciones de abandonarlos, si a eso te refieres, Jade.

—Por supuesto que no, no dudamos jamás ni un segundo de ti, ni uno solo.

—Sigue, Jade. ¿Entonces cuál es tu duda?

—Cuando regresaste al barco no fuiste la misma, algo cambió. Algo en ti me dio a entender que algo pasó en aquel lugar en donde haya estado. ¿No se estará arrepintiendo del robo, no es así?

—No puedo arrepentirme, ya está todo listo, Jade. Solo falta la última fase y todo habrá valido la pena. No me arrepentí, este plan se llevará a cabo. Confía en mí, todo saldrá bien.

—¿Y tú confías en nosotros?

¿Por qué a mi tripulación justo en estos momentos se les ocurría preguntarme ese tipo de cosas?

—Confío en el plan, Jade, tú también deberías —respondí con un tono de voz firme y algo amenazador.

—Confío en mi capitana más que en nadie, confío en la persona que me dio un lugar a donde pertenecer, en donde sentirme por fin libre, confío en la persona que dio un uso a todos mis conocimientos y habilidades. Pero no confío en la persona que está debajo de la máscara, esa persona no es la capitana del Red Storm, no conozco a esa persona y talvez nos apuñale a todos mientras dormimos si es necesario.

—Suficiente, Jade. Sabes que yo jamás haría eso, jamás, y no me permitiré que dudes de mí, ni que me acuses de traicionar mis propias reglas: "No apuñalamos por la espalda porque no somos cobardes" —exclamé con severidad la cuarta regla—. Recuérdalo siempre y si tienes tantas inseguridades puedes irte. ¿Quieres irte, Jade? Sabes que eres libre de hacerlo.

La frustración en sus ojos fue bajando, el enojo ya no se sentía palpable en el aire, y la angustia fue remplazada por preocupación.

—Nunca abandonaría a mi familia, nunca abandonaría mi hogar y el Red Storm es mi hogar. No me iré. Pero quiero que me escuches, no diré esto como miembro de tu tripulación, lo diré como tu amiga. Recibe nuestra ayuda plena y confía en nosotros y dinos qué pasa, dinos lo que está pasando.

Robo a la CoronaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora