No puedo negarlo.
Estoy temblando.
Voy a volver a ver a Terry concienzudamente, sin echarme para atrás, sin mis amigas haciéndome de pala o de manos que empujen mi espalda para que me atreva a dar el paso, o pasos. Lo veré porque quiero, porque le dije que lo haría y no quiero ni voy a dejar pasarlo en mi vida como si no fuese importante; Terry es importante.
O Terious.
Al principio, cuando él y yo nos presentamos, creí que su nombre derivaba de Terrence, pero ahora que lo analizaba detenidamente Terious es un nombre que imprime autoridad y si ese es su afán, lo consigue. No me permití detallar la situación frente al baño y ahora que ella está en mi mente... Terry da algo de respeto molesto. Normal. Con todas esas mentiras es normal que esté molesto conmigo, e incluso el que tenga la oportunidad de hablarle no sé bien en qué lo convierte. Tal vez alguien comprensivo, demasiado diría.
En el mundo en el que he crecido, el corporativo y el de ballet, la comprensión tiene patas tan cortas como las mentiras. Ellas te dan cierta libertad pero a su vez te comprimen hasta el día que las confieses. Al menos son así para mí.
Había llegado la hora.
No era una eminencia para ubicarme y según el GPS estaba a las afueras de un conjunto residencial, casualmente bastante cerca del que vive Alica, así que se me permite dudar. Sabía que no era un hotel la dirección que me dio Georgia pero no esperé estar en medio de un parque, pequeño parque para infantes con algunos dándose la buena vida en los juegos, adultos sentados en bancos, apreciando la agradable noche bien iluminada por la luna en su cuarto creciente y los faroles bien ubicados alumbrando el parque.
Puedo ver porque alguien querría vivir aquí, pero el que lo esté Terry...
No divago más y voy a buscarlo. Para llegar a tenerlo frente a mí tengo que anunciarme en el edificio, esperar que me confirmen que desea verme, usar el ascensor y dar un caminata larga hasta dar con la puerta. No tuve tiempo de cambiarme. De la misma forma en que nos vimos tendríamos esta cita, pero él sí tuvo tiempo y lo aprovechó.
Va en unos pantalones ajustados de una tela similar a la pana, verde musgo, con unos apreciables zapatos clásicos tipo suecos marrones con una agradable hebilla adornando. Una camisa blanca bajo un suéter tipo porlover color borgoña. Y el cabello, su melena negra y corta, como si le hubiese aplicado algún producto que le hace lucir húmedo sin estarlo.
No puedo evitarlo. Es esa consciencia de que no estamos en las Bahamas, bajo mi silencio. No estamos celebrando su cumpleaños y dejando que me marche.
Estamos juntos, por voluntad de ambos aunque las tornas se giraron a nuestro favor cuando no nos dimos cuenta. Pudimos decir no. Pudimos ahorrarnos esta salida. Y ha de ser que estoy reflejando mucho de lo que pienso y siento, porque Terry me ofrece una bebida. Pero declino. No hay que tener excusas.
-Estoy sudando, pero iremos a comer.
Él arquea sus cejas y me hace preceder la marcha. No puedo impedirme verlo de reojo y creer que solo falta que me pellizquen y así él desaparecerá.
No entiendo porque debería sentir pánico de que lo haga.
***
Decido llevarnos a un lindo restaurante al que suelo ir con mi abuela, solo con ella. Es un secreto del que me enorgullezco tener para mí, para nosotras en los momentos especiales. No pude traerla en su cumpleaños. Me acusa de poner a los demás antes que a mí pero mi abue suele ser igual en ese aspecto, ten abnegada en darlo todo. Sin embargo no tuvimos que decirlo en voz alta para que la otra entendiera que este sería un secreto bien guardado.
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El Encanto de saber Volar
RomantikChristina Blackmore. ¿Quién es ella? Pudo decidir ir al espacio, construir casas o escribir un libro. Para ella los límites no existían respecto a sus capacidades e hizo bien en usarlas a su antojo hasta volverse quien es hoy: una buena hija y leal...
